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La Leona: balance de una gran novela

Con el final de la tira de Nancy Dupláa, la tele despide a una de sus ficciones más interesantes

Viernes 15 de julio de 2016 • 11:24
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PARA LA NACION
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Una mujer libre

Sobre el final del anteúltimo episodio de La leona y poco antes de derribar a su secuestrador con un golpe en la cabeza, María Leone le decía a Gabriel Miller: "¡Nunca voy a ser tuya, jamás, porque yo elijo con quién dormir, yo elijo con quién estar, yo elijo a quién amar... y yo a vos no te amo!". Esa sola frase bien puede resumir su espíritu, uno de los personajes femeninos más fuertes que diera la historia de las novelas en la Argentina. La heroína encarnada por Nancy Dupláa iba por la vida sin pedir permiso ni necesitar presencia masculina que la sostuviera. Con el objetivo de escapar del agotador casillero de la mujer que debe ser protegida, la intención con La leona fue claramente buscar una protagonista autosuficiente, una mujer que deba rescatarse a sí misma de los peligros que la acosaran. Y María Leone fue el mejor símbolo de todo lo que La leona como novela pretendía desestabilizar, alterando el canon tradicional y buscando una galería de personajes femeninos fuertes y totalmente tridimensionales porque ella era apenas la punta de lanza de un universo que en muchos sentidos, entendía a las mujeres como las principales protagonistas.

El romance como satélite

Puede ser que La leona llegara antes de tiempo o que su mundo fuera un poco arriesgado para una tele que a veces apuesta por fórmulas más obvias, o peor aún, más conservadoras. Cuando el rating comenzó a caer, muchos señalaban que el principal error de la novela era no hacer foco en la relación amorosa entre los personajes de Dupláa y Pablo Echarri porque había un público que quería verlos entregados a una historia de besos eternos. Claro, el propio subtitulo de La leona anunciaba esta idea de "pasión, amor y lucha", pero esos tres ingredientes tenían que ver con las pasiones y luchas personales de su protagonista. La historia de amor en un segundo plano fue una decisión interesante para una serie que ponía el eje en dos personajes bien distintos, que debían recorrer primero un camino personal antes de involucrarse afectivamente. Esos arrebatos de amor en los que Uribe y Leone parecían arrastrarse una y otra vez eran accidentes que no hacían al corazón de la historia porque el núcleo estaba puesto en la venganza, en el caso de Uribe, y en la lucha laboral, en el caso de María. Y por ese motivo puede ser que La leona haya resultado algo audaz en su propuesta, porque se trató de una serie centrada en dos protagonistas destinados a desencontrarse una y otra vez procurando buscarle así una vuelta de tuerca a la masticada historia del amor como único gancho.

La forma es el mensaje

Otro aspecto imposible de eludir a la hora de nombrar las muchas virtudes de La leona fue su puesta en escena y esa idea de jugar con la manera de presentar las acciones. Desde el trabajo de dirección hubo varios momentos interesantes en los que se jugó con mostrar las escenas según la perspectiva de sus protagonistas, invitando a los televidentes a sentir la locura que atravesaba Diana Liberman (Esther Goris) o los estadíos de Brian Miller (Peter Lanzani) cuando se perdía en sus adicciones. Cada personaje o cada escena que marcaba un quiebre era mostrado jugando con la música, con las cámaras y hasta con la percepción del propio personaje.

"El único héroe válido es el héroe en grupo"

Al referirse a El Eternauta, Hector Germán Oesterheld hablaba sobre la importancia del héroe colectivo y ese concepto central de abandonar la idea de los héroes que pueden individualmente superar todos los retos y La leona tiene mucho de esto. A lo largo de sus episodios, la novela recorrió una historia que navegó con equilibrio entre varios tópicos poco habituales para una tira de estas características, siendo la textil Liberman, el marco en el que se desarrollaron estos personajes. Con un fuerte discurso anclado en la importancia del trabajo como sustento emocional, económico y social, La leona se atrevió a contar una historia que atravesaba a un grupo de personajes muy disímiles. Y todos los empleados de la textil reforzaban esa idea de "héroe colectivo" a la que Oesterheld hacía referencia. María Leone, fuerte y autosuficiente, podía luchar contra las adversidades, pero siempre necesitaba la contención de su universo de máquinas de tejer y compañeros de trabajo. Ella fue un personaje combativo, pero su lucha y su pasión estaban motorizados por el apetito de ser fiel a sus socios y socias. Como se mencionó antes: en La leona el amor de la pareja no era el centro porque María antes que a sus hormonas, se debía a su gente. Y en esa lucha colectiva, su protagonismo se camuflaba para llevar adelante la pelea por recuperar una fábrica a la que querían vaciar porque el trabajar y dar trabajo, a fin de cuentas, siempre fue su verdadero amor.

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