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Marcelo Luján: "El policial clásico está muerto. Hoy es el mal lo que atrae al lector"

El escritor argentino radicado en Madrid se alzó ayer con el prestigioso premio Hammett en Gijón, suerte de Nobel para el género en español; Subsuelo se publicará aquí en septiembre

Sábado 16 de julio de 2016
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PARA LA NACION
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Foto: EFE

GIJÓN.- Es más fanático de San Lorenzo de Almagro que Fabián Casas. De hecho lleva el escudo del Ciclón tatuado en el hombro. Se muestra como es: un muchacho de barrio. Y es más argentino que el dulce de leche. Habla sin vueltas, no ha perdido ni una pizca del acento y los giros porteños, a pesar de que vive en Madrid desde 2001, antes del "corralito". Sin embargo, el lector que haya leído la última novela de Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973) y no cuente con estos datos extraliterarios difícilmente podrá acertar la nacionalidad del autor. O quizá pueda acaso intuirla, por la verosimilitud del discurrir de la conciencia de cierto personaje: Mabel, la madre de dos adolescentes madrileños, exiliada de los años de plomo, porque claro, piensa en argentino.

Se trata de Subsuelo (Salto de Página), la obra ganadora por unanimidad del jurado del prestigioso Premio Dashiel Hammett 2016 (mejor novela policial publicada en 2015) de la Semana Negra de Gijón. Algo así como el Nobel de la novela negra en castellano. Y ese muchacho de barrio, a los 43 años, humilde y de bajo perfil, ya no puede disimular la euforia. "Se me cumplió el sueño del pibe -dice Luján- que era ganar algún día el Hammett". Aunque ya debería estar acostumbrado a los premios. Ésta es su tercera novela, con la que también se llevó el Novelpol y el premio del festival Tenerife Noir. Con la primera, La mala espera, traducida al italiano, francés, checo y sigue sumando, obtuvo el Ciudad de Getafe de Novela Negra 2009. Y cada uno de sus tres libros de cuentos -Flores para Irene, En algún cielo, El desvío- fue reconocido en su momento, pero para qué seguir enumerando. "Los premios me sirvieron para ir sacando de poco la cabeza del agua", reconoce ahora.

Lo cierto es que de novela negra Subsuelo tiene poco y nada. "A mí me interesa el mal y la negrura, no la investigación policial ni el enigma, aunque la respeto"-define Luján-. Tenemos que ser conscientes de que el policial clásico está muerto, hoy lo que atrae al lector es el mal", completa.

Claustrofóbica e hipnótica, esta historia tiene maldad a rebalsar, pero es tan cercana y prosaica -como si de simples hormigas que devoran el jardín de una quinta en la serranía de Madrid se tratara-, que hace temblar. Dos familias de clase media de veraneo y tres adolescentes una noche al borde de la pileta, enganchados a los celulares. Un fatal accidente de tránsito cuando van a buscar hielo y lo que sigue a partir de ahí es el negro y arrasador trabajo de las hormigas bajo la superficie. "Acá lo que quería era explorar la maldad del ser humano en la primera institución, la familia, e inoculé una gota de veneno ahí", dice Luján, pero miente: no es una gota, son hectolitros-. "Y ver también hasta qué punto nos conocemos hoy los padres a nuestros hijos sumergidos en las tecnologías", añade el papá de un chico de 19 y una de 14.

Lo que sorprende en Subsuelo no es sólo el neutro narrador omnisciente, incluso anticipatorio, que orquesta una estructura endiablada de superposiciones temporales, sino también la fidelidad al registro ibérico del habla de los personajes. Cosa que habla muy bien del trabajo y fino oído del muchacho del tatuaje del Ciclón, convencido de que lo suyo es el naturalismo. "Ahora para mí sería dificilísimo escribir una novela sobre pibes de Mataderos, porque hay palabritas y expresiones como rescatate que se me escapan. Y la verosimilitud trabaja de manera muy sutil y por acumulación", explica Luján, consciente de que el tema "desde qué lugar escribimos los argentinos de fuera" da para largo. "Porque la otra opción es un lenguaje congelado del pasado como hizo Cortázar con Los premios", añade, o incluso él también con su segunda novela, Moravia.

Como sea, Luján aspira ahora a tener más lectores en sus pagos, "porque no es un problema de léxico, es mercantil. Nosotros leíamos a Gabo sin saber lo que era una guayaba". Problema que resolverá en septiembre con la publicación de Subsuelo en Argentina por Editorial Revólver.

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