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A la conquista: el país explora nuevos mercados para exportar

La recesión de Brasil complicó las ventas, sobre todo en la industria automotriz que ya planea su llegada a otros destinos; los alimentos elaborados y los servicios son dos sectores con alta competitividad que miran al mundo

Domingo 17 de julio de 2016
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Foto: LA NACION / Vicente Marti

Entre los 25 principales países a los que la Argentina exporta sus productos hay sólo cuatro de los diez más grandes importadores mundiales. La mitad de los 30 principales compradores globales no figura entre esos 25 mayores clientes de nuestro país. Ni tampoco la mitad de los diez líderes de la importación internacional está en ese grupo de mercados.

En este juego de números, Marcelo Elizondo, especialista en comercio exterior y director de la consultora DNI, grafica el "encierro" de las exportaciones del país. La causa es que sólo se establecen relaciones comerciales con mercados que no crecen y no se aprovechan oportunidades en los que se expanden. "La Argentina padece una deficiencia estructural en materia de inserción comercial externa", afirma.

Las limitaciones, a su vez, se reflejan en un número escueto de acuerdos comerciales: mientras que Chile ingresa con arancel cero en 62 países, y México en unos 50, la Argentina sólo accede a 11 mercados sin barreras arancelarias.

A este escenario deficiente se suma la situación de Brasil, receptor de alrededor del 20% de las exportaciones argentinas cuando fluyen los buenos tiempos. Pero el país vecino atraviesa una recesión. Su economía se contrajo 3,8% en 2015 y se proyectan números rojos para este año, lo que da cuenta de los problemas de la dependencia del principal socio del Mercosur. La sufre, como ninguna, la industria automotriz, que le vende el 80% de su producción, y que a causa de esta caída vio esfumarse la colocación de unas 120.000 unidades este año. La cifra está apenas por debajo del tamaño del mercado marroquí, uno de los africanos donde la Argentina intentará colocar parte de lo que en otro momento sólo cruzaba las fronteras del Nordeste.

La combinación de estas realidades, junto con la baja del PBI de la región -donde el país vende un tercio de sus exportaciones-, impulsa a la Argentina a la apertura de nuevos mercados. La particularidad es que este proceso tiene lugar en simultáneo con la recomposición de las relaciones del país con el mundo, "del que muchos años se mantuvo aislada, con el foco en el mercado interno y el desarrollo del consumo", dice Juan Pablo Tripodi, vicepresidente de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional.

"Afectadas por factores externos, como la caída de precios internacionales y la situación de Brasil, pero también por problemas internos, como la pérdida de competitividad por la suba de costos y el cepo cambiario, las exportaciones de bienes argentinos tuvieron un pico de US$ 84.000 millones en 2011 (sin incluir servicios) y luego empezaron a caer, hasta los US$ 56.000 millones en 2015", detalla Trípodi. Si bien es cierto que el comercio mundial medido en dólares disminuyó en 2015, acota Elizondo, continuó creciendo en volúmenes, algo que no pasó en la Argentina, que ha perdido participación relativa en el comercio global. No fueron suficientes las contribuciones de Venezuela y Angola, íconos del kirchnerismo: en el primer caso se trató de un intercambio de afinidad política que no duró (y que hoy repercute gravemente en el comercio de leche en polvo y maquinaria agrícola), y en el segundo, de una excursión que sólo generó algunos acuerdos aislados.

Desde otro punto de vista, en 2015 sólo exportaron 9600 pymes, cifra que representa el 1,5% del total de las empresas locales, según datos oficiales.

Trazado el panorama, el interrogante es ¿cuánto hay de deseo y cuánto de realidad en las posibilidades de la Argentina en cuanto a sus objetivos de recuperar mercados y de lanzarse a la conquista de otros a los que aún no ha llegado? ¿Dónde están las oportunidades y para qué tipo de productos?

En busca de la integración, el Gobierno destrabó el ingreso de limones a los Estados Unidos tras 16 años. Además dio un giro al integrarse como observador a la Alianza del Pacífico, y relanzó las relaciones con Japón en pos de incrementar el comercio. Hacia allí viajó la canciller Susana Malcorra, que también visitó Rusia, donde hay interés por carnes y lácteos locales. Mientras tanto, el Mercosur y la Unión Europea vuelven a evaluar un acuerdo de libre comercio, con el apoyo de Angela Merkel.

En lo local la competitividad sigue complicada por la inflación, los problemas de infraestructura y el escaso financiamiento. "Las negociaciones internacionales y las políticas de promoción comercial son esenciales para ampliar y diversificar la producción, pero no pueden ir más rápido que la política y la inversión productiva", advierte Ricardo Rozemberg, investigador del Centro iDeAS de la Universidad de San Martín.

Pese a que lo interno no está resuelto, indica Fernando Vilella, director del Programa de Agroalimentos de la UBA, existen nuevos incentivos: la quita de retenciones al campo, excepto la soja; la normalización cambiaria (los exportadores dejan de cobrar a un dólar ficticio), y el fin de los ROE para granos, lácteos y carnes.

Mauricio Claverí, analista de comercio exterior de Abeceb.com, analiza las oportunidades: "Las más importantes son para los productos primarios y agroindustriales, que tienen ventajas competitivas más allá de las desventajas". La condición, agrega, es que se desarrollen mercados de nicho y de marca, con productos de calidad y escala para abastecer demandas importantes. Aunque el grueso de la ganancia viene de cereales y oleaginosas, hay posibilidades para las frutas y verduras, las industrias olivícola y del vino, además de otros alimentos de góndola derivados del agro. "Hay oportunidades en África, que siempre tuvo déficit, y en el sudeste asiático, incluyendo a China, donde crece la renta per cápita, y el consumo de procesados. El este europeo, con Rusia, es otro de los polos", repasa.

No faltan destinos. Vilella dice que "la limitación para exportar es propia, no porque no haya mercados".

En los últimos años hubo algunos avances sobre la India y Vietnam, antes no relevantes. Y queda mucho por andar, dice Raúl Pastorini, director de la consultora Namastrade, que en septiembre llevará una misión de empresarios pyme hacia aquel país de 1300 millones de habitantes. "Cada tres años nacen 40 millones de personas y hay que darles de comer", dice Pastorini, que destaca la oportunidad para las pymes alimentarias.

Vilella señala como cliente potencial al mundo árabe. "Son 350 millones, y cada uno importa tres veces lo que un chino per cápita", compara. Arabia Saudita es el principal comprador global de pollo y cebada.

Juan José Blanchard, de la firma Louis Dreyfus, pone la expectativa para los alimentos en la región de Medio Oriente y el norte de África, que hacia 2030 tendrá un salto de 67% en la demanda de oleaginosas: llegará a 75 millones de toneladas.

En Asia, Japón (que envió una delegación de empresarios al país) es el principal comprador de carne de cerdo, y Chile es uno de sus proveedores. Bien podría serlo la Argentina, dice Vilella, que augura un repunte para la carne vacuna, en cuyo comercio el país fue relegado al puesto 12 y deberá recuperar posiciones. Pero antes debe restituir el rodeo, alerta.

En cuanto a los productos industriales de mayor valor agregado, Claverí no ve grandes promesas. "Éstos no van más allá de la región, o quizá puedan llegar a países africanos con demanda rezagada y tasas de crecimiento altas, aunque es difícil porque en el mundo hay exceso de oferta, lo que marca que hay más competencia." Un caso excepcional es el de BGH, que incursionó con una fábrica de computadoras en Ruanda.

Pablo Dragún, economista de la Unión Industrial Argentina (UIA), coincide en las dificultades para el sector acentuadas desde que "Brasil pasó de ser la locomotora de la región a ser una mochila de plomo". A eso agrega el peso de los costos locales, "el salarial es el doble de Brasil, y el de la logística duplica al de EE.UU.", contrasta. Aun así, Dragún cree que hay que salir a cazar clientes, como se hizo con el plan vitivinícola en 2000. "Maquinaria agrícola [cuya exportación cayó 39,3% este año] o alimentos elaborados tienen oportunidades, si se escala en la cadena de valor, para fortalecer destinos como China y la India y la región", identifica Dragún, adverso a pactar con la Unión Europea.

En el caso del vino, los productos del Grupo Peñaflor llegan a 90 países por US$ 180 millones y vislumbran grandes horizontes, ya que el país absorbe sólo 3% del mercado mundial. Ahora que ya conquistaron incluso a los países escandinavos apuestan a emergentes de bajo consumo individual como China, la India y México, y a algunos países africanos, describe Pablo Ghiorzi, director de Negocios Internacionales del grupo.

La advertencia para los que miren a África, dice Emma Fontanet, profesora de la Fundación ICBC, es que economías basadas en el petróleo -como Angola, Nigeria o Congo- tienen problemas con las divisas. Otro tema es el de los plazos: "La apertura de mercados no se da de un día para el otro; puede llevar años, porque a veces depende de trabas políticas".

Quizás el sector más obligado a salir a la caza de mercados sea el automotor. "Aunque sabemos que no podremos compensar a Brasil (un mercado donde se venden 3,6 millones de unidades al año) buscamos alternativas. Colombia es interesante, pero necesitamos una preferencia arancelaria, que elimine el 16,1% actual", detallaron a la nacion en la Asociación de Fabricantes de Automotores. En ese mercado se espera ingresar pronto, al igual que en Paraguay, mientras se buscará avanzar en Ecuador, Perú y Bolivia. También se potenciará México, donde ya hay envíos, y Chile, más difícil por su apertura.

La apuesta más osada será al otro lado del Atlántico, en África: Argelia, Túnez, Angola, Marruecos y Sudáfrica son posibles destinos para desembarcar en una segunda etapa, al igual que Israel y Egipto, dicen en Adefa. La idea es modificar la ecuación de 80/20 de los envíos a Brasil y el resto del mundo a un 50/50, incluyendo el envío de vehículos comerciales ( como las Sprinter) a EE.UU. y Canadá.

En la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes hay similar expectativa de incrementar las ventas afuera. "La ley de fomento al autopartismo (sancionada el miércoles) es una oportunidad porque involucra proyectos de exportación", indica el titular de la entidad, Raúl Amil, quien ve positiva la consolidación del país como productor de pickups y la consecuente especialización.

Los servicios (incluyendo al turismo), generan divisas por US$ 10.000 millones. En la ciudad de Buenos Aires representan el 90% de los ingresos, precisa Agustín Kelly, director de Comercio Exterior porteño, que subraya entre otras posibilidades la de ingresar en Perú, consumidor de servicios tecnológicos de Chile y Colombia. La esperanza es que el talento local se convierta en el nuevo Malbec.ß

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