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Juan Martín Del Potro: "Emocionalmente vivo cada partido como si fuera el último"

El tandilense aún juega condicionado por la lesión en la muñeca izquierda, pero se entusiasma con volver a pegar fuerte en 2017

Martes 19 de julio de 2016
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LA NACION
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Foto: Télam

PESARO, Italia.- Alessio tiene 10 años. Lleva una gorra con las iniciales de Roger Federer y una camiseta de Real Madrid. Vive en Fano, una ciudad costera ubicada a poco más de diez kilómetros del Circolo Tennis Baratoff, donde la Argentina logró la clasificación para las semifinales de la Copa Davis luego de derrotar 3-1 a Italia. Es italiano, practica fútbol y tenis, y admira a Fabio Fognini; aunque, en voz baja para que sus amiguitos no lo escuchen, confiesa que le gusta más cómo juega Juan Martín del Potro. Alessio no tiene prisa; aguardará todo el tiempo que sea necesario, apoyado sobre una valla, hasta que aparezca el tandilense.

Son las últimas horas del equipo nacional en esta ciudad bañada por el mar Adriático y protegida por las colinas, y el niño no quiere perder la oportunidad de tomarse una foto con Del Potro. La tarde se va tiñendo de rojizo; todavía se oyen algunos aplausos y bromas de los jugadores argentinos. Alessio, apenado, está por darse por vencido, hasta que el tenista de casi dos metros sale del vestuario; el niño enciende la mirada y lo aborda, hasta conseguir lo añorado. La situación vale como ejemplo del magnetismo que todavía ostenta el ex número 4, con 27 años,pese a haber estado alejado del circuito durante tanto tiempo.

Alessio, ya con su fotografía con Del Potro en el menú del teléfono celular, se marcha, sonriente. Los operarios del club van desajustando la red del court central. El tenista que regresó a la Copa Davis luego de casi cuatro años se aleja del bullicio, elige un rincón del club Baratoff para charlar con la nacion, se acomoda el reloj que le brilla en la muñeca derecha y confiesa, radiante: "Estoy muy, muy contento. Vivimos una linda semana. Disfrutamos desde el día que llegamos: los entrenamientos, las cenas, las actividades, los momentos libres, los masajes, las elongaciones. Para mí, es parte de un proceso que me lleva a jugar al tenis de nuevo. Ésta competencia es importante para nosotros. Por eso vinimos con tiempo, nos preparamos bien, todos queríamos ganar y ahora ya podemos disfrutar mucho más porque se cumplió con el objetivo".

-Volviste a la Davis luego de mucho tiempo y diversas situaciones en el medio. ¿Cómo fue la noche previa al partido de dobles junto con Guido Pella? Por los nervios, ¿fue comparable con la vuelta al tour en Delray Beach, en febrero?

-Mirá, para mí cada momento es fuerte. Emocionalmente vivo cada partido como si fuese el último de mi carrera. Hago mucho desgaste físico y mental. Me cuesta demasiado la adaptación a cualquier tipo de juego y superficie. Y la verdad es que el primer día nos fuimos a descansar 1-0 arriba, pensando que podía entrar Pico (Mónaco), poner el 2-0 y definir después nosotros con Guido; eso no pasó y jugó en la cabeza. Pero en las horas previas y dentro de la cancha me sentí bárbaro, es la verdad.

-¿Conservaste algo del torneo de Delray Beach, el primero que jugaste luego de tanto padecimiento?

-Sí, tengo un cuadro con mi foto que me regalaron. Además, me acuerdo el tema que elegí para entrar en la cancha el primer día, 'Antes y Después' de Ciro y los Persas. Lo siento como si hubiese pasado ayer: la gente me ayudó mucho. Lo que más me sorprende y me gusta de mi vuelta al circuito es que a cada lugar donde voy me tratan de manera especial, con amor, disfrutan de verme jugar, sin importar si gano o si pierdo. De a ratos hasta yo me acuerdo del nivel que tenía, como pasó con Wawrinka en la cancha central de Wimbledon [el tandilense venció al suizo y número 5 del mundo, en la 2ª rueda] y esas cosas realmente son únicas y las extrañaba un montón.

-¿Cómo estás verdaderamente de la mano? ¿Ya te olvidaste de los dolores al momento de pegar el revés?

-No, la verdad que no me olvidé. Es muy difícil olvidarme del problema en mi mano. Cuando viene la pelota para ese lado es difícil no pensar en un montón de cosas, en cómo hacer la técnica, en pegarle fuerte o despacio, si hacerlo con slice. Todavía no lo tengo naturalizado el golpe, producto de muchas cosas que siento cada vez que uso mi mano izquierda. Lo que siento también es una mejoría y es notable el avance a medida que juego torneos. Cada vez le pego más fuerte, el slice lo voy dejando de usar, planifiqué ir a jugar varios torneos en césped por mi situación. Mi gran objetivo y desafío es terminar la temporada sano y recuperando, al menos técnicamente, mi revés. Esa es la meta que tengo, no sentir dolor sobre el final del año y hacer una pretemporada casi que aprendiendo a pegar el revés de nuevo fuerte a partir del año que viene.

-Sos muy mesurado con tu futuro, ¿pero cuando apoyás la cabeza sobre la almohada no soñás con grandes actuaciones, con llegar a la final del US Open de nuevo?

-Y., en la cabeza me pasan muchas cosas. Mi realidad es que yo me tengo que ver y comparar con el Del Potro de hace dos años, no con el que fui hace tiempo atrás. Y si veo cómo estaba hace un tiempo y como estoy ahora, es un gran cambio y cualquiera estaría feliz de estar en mi lugar. Hasta a mí me sorprende lo rápido que voy avanzando. Empecé ganándole a un ciento y pico, después a un 80, a un 30, a un 20 y a un top five, pero mi mayor desafío y lo que más alegre me pondrá es si recupero mi muñeca al cien por ciento, y pueda pegarle sin pensar, haciendo bien la técnica y tirar la pelota adonde yo quiero que vaya.

-Honestamente, ¿nunca pensaste en cambiar la técnica a una mano, verdad?

-No, es que técnicamente ya es imposible a esta altura. Si uno se pone a ver a los jugadores del circuito, el golpe con dos manos se puede armar de distintas maneras, puede ser más lindo o más feo, pero a la hora del impacto las manos van siempre de una misma manera: de arriba hacia abajo y ese movimiento hay que hacerlo sí o sí. Eso es lo que yo estoy tratando de conseguir. El día que lo haga podré generar potencia y velocidad, y no sólo meterla en la cancha.

-En tu calendario hay tres desafíos muy valiosos y emotivos por delante: los Juegos Olímpicos, el US Open y las semifinales de la Copa Davis ante Gran Bretaña.

-Sí, la verdad que son competencias importantes, torneos en los que me encantará estar, que extrañé mucho, pero tengo que ir paso a paso. Está a la vista el calendario que voy armando: me puedo dar ciertos lujos de bajarme de algún torneo porque desgastaría más mi físico. Por ejemplo, ahora me borré de Washington porque tendría que estar viajando ya para llegar y jugar, en un torneo difícil y ni estando al cincuenta por ciento. Mi prioridad sigue siendo estar sano a fin de año. Volver al US Open, aunque no esté en condiciones, será algo especial, pero también tengo un tiempo para seguir descansando, prepararme para Río, que es un premio que me doy a mí mismo después de tanto esfuerzo por haber logrado volver. Protegí mi ranking para usarlo ahí. Después, bueno, llegará otra serie de Copa Davis, con Gran Bretaña, de visitante, que seguramente no será fácil, pero hay que ser inteligentes.

-¿Le tenés miedo al virus del Zika, por el que varios deportistas se ausentarán de Río 2016?

-No, no. Confío en que nos van a cuidar, en que va a estar todo bien preparado para que los atletas estén seguros y sin miedo al Zika, a la seguridad ni a nada. Va a ser un evento que todo el mundo lo va a estar viendo, del que todos estarán pendientes de lo que pase y seguramente lo organizarán como se merece.

-En Wimbledon fue tu regreso a un Grand Slam desde Australia 2014. ¿Con qué te reencontraste?

-A Roger (Federer), Novak (Djokovic) ya los había visto en Indian Wells y en Miami. Pero volver a Wimbledon, donde había hecho semifinales en el 2013 y ganado la medalla de bronce en los Juegos, fue especial, porque te tratan distinto. En Wimbledon me respetaron el mismo locker que tuve siempre, en el vestuario para los 32 primeros del mundo, porque también hay otro para el resto. Mi lugar está entre el locker de Tsonga y el de Djokovic. Coincidimos todo el tiempo en el lugar, porque además este año llovió muchísimo, pasamos mucho tiempo en el vestuario.

-Ante Italia, los egos parecieron quedar de lado. ¿Qué tiene de atractiva la filosofía de Daniel Orsanic para que todos tiren hacia el mismo lado?

-Está a simple vista, no hay misterios, no hay cosas raras, estamos todos en la misma sintonía, todos peleando por lo mismo, hay muy buena onda, las cosas se simplificaron mucho. Estamos más viejos (sonríe). El capitán entiende que nosotros siempre tenemos a un equipo de trabajo con el que tratamos de prepararnos de la mejor manera y no hay puertas cerradas para ninguno. Todos quisimos llegar en buena forma a competir el viernes, el sábado y el domingo. Eso se sintió y hay libertad para trabajar. Creo que el tenis no es el fútbol: somos pocos y cuanta mejor armonía haya entre todos, después podemos ganar o perder, pero al fin y al cabo lo importante es pasarla bien y que haya buena energía en el grupo. Porque eso también es lo que vamos a dejar los jugadores cuando ya no estemos.

st/jt

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