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De la comedia al realismo mágico

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LA NACION
Viernes 22 de julio de 2016
Melingo
Melingo. Foto: Gza. N. Rubinstein
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Un hombre con gafas de pasta / Autor: Jordi Casanovas / Dirección: Silvia Gómez Giusto / Intérpretes: Ramiro Agüero, Paula Manzone, Paula Marull, Marcelo Melingo / Escenografía: Matías Sasak / Luces: Leo D´Aiuto / Vestuario: Peta Acevedo / Selección musical: Aliana Alvarez Pacheco y Silvia Gómez Giusto / Asistencia de dirección y producción artística: Aliana Alvarez Pacheco / Sala: Espacio Callejón, Humahuaca 3759 / Funciones: viernes, a las 23 / Duración: 80 minutos / Nuestra opinión: buena

La obra bien podría pensarse como dos separadas, pero en la unión está la clave. Una primera que arranca ya in medias res con los personajes sentados en un sillón jugando a las cartas y esperando que los espectadores tomen sus asientos y se dispongan a ver qué sucede en ese triángulo. Ana, interpretada brillantemente por Paula Manzone, acaba de ser abandonada por su pareja, Miguel, del que solo sabremos unas pocas cosas porque poco importa ya. Lara y Oscar Paula Marull y Ramiro Agüero, muy buenos en la comedia son la pareja de amigos que tienen a cargo distraer esa noche a Ana aunque por la actitud que toman parece todo lo contrario.

La obra española, que llega a manos de la directora Silvia Gómez Giusto a raíz del Festival Europa + América, encuentra, en esta primera parte, buen eco en el teatro porteño que hace años que está encantado con esa mesa ratona en un living de clase media y todo lo que puede suceder alrededor de ella. Es que sí, Lara y Oscar además de estar por convertirse en padres funcionan como el peor espejo de esta mujer despechada y dolida que quedó sin saber qué rumbo debe tomar su vida. Las escenas se suceden con gracia, a veces rozando lo absurdo y ridículo, pero con una frescura que hace reír a toda la platea.

Pero esa noche no es cualquier noche. Y aunque podría quedarse la historia en ese trío desopilante falta todavía un personaje más: Marcos, el hombre con gafas de pasta (Marcelo Melingo). Lara y Oscar que funcionan con una falta de sentido común que aterra no tienen mejor idea que sumar a un amigo que acaban de conocer y que respetan de un modo casi patológico. Marcos es misterioso, potente, intelectual, todo lo que ellos no son y quieren ser. A poco de llegar interpela a Ana que escribe cuentos y le dice "¿No serán de realismo mágico?" y casi desapercibida tenemos la clave para poder entender en qué deviene esta segunda parte de la obra. Este ¿hombre? tan extraño permite profundizar esta realidad y mostrar muchas más aristas que desde el llano eran totalmente invisibles. Esa justamente es la gracia de este género.

Es cierto que nuestro teatro carece de la costumbre de transitar por el realismo mágico, género que se caracteriza por incluir elementos fantásticos, y se vuelca generalmente al realismo a secas. Y, por este motivo, esta segunda parte resulta un poco dificultosa y árida para nuestro horizonte que pretende más hechos concretos que sobrenaturales. Pero el intento es bueno y sobre todo si se tiene en cuenta que en estos cruces dramatúrgicos accedemos a zonas menos transitadas.

Las cuatro actuaciones acompañan muy bien y aunque la obra se vuelva un poco larga es una buena oportunidad para indagar en este género y desapegarse por un rato de la búsqueda de lo real.

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