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Dos voces con naturalidad tanguera

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LA NACION
Domingo 24 de julio de 2016
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Una manera de disipar la inquietud (evidentemente no resuelta) de hacer nuevo tango desde la composición, puede ser interpretar el de antes y el de ahora de la manera como se vive y se habla en la actualidad. Así surgirá un modo de cantar espontáneo y, seguramente, fuera de los cánones pero no de la esencia tanguera. De las voces femeninas -por estas pampas hay tantas y algunas muy buenas- pueden surgir algunos ejemplos de cómo cantar tango espontáneamente, sin abandonar el lenguaje.

Veamos dos casos de generaciones distintas. Tango, el nuevo disco de Marián Farías Gómez; Desde mí misma, de María Elía.

El apellido de Marián es referente del folklore argentino. Y por culpa de ese clan (especialmente por Chango, el genio de la familia) Farías Gómez remite a la canción folklórica. Eso se puede convertir en una especie de prejuicio hasta que se escucha el primer track del nuevo CD de Marián. Se trata de una cantante a secas, más allá del género que interpreta; y más allá de que venga de un disco (Para ir a buscarte, de 2011) donde la mayoría de los temas son del folklore.

Marián no tiene 20 años ni es una niña que recién empieza a cantar. Cuenta con una larga experiencia desde que en 1963 comenzó con los Huanca Hua. La experiencia le juega a favor porque el tango es algo que tiene asimilado de una manera tan espontánea que lo canta como le sale. Y ese "como le sale" no tiene asidero en convenciones sino en las características de su voz; en el porteñismo de su garganta, a veces áspera, otras delicada. Con eso le alcanza y le sobra para, sobre todo, interpretar, para dar su punto de vista, de temas muy conocidos. Clásicos.

No hay novedades en el cancionero, pero aparece una intérprete curtida que se adueña de cada frase, de cada verso; sin poses, ni clises, ni codas grandilocuentes. Es simplemente la Marián de hoy cantando tangos. Los dúos que hace con el bandoneonista Nicolás Enrich, en "Garúa", y con guitarrista Luis Salinas, en "Nada", podrían ser la mejor síntesis de este disco.

Esa misma intimidad que Marián construye con la guitarra de Salinas es la que María Elía consigue sólo con su piano en el mismo tema, y en todo el resto de su disco Desde mí misma. Porque en este caso, también hay clásicos tangueros: "Golondrinas", "Tu pálida voz", "Por una cabeza", "Tú", "Naranjo en flor", "Milonga sentimental", "Flor de lino" y "Uno" entre otros que conforman una docena de títulos.

Seguramente no sería lo mismo si María estuviera acompañada por otros músicos. La clave de su manera de cantar tangos es que se acompaña con el piano. Y es justamente el acompañamiento el que termina de moldear su fraseo, de marcar el paso con el que irán pasando los temas. A pesar de que en algunos momentos recurre a ciertos yeites (no siempre necesarios), hace honor al título del disco y canta con naturalidad, desde lo que es el tango para una persona de su edad, de este siglo, con tantas otras influencias.

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