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Alfredo Piro reinventa los temas que marcaron sus años de formación

El cantante de tango y de rock presenta mañana en el CAFF su nuevo álbum, en el que vuelve sobre composiciones de bandas de los años ochenta como Sumo, Virus, Los Redondos y La Sobrecarga, entre otras

Viernes 29 de julio de 2016
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LA NACION
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Piro, ahora en las aguas del rock
Piro, ahora en las aguas del rock. Foto: LA NACION / Carlos "Aspix" Giustino

"Recuerdo los años 80 como una coyuntura vertiginosa. Sobre todo en la proyección de un pibe de catorce, quince años, como me pasó a mí. Un devenir explosivo del famoso destape posdictadura, una cultura libertaria. Todo estaba por descubrirse y todo parecía fantástico."

Alfredo Piro acaba de editar un nuevo álbum, Canciones usadas, en donde revisita un puñado de canciones que marcaron su adolescencia, vivida en los vertiginosos años 80: "Una señal en el agua" (Don Cornelio y La Zona), "A veces llamo" (Fricción), "Pronta entrega" (Virus), "Ropa sucia" (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota) y "Estallando desde el océano" (Sumo), entre otras.

Hijo de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, este cantor que supo ser referente del rejuvenecimiento del tango en los albores del nuevo milenio, viaja a su pasado para rescatar su esencia rockera en un disco despojado y sanguíneo que presentará mañana, en el CAFF, Sánchez de Bustamante 772, a partir de las 21.

"Al mismo tiempo a finales de la década recuerdo un desencanto por todo lo que hasta ayer había prometido ser mejor -continúa-. El horror de descubrir un pasado reciente, pletórico de centros clandestinos, torturas, y un presente acuciante de inestabilidad económica. La música entonces era un refugio y era un festejo cultural. Era claramente una cultura de ruptura. No me interesaba en ese entonces prestarle demasiada atención al rock del 70. El presente de esas bandas en ese entonces era un futuro hacia donde mirar. Hasta el 85 en las tapas de la revista Cantarock estaban Piero, Silvio Rodríguez, Alejandro Lerner? Hubo una sensación real de no future en ese pospunk porteño. Recuerdo quedarme totalmente subyugado la primera vez que escuché «Condenado», de La Sobrecarga, en el disco Mentirse y creerse, que comenzaba con el discurso de Alfonsín en el levantamiento carapintada de Semana Santa. Había algo de ruptura cultural y un desencanto muy glam frente a todo lo que pasaba."

-Como intérprete, ¿cuál es la diferencia que encontrás en este repertorio con uno de tango más tradicional?

-Si un pibe de 20 años hoy se pusiera a indagar sobre aquellas canciones, seguramente haría un revisionismo tan exhaustivo como nos pasó a los cantantes y músicos de "tango" que fuimos emergentes en los años 90. Diferencias hay estilísticamente, tal vez. Pero en mi caso no hay antagonismos porque nunca me planté sobre un repertorio "tradicional", categóricamente hablando. Justamente en el tango lo más tradicional lo abordé de una manera para nada convencional.

-Después de un inicio más ligado al tango, ¿por qué cambiaste el rumbo en los últimos años y te afianzaste como "cantor de rock", si es que el término existe?

-Cantor? a secas, que en tal caso es mi oficio. No fue cambiar de ropaje, más bien fue como agrandar el placard, ja ja? El rumbo es la música popular argentina. En tal caso, el punto de partida fue el rock a mis 16 años, armando pequeños proyectos, cantando en bares y espacios contraculturales como Caras más Caras, el Parakultural, la disco Halley. Creo que se trata de un recorrido, no de un cambio. Tanto el rock como el tango son dos culturas. Son prácticas vivenciales, no sólo géneros musicales. Amo el rock, consumo rock, compro discos de rock, libros, fotografías, muñecos de músicos de bandas, voy a recitales. No existen antagonismos entre uno y otro género. Ocurre que el tango tiene que ver con nuestra identidad. Hablo no sólo de mi propia identidad por raigambre familiar, sino de nuestra identidad como argentinos. El tango también a mí me permitió profesionalizarme, poder viajar por el mundo, cantar en festivales, en teatros maravillosos, en comedias musicales. Pero nunca me planté sobre una ortodoxia, ni tanguera ni mucho menos rockera. "Escucho un tango o un rock y presiento que soy yo", cantaba Charly García por el año 1982.

-¿Qué creés que cambió en los 90 para que un joven como vos, que se crió en el rock de los 80, prefiera el tango como expresión primaria?

-Varias cosas. En primer lugar el que cambió indudablemente fui yo, adentrándome en la adultez a principio de los años 90. Agreguemos que si el contexto de época cambia, uno termina cambiando mucho más también. En los 90 se aburguesó todo. La convertibilidad hizo creer a más de uno que asistíamos a un Primer Mundo que era de cartón. Los referentes en el rock dejaron de generarme curiosidad. En lugar de proponer un riesgo artístico, se discutía qué banda era más genuina, original y "nacional". Ahí se empezó a polemizar la cosa. Una gran cantidad de público creyó que podía ser parte del show asistiendo con bengalas y banderas a los conciertos y viendo a sus ídolos como iguales a ellos. Por otra parte, el tango significaba toda una cultura que no le correspondía a un pibe de 23 años. El tango te esperaba a los 40, dice la máxima popular. ¿Y por qué tengo que esperar a que el tango me tome por asalto a los 40 recién? Esa chatura musical en el rock masivo de los 90 puso en alerta mi instinto de búsqueda en otros espacios. Tomé el desafío no correspondido generacionalmente y me adentré en las aguas tangueras.

-¿Creés que la escena del nuevo tango de fines de los 90 es al tango lo que la de aquella escena de los 80 de Sumo, Redondos, Fricción, Don Cornelio es al rock?

-Efectivamente, lo contracultural, la resistencia cultural que implosionó en los 80 en el rock, en la segunda mitad de la década de los 90, se dio con el tango. Pero el contexto fue totalmente diferente y los espacios, en el caso de la generación de los 90 en el tango, fueron autogenerados por los propios artistas. Los músicos abrieron milongas, clubes, se autogestionaron sus giras. Mi generación tomó nota de aquella receta contracultural de los 80 para aplicarla varios años después. No esperar a que las cosas resulten dadas, ni por el Estado ni por un tercero. Lo que no existe, construirlo, y si no hay lugar para vos, tenés que crear entonces tu propio espacio.

-En los últimos años hubo varias agrupaciones que llevaron las letras del Indio Solari al tango. ¿Cuál es para vos el rockero más tanguero?

-Me llama la atención lo del Indio Solari, porque por ejemplo me resulta mucho más evidente y explícito el tango en Javier Martínez o en Moris y ni que hablar en Spinetta. Pero para el caso está muy bien que se dé y es muy saludable. El Indio Solari tiene una lírica muy rica, pero denotó cierta pereza en la búsqueda de algunos artistas al momento de abrevar en otras fuentes. A mí me resulta mucho más interesante cuando esos límites que vos señalás están un poco borroneados y categóricamente un artista no ancla en ningún género en particular, sino que él mismo es su propio género. Daniel Melingo tiene mucho de eso y es el que más me gusta. Nadie puede encasillarlo en una batea de rock o de tango. Incomodar, generar preguntas y sobre todo mostrar nuevos caminos. Eso es lo que hace un verdadero artista.

Alfredo Piro

Presenta el álbum Canciones usadas

Mañana, a las 21

Caff, Sánchez de Bustamante 772.

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