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El arte como sentido de la vida

Domingo 31 de julio de 2016
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La vida no tiene ningún sentido, haber nacido es absurdo y el Universo no se rige por ninguna norma moral. Pero los seres humanos somos un animal teológico y necesitamos creer en que hay un sentido, aunque sea esquivo, frágil, difícil de captar. Por eso inventamos el arte y la literatura (que tiene a la religión como una de las manifestaciones del género fantástico).

Ya en la Odisea se lee que "los dioses tejen desdichas en las vidas de los hombres para que a las futuras generaciones no les falte algo que cantar". La vida en el mundo griego era vista como un poema trágico que escriben los dioses.

El Corán no es una mera obra de Dios, como el alma humana o los planetas. No es algo externo a Él, sino uno de sus Atributos, como su Eternidad o su Omnisciencia. Está más allá de todo. El libro divino es lo que le da sentido del mundo.

Los místicos judíos dejaron asentado en el Sefer Yetsirah que el Universo fue creado por Jehová mediante la combinación de los números que van del uno al diez y las 22 letras del alfabeto hebreo. Dios es un poeta críptico que, quizá, no puede ser bien comprendido, pero sí descifrado.

En el comienzo de la Modernidad, los cristianos supusieron que Dios había escrito no uno, sino dos libros: la Biblia y el Universo. Y que para comprender al segundo era necesario inventar la ciencia, ya que Dios lo había escrito en lenguaje matemático (según dijo Galileo Galilei).

Siguiendo la idea de Galileo, hacia 1642, Thomas Browne escribió en Religio Medici: "Dos son las libros en los que suelo aprender teología: la Sagrada Escritura y aquel universal y público manuscrito que está patente a todos los ojos; quienes nunca Lo vieron a Dios en el primero, Lo descubrieron en el otro". Concluye ese párrafo con esta sentencia que anuncia, sin saberlo, al Marqués de Sade: "Todas las cosas son artificiales porque la Naturaleza es el arte de Dios".

Ciento cincuenta años más tarde, el Marqués de Sade va a escribir irónicamente, defendiendo el ateísmo, el espíritu libertario y la primacía del arte por sobre la moral: "Si Dios hizo el Universo, todo lo que es natural es artificial, porque la Naturaleza es su Arte llevada a la perfección. También todo lo que existe es bueno de por sí, ya que es creación del Señor. Si algún acto humano fuera pecaminoso, inmoral o atroz significaría que Dios no existe; lo cual es a todas luces impensable; por lo tanto, todo lo que hagamos, sea lo que fuere, será siempre bueno y agradable a los ojos del Señor".

A fines del siglo XIX, Stephan Mallarmé va a postular que el mundo está hecho para acabar en un libro: es decir, que solo la literatura y el arte le pueden dar sentido a la vida. Oscar Wilde, Paul Valery y Jorge Luis Borges serán los mejores intérpretes de esa sentencia de Mallarmé.

La vida es una pura potencia que insiste en perpetuarse; una potencia que no tiene ni moral ni sentido. Pero en el proceso de insistir en perdurar creó el lenguaje y, con él, la posibilidad de inventarle sentidos al sinsentido de existir.

Sin arte moriríamos de hastío.

El autor es crítico cultural.

@rayovirtual

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