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Trastornos en la alimentación juvenil

Martes 09 de agosto de 2016
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La ortorexia, palabra que deriva del griego y que significa literalmente "hambre por la comida correcta", se ha convertido en un típico trastorno alimentario de estos tiempos, que se presenta en jóvenes, especialmente en la adolescencia femenina.

Este comportamiento se manifiesta en los años en que la persona busca afirmar su autonomía y se lo demuestra con una conducta disconforme, a menudo caprichosa, que se revela en formas anárquicas de elegir las comidas. Suele generar conflictos en el hogar, ya que el modo de actuar en la mesa deja de ser compatible con el del resto de la familia.

El cambio se inicia como un intento de mejorar la calidad de la composición de lo que se ingiere, modo de obrar que se va convirtiendo en obsesivo en cuanto a "lo prohibido" y a lo que algunos jóvenes sostienen que "debe" comerse, según ha explicado la especialista Juana Poulisis. Por lo tanto, un rasgo que define este trastorno es la rigidez con la cual una persona aplica criterios restrictivos en la elección de los alimentos cotidianos.

No debe confundírselo con la anorexia, una perturbación también vinculada a la ingestión de alimentos que se caracteriza por la reducción de la cantidad de lo que se come y que es fomentada por ciertas publicidades y patrones culturales erróneos y muy pérjudiciales. La ortorexia pone el acento en la calidad de lo ingerido, pero cuando se torna más aguda también puede convertirse en anorexia.

Así lo aprecia la directora del Centro Especializado en Desórdenes Alimentarios, Olga Ricciardi. Normalmente, siendo la adolescencia una edad de crecimiento, las necesidades de nutrición aumentan notablemente, pero eso no lo admite quien padece el trastorno considerado, un trastorno cuyo ideal es mantener un cuidado extremo de los alimentos que se ingieren, acaso por exceso de sensibilidad a ciertas publicidades de nuestro tiempo que exaltan la delgadez extrema.

Las consultas sobre la sintomatología comentada se intensificaron en los últimos años y en pacientes cada vez más jóvenes.

Cuando la normativa que los jóvenes se imponen en su alimentación les restringe posibilidades de acción, los problemas de salud que padecen se van manifestando. Ahora bien, el enfermo no es consciente de ello. Por el contrario, suele resistirse a encarar un tratamiento. También muchos padres suelen engañarse con respecto a la interpretación de la conducta filial referida a la alimentación.

Es evidente que estos problemas se acentúan si las personas comen más veces afuera y menos en sus casas, como un signo de mayor independencia y de otra etapa de la convivencia entre padres e hijos. Es muy importante también que los jóvenes conozcan con claridad sus necesidades orgánicas de calorías, proteínas, calcio, hierro y vitaminas.

Los padres y la escuela deben unirse en esa información, lo mismo que el comentario en torno a la mesa familiar sobre el caudal de noticias al respecto que bombardea a los jóvenes, cuya inexperiencia en la materia termina perjudicándolos.

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