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Facundo Arana: "El mundo de la música me recibió sin prejuicios"

El actor acaba de sacar un disco, En el aire, del que participan como invitados Juanse, La Sole, Palito Ortega y Ricardo Tapia

Miércoles 17 de agosto de 2016 • 07:30
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PARA LA NACION
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Aunque cimentó su carrera como protagonista de exitosas novelas y tiras televisivas como Chiquititas, Muñeca Brava, Padre Coraje, Sos mi vida, Vidas Robadas y Farsantes, entre muchas otras, la música siempre formó parte del ADN de Facundo Arana . Por demás conocida es la anécdota de sus comienzos tocando el saxo en la línea D del subte, donde un productor lo descubrió para iniciar así un extenso y ascendente derrotero por la pantalla chica, amén de algunas incursiones teatrales y cinematográficas.

De todos modos, detrás del actor y del galán siempre estuvo latente el músico. Por eso no desaprovechó la oportunidad que el año pasado le otorgó la compañía Sony de grabar Salir a tocar, un álbum debut caracterizado por una docena de versiones de grandes éxitos del rock, el pop y el soul interpretados en inglés. Como una manera de demostrar que aquella primera incursión discográfica no había sido algo esporádico ni tampoco un pasatiempo, ahora Arana eleva la apuesta con el lanzamiento de En el aire, su segunda producción, en la que se despacha con temas propios en tiempo de rock, blues, country y baladas folk, acompañado por una ajustada banda y la presencia de ilustres invitados como Palito Ortega, Juanse, Soledad Pastorutti y Ricardo Tapia (La Mississippi).

Antes de presentarse en las provincias de San Juan (19 de agosto) y Mendoza (el 20), arribar el 16 de septiembre a La Trastienda Samsung y de emprender una nueva gira por Rusia (donde su figura es altamente popular gracias al éxito de la TV for export), el espigado actor y cantante recibió a LA NACIÓN con la amabilidad y la simpatía que lo caracterizan y evidenciando en sus palabras y en sus gestos que este presente musical lo tiene absolutamente feliz y muy compenetrado. La energía y la pasión que dedicó a este disco y a todos los proyectos profesionales, benéficos y de deportes extremos que encara, son las mismas que depositó en su reciente hazaña de alcanzar la cima del monte Everest con el loable objetivo de concientizar sobre la importancia de donar sangre.

-¿Pasar de un álbum debut de versiones a uno con temas propios era un escalón obligado en esta instancia de tu vida musical?

-En realidad, no. No me lo había planteado como algo obligado ni nada. De golpe apareció. Ni siquiera hubiera pensado que iba a haber otro escalón. Yo tenía ganas de salir a tocar, lo hicimos mucho con el disco anterior y la gran ventaja era que se trataba de temas mega clásicos que, vayas donde vayas, la gente los conocía. Ahora que apareció esta posibilidad de las canciones propias, la recibo con mucha alegría. Esto nunca tiene que ver con la obligación. De ser así, no me genera el mismo placer.

-¿Cómo resultó la experiencia de ponerte esta vez también en la piel de compositor?

-Me divertí muchísimo porque no lo tengo como algo que me genere otra cosa que ganas y gusto. Entonces no hay forma de que me plante en un lugar de incomodidad al momento de componer. Supongo que las canciones están hace tanto tiempo ahí que sencillamente fue ir a buscar, abrir un cajón en el alma y decir "ahí están las letras". Siempre me gustó escribir pero componer canciones fue algo nuevo, placentero y muy sencillo al lado del Chino Asencio, que también se encargó de la producción del disco. Las canciones hablan de todo y lo lindo fue que no me generaron dificultad ninguna las cosas que fuimos a buscar. Letras que, en principio, parecían sátiras después tomaron de manera natural una dirección más seria y alcanzaron un vuelo propio difícil de detener.

-En el aire destila rock, blues, country, folk. ¿Esos son los estilos que te definen como músico o todo fue apuntando hacia ese lugar a medida que surgían los temas?

Creo que sencillamente fueron apareciendo las canciones y así el disco tomó identidad. A nivel estilístico yo escucho de todo pero apareció esto, que es lo que uno mamó desde chico, y le dimos para adelante. Quedaron cuatro canciones afuera. Si me decís dónde las encuadraría te diría que tienen que ver con la música ciudadana, con algo tanguero, que es algo a lo que no podemos escapar aunque quisiéramos porque nacimos y somos de acá.

-En este álbum te diste el gusto de contar con invitados como Soledad, Palito Ortega, Juanse, y Ricardo Tapia, pero ¿cómo te recibió en líneas generales el ambiente musical considerando que venís del mundo de la televisión y a veces suelen aflorar ciertos prejuicios?

-No los sentí para nada. De hecho, yo esperaba, sin importarme, no el prejuicio por parte de los músicos, porque son generosos por naturaleza, pero me sorprendió la respuesta del mundo de la música que no está conformado solamente por músicos. Ese mundo me recibió sin prejuicio alguno porque sabían que yo venía tocando el saxo en el subte desde mis comienzos y a lo sumo me preguntaron "¿por qué tardaste tanto en grabar?". Mi oficio lo desarrollé en la televisión y el teatro pero me gusta escribir, dibujar y hacer música. Tuve la gran fortuna de no sentir en ningún momento nada de prejuicios. Al contrario, me encontré con una generosidad y una buena onda increíbles. La música para mí es vital y eso me da felicidad.

- El título del disco coincide con el de un unipersonal que estrenaste años atrás en teatro. ¿Existen puntos de contacto entre el álbum y la obra?

-Sólo el título y esta cosa de hacer exactamente lo que quiero y lo que soñé toda mi vida. Es también una forma de homenajear a Manuel González Gil que es quien le puso nombre a la obra y la pegó de una manera total. Es una forma de vivir y la que elegí yo para mi vida.

-Dos álbumes en dos años denotan que esto de la música va bien en serio. ¿El actor quedó por un tiempo a un lado?

-No. Veo qué me depara la vida y lo hago cada día. Este año hice la obra de teatro, escalé el Everest, volví, grabé el disco y ahora voy a salir a presentarlo. Y es maravilloso que eso suceda. Lo principal es mi familia pero todo lo que gira alrededor me encanta y es una muy buena conjunción. Yo no podría subir a tocar a un escenario con tal desenfado si no hubiera hecho teatro tantos años y no tuviera resuelta esa cosa de contactarme con el público. Así que todo está relacionado y no veo por qué dejar de lado una cosa u otra.

-Televisión, teatro y un presente musical. Más allá de haber participado en algunas películas, ¿el cine sigue siendo una asignatura pendiente para vos?

-No. La verdad es que no sé cuántas películas hice (se ríe). Lo que pasa es que estoy siempre dedicado a hacer otras cosas y cuando recibo un guión, lo miro y digo que no me gusta. Y quizás después la película se estrena y está buenísima, pero no la siento conmigo. Hago castings y lo voy llevando como todo. En general me gustan mucho esas películas de bajo presupuesto, donde tenés que empujar el carro en lugar de que te lleven. Y eso lo aplico para todo.

-Con el objetivo de generar conciencia sobre la donación de sangre, en 2003, 2010 y este año también hiciste cumbre en el Aconcagua y hace muy poco llegaste a la cima del monte Everest. ¿Qué significó para vos cumplir esa hazaña? ¿Tenés en mente una próxima misión de esas características?

-Un muy lindo logro en lo personal, no por haber hecho cumbre sino por haber vuelto a la montaña después de la experiencia anterior que se truncó por un edema pulmonar. No quería que mi recuerdo de la montaña sea ése, por eso regresé. Y la verdad es que fue precioso. No lo voy a olvidar nunca, además de generar conciencia sobre donar sangre que es mi bandera desde siempre y lo que le da sentido a algo. Sino está eso, no me motiva. Y en cuanto a una nueva misión, ya no busco un lugar en particular sino la historia que pueda contarle a los demás. Sacarse una foto en las Salinas Grandes o en el cerro de los Siete Colores es precioso, pero quizás hacerlo en la Universidad de la Puna, en Abra Pampa, Jujuy, sea más acertado, más rico y tenga más cosas para decir.

-Lo que sí es seguro es que en septiembre volvés con tu banda a tocar a Rusia.

Sí. Eso es un honor enorme. Allí nos conocen por el éxito de las tiras televisivas y también en todo el Este de Europa. Nos conocen pero sobre todo nos quieren mucho. Yo ahora vuelvo a Moscú no por la televisión sino por la música y a través de las redes están enterados de todo y ya muchos se descargaron el disco. El año pasado estuvimos tocando por ahí y también en Israel y la gente nos trató maravillosamente bien. Tanto es el cariño que cuando te comunicás con el público en inglés para que la mayoría entienda, muchos gritan "¡en castellano!". No sabés la cantidad de personas que aprendieron a hablar nuestro idioma a partir de las novelas. Eso hace que la conexión sea mucho más estrecha. Y con la música pasa lo mismo.

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