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Campo de pruebas

Sobre Micoficciones, de Luis Thonis

Domingo 14 de agosto de 2016
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PARA LA NACION
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Lograr una voz propia es una ambición por demás frecuente entre los escritores, y por lo general esa voz propone la materialización de un mundo, del que resulta su expresión o traducción. Aun con referencias más o menos reconocibles -de la verborragia sin red de Néstor Sánchez al sarcasmo de Fogwill y el humor sinestésico o simplemente delirante de Alberto Laiseca-, la de Luis Thonis es una voz que se torna singular a raíz de su carácter, del énfasis con que cristaliza la experiencia o el rumiar interno de sus protagonistas. Más bien se trata de un tono, una perspectiva; en primera o tercera persona, la realidad parece ser un campo de pruebas, y desde esa distancia se narra, como si sus personajes fueran conejillos de Indias al servicio de experimentaciones a menudo incomprensibles.

Pero se sabe que las virtudes y las falencias de un escritor suelen estar íntimamente relacionadas. En el caso de Thonis, las partes -sobre todo las primeras, es decir, la tanda inicial de cuentos- funcionan con mayor eficacia que el todo, en el que cada modulación se muestra casi idéntica a la anterior y las líneas argumentales podrían intercambiarse con facilidad. A partir de una excusa a veces mínima -la mayoría de las veces relacionada con la aparición o el fantasma de lo femenino-, lo que se despliega es una historia sin mapa, o sin brújula, cuya dispersión no carece de atractivo pero impone una lectura impasible, a la espera del exabrupto discursivo o la irrupción anticlimática.

En ese sentido, el concepto de "micoficción" con que el libro entero coquetea se evapora rápidamente. "Una huella de algo que no ha sido pero que tiene que ver con el deseo", se dice en el relato que da nombre al volumen. Sin embargo, para que la ficción se reproduzca como un hongo es necesario alimentarla con algo más que retórica, enfermarla para que lo que sea que esté en juego sienta al menos la tentación de desplazarse. Las breves narraciones de Thonis parecen improvisaciones libres, plataformas para que sus narradores se diviertan dándonos de comer migajas de su veneno, ajenos a las vacilaciones de la trama, de la peripecia, de la narración misma. Y ese desdén estructural se potencia cuando aquello que era su principal fortaleza trastabilla, en determinado momento, en función de la chicana política o apenas coyuntural ("Linda, simpática pero muy ingenua la rubia, al menos no es K").

Con todo, aunque las voces o -en rigor- la voz de Thonis no alcance a contener un mundo, aunque ese mundo nunca se despliegue más que en tímidos desbordes, lo fervoroso de su registro puede imantar al más reticente, y vale la pena rendirse por un rato a su pirotecnia, aunque, como sucede con los fuegos artificiales, al final quede en evidencia su condición de truco.

MICOFICCIONES

Por Luis Thonis

Editores Argentinos

167 páginas

$ 150

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