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Una prueba de autoestima frente al cirujano plástico

Una cronista se somete al escrutinio de un software que permite observar cómo le quedarían distintas transformaciones

Sábado 13 de agosto de 2016
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PARA LA NACION
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Foto: Mauro Alfieri

Todas las mujeres o casi todas alguna vez fantaseamos con operarnos. Aunque más no fuera por unos segundos, cuando en medio del ritual de maquillaje diario nos estiramos el contorno de ojos o el ceño frente al espejo, o cuando, en un probador con un vestido nuevo, pensamos cómo nos sentaría un escote diferente. Muchas estamos lejísimos de hacerlo por las más variadas razones, pero sin embargo la fantasía, cada tanto, sobrevuela.

Personalmente, no sueño con sacarme arrugas ni sumarme busto ni rellenarme los labios, pero sí pensé varias veces en operarme la nariz. Aunque para el común de la gente no es algo notorio, porque la verdad es que no tengo una nariz ganchuda o enorme ni que se destaque particularmente, a mí siempre hubo pequeños detalles que me molestaron. Formas y estructuras con las que suelo imaginarme liberada. Por eso, cuando me llegó la propuesta de probar el software del doctor Raúl Banegas y poder observar con total claridad cómo me quedaría cualquier operación en la cara, no lo dudé. Dije que sí, y empecé a soñar con verme con una nueva nariz.

Este método es uno de los únicos en el país. No porque no sea requerido -de hecho creo que sería un sueño cumplido para muchos con temor a la cirugía-, sino porque el equipo para realizarlo tiene un costo bastante alto. El sistema, llamado Vectra H1, toma tres fotografías, de frente y de los dos perfiles de la cara, y a partir de ellas construye una imagen 3D, que se visualiza en la computadora y se puede ir alterando de acuerdo con el procedimiento deseado.

Los que odian sacarse fotos carnet me van a entender: pocas veces me siento tan expuesta. Y ésta fue una de ellas. Con el pelo completamente recogido, sin maquillaje ni expresión alguna y con la vista perdida en el horizonte, el doctor me tomó tres fotos de primerísimos primeros planos. Lo que siguió me resultó un poco impresionante, porque hay una enorme diferencia entre verse en un espejo o una foto, donde uno siempre aporta una mínima pose o gesto, y verse en una gran pantalla, con la cara lisa en sus rasgos y como si se hiciera un escaneo de ella. Pero tras la sorpresa llegó la curiosidad. Porque al instante me encontré escudriñándome como si no fuera yo, descubriéndome desde una nueva perspectiva y jugando a decidir qué cosas le haría a esa paciente extraña.

Aunque no tuve tanto tiempo para pensar. Con un botón, el doctor transformó la imagen de foto en una suerte de ilustración de yeso, con el fin de "apreciar la volumetría". Es que si bien muchas mujeres acuden por arrugas o detalles superficiales, lo primero y más importante es trabajar sobre la estructura facial, que es lo que le da soporte al rostro.

En mi caso, esta forma de ver la cara "en formato yeso" me aportó la mala noticia de que tengo "despojado el marco orbitario". En palabras simples, voy a tener ojeras toda la vida, sin importar cuánto duerma. Y de operarme, probablemente debería hacerlo con Banegas, porque aquélla es una de las operaciones más difíciles, ya que requiere una sutileza impecable para que quede natural, y el doctor hasta posee su técnica propia. "Es el tope de gama de los rellenos", escuché con pesar.

A continuación, volvimos a la foto normal. Y fue momento de analizar la calidad de la piel. En apenas unos segundos la máquina detectó mi rosácea, aún sin estar brotada, y unas pequeñas manchas de sol. Todo, imperceptible a la mirada común, se veía con claridad abrumadora en la pantalla.

Lo que siguió fue el plato fuerte y lo que más esperaba: la nariz. Al elegir la opción "rinoplastia" en el programa, la computadora identificó las distintas partes y marcó una serie de puntos desde los que empezar a trabajar. A partir de ir modificando diferentes vectores, el sistema mostraba cómo se estilizaba el perfil de la nariz, pero también cómo eso influía en el resto de la cara, estirando por ejemplo el espacio anterior a la boca (no muchos lo saben, pero se llama filtrum) o perdiendo equilibrio con el mentón.

Por eso, a pesar de mi pedido, el cambio que realizó fue bastante suave, y de no tener la foto de la versión original ubicada al lado, quizá no lo hubiera notado. Pero la magia sucedió después, cuando aprovechó el formato 3D que la máquina construye y viró la imagen. De frente, el cambio resultó notorio a mis ojos, y agradable a mi deseo.

Una técnica cada vez más fina

"Antes había una moda de quitar bastante, y entonces quedaban estigmas de una nariz operada. Pero fuimos aprendiendo, y hoy la meta ya no es cambiarle la cara al paciente, sino sacarle lo que sobra. Y que la gente te diga «¡qué bien que estás!», no «¿te operaste?»", apuntó Banegas.

Viéndome de frente, con mi esencia presente y apenas un cambio sutil para mejor, estuve de acuerdo. Y hasta empecé a pensar que, de hacerlo, no tendría que contárselo a muchas personas más que mi marido y mis papás...

Después fue sólo cuestión de jugar un poco, haciendo alevoso aquello de las proporciones, ampliando o rebajando el mentón y viendo posibilidades bastante horrorosas. Pero según el médico, es en estas instancias cuando el software le es especialmente útil, dado que son muchos los casos en los que, por tener perfil convexo, una operación de nariz de todos modos quedaría mal.

"Y entonces aquí puedo mostrarles que no es que vienen a operarse la nariz y les quiero agrandar el mentón porque estoy loco, sino que es necesario para el equilibrio facial", argumentó con lógica clara en pantalla.

Más jóvenes

En un futuro no muy lejano también estará disponible en este consultorio el software y el equipo para aplicar esto al resto del cuerpo y así poder generar una impresión integral. Es que de acuerdo con el especialista, las primeras cirugías suelen pedirse en el físico, y a edades menores. Y conforme los años avanzan, llegan luego aquellas en la cara.

"Aunque gracias al entendimiento del envejecimiento que logramos con el avance de la tecnología, el lifting se posdató unos 10 años. Hoy entendemos que no todo es cortar y coser, lo quirúrgico es el 30% de los casos de los que se hacían en 2000. Una gran solución, por ejemplo, son los láseres, que trabajan a 1 o 5 milímetros en la piel". A esos nuevos recursos se suman además los mayores conocimientos y la conciencia de la gente, que aprendió que cuidarse del sol y tratarse con ciertas cremas es una gran forma de retrasar los procedimientos. "Una mujer de 40 de hoy no tiene nada que ver con una de 40 de hace 15 años", sostuvo Banegas.

Hacia el final de la entrevista, sin embargo, una cosa quedó clara: no importa qué tan bien el profesional maneje el programa si no posee ese mismo talento para operar. No es lo mismo acomodar pixeles digitales que tejidos. El margen es grande y el talento también debe ser del paciente, para elegir a su cirujano.

Me fui de la consulta con más autoestima que la que creí. Sentí que había superado bastante bien la prueba de verme en total exposición y acabé valorando rasgos a los que nunca les había prestado atención en mí. No creo que alguna vez me opere la nariz, pero quizás en 20 años vuelva a la consulta del doctor Banegas a ver con qué tecnología puede sorprenderme y qué magia tiene preparada para lograr que mi cara de 50 recupere la frescura y la naturalidad de hoy.

Algunos números

Según los últimos datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica y Estética (Isaps), la Argentina se ubica en el puesto 21 a nivel mundial de los países donde se realizan más cirugías. Estados Unidos lidera el ranking con el 21,2% de las 6.371.070 operaciones quirúrgicas y 8.336.758 no quirúrgicas

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