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Atractiva pintura costumbrista

La luz de un cigarrillo. Autor: Marco Antonio Rodríguez / Intérpretes: Gaby Barrios, Orlando Alfonso, Mirna Doldán, Lucía De Vita, Raga Hernández / Coaching dominicano: Vicente Santos, Vicky Apolinario, Lupita Made / Escenografía: Daniel Teveles / Vestuario: Tamara Olivencia, Edgard Orozco / Iluminación: Damián Monzón / Sonido: Diego Vainer / Coreógrafo: Vicente Santos / Asistencia de dirección: Tamara Olivencia, Ana Tula / Dirección y puesta en escena: Daniel Teveles / Sala: La Mueca, Cabrera 4255 / Funciones: sábados, a las 20.30 / Duración: 120 minutos / Nuestra opinión: Buena

Viernes 19 de agosto de 2016
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PARA LA NACION
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Un elenco muy homogéneo
Un elenco muy homogéneo. Foto: Prensa

El dramaturgo dominicano Marco Antonio Rodríguez se da a conocer en Buenos Aires a través de uno de sus textos más distinguidos y a partir de una cuidada producción en la que intérpretes locales se apropian del lenguaje de un grupo de personajes dominicanos de complejas cualidades. Inmigrantes latinos que viven en Nueva York y padecen un mundo que les resulta ajeno, pero al que deben adaptarse por necesidad.

Julio César, un joven actor, regresa a la casa de su madre después de un considerable tiempo de ausencia. Falleció su padre y debe participar de los funerales, aunque esta situación no le resulte demasiado importante. El clima en el hogar está muy enrarecido. Madre e hijo parecen seres poco conocidos. En esa jornada y ante esa situación se despierta la necesidad de saber quién es verdaderamente el otro.

La pieza, de dos actos, resulta una pintura costumbrista atractiva que deja ver la realidad de unos seres que, en apariencia, llevan una vida tranquila, pero que han perdido los sueños, la esperanza. Estados Unidos les dio cobijo, pero les quitó parte del espíritu inquieto que caracteriza al país del que provienen. Los mayores sufren la falta de perspectiva. Sólo el joven ha logrado ganarse una libertad que, lamentablemente, no puede manifestar plenamente dentro de ese panorama familiar.

Aunque el texto posee una serie de situaciones que se reiteran y esto provoca una duración innecesaria del espectáculo, el director Daniel Teveles logra crear un clima muy intenso donde los intérpretes se mueven con mucha seguridad. Hay escenas sumamente logradas dramáticamente. Los vínculos entre los personajes son muy fuertes y esto hace que el espectador ingrese a ese universo guiado siempre por la emoción.

El elenco es muy homogéneo, aunque resultan muy destacables las interpretaciones del trío que conforman la madre, su hijo y la tía. Tres criaturas que, aunque muy diferentes, terminan convirtiéndose en seres entrañables.

Un material llamativo dentro del teatro de Buenos Aires que acerca una realidad que parecería estar escondida en un rincón del mundo, pero que, sin duda, es la misma que enfrentan miles de inmigrantes en la actualidad.

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