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Desolación en Yemen, la guerra olvidada del mundo árabe

Opacado por los conflictos en Siria y Libia, el país sufre enfrentamientos entre sunnitas y chiitas desde hace más de un año

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PARA LA NACION
Martes 23 de agosto de 2016
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LONDRES.- Una coalición de ONG yemeníes e internacionales celebran el fin de semana en Londres una conferencia para denunciar los catastróficos efectos de la guerra civil que desde hace un año y medio sufre el país árabe, agravada seriamente por la intervención extranjera auspiciada por Arabia Saudita.

A pesar de la elevada cifra de civiles muertos, el conflicto atrae una cobertura mediática ínfima en comparación con otras en el mismo Medio Oriente, como el sirio o el libio. Tras la reciente ruptura de las conversaciones de paz en Kuwait entre el gobierno del presidente Mansur Hadi y la alianza liderada por la milicia huthi (chiitas zaydíes), se ha iniciado una escalada bélica de graves consecuencias para el pueblo yemení.

"Yemen padece la crisis humanitaria más grave del planeta. En ningún otro país hay un problema de malnutrición infantil tan serio", denunció en la conferencia Tasmine Sheikh, una diputada musulmana del Parlamento británico.

Según los informes de la ONU, más de 14 millones de personas (el 60% de la población) se hallan en riesgo de hambruna y una cifra similar no tiene acceso a una atención sanitaria digna. Las ONG estiman que más de 10.000 civiles murieron por causas violentas desde marzo del 2015, y otros 10.000, la mayoría chicos, murieron a causa de la escasez generada en un país que ya era el más pobre de Medio Oriente antes del inicio de las hostilidades.

Igual que en Túnez, Libia y Egipto, el brote de la "primavera árabe" llevó a la caída de su longevo presidente, Abdullah Saleh, que estaba en el poder desde 1990. Un acuerdo entre varios movimientos políticos y tribales yemeníes auspiciado por Arabia Saudita, el influyente vecino del norte, estableció la formación de un gobierno de unidad nacional presidido por Mansur Hadi. No obstante, el pacto constituyó sólo un breve paréntesis en la descarnada lucha por el poder entre las diversas facciones del país.

La milicia de la comunidad huthi, un rito religioso anclado en el norte del país y que profesa el 30 por ciento de la población, dio un golpe de Estado contra Mansur Hadi, para hacerse con las riendas del país. Gracias a una alianza con el ex presidente Saleh, muy influyente aún en el ejército, los huthíes fueron capaces de ocupar buena parte del país. Su desafío forzó el exilio del presidente Hadi, incitó la animadversión de sus adversarios políticos, y acabó desencadenando una guerra que pronto adquirió una dimensión internacional.

Ante el temor de que el ascenso huthi sirviera en bandeja el control de Yemen a Irán, su archienemigo regional, Arabia Saudita armó una coalición internacional en apoyo de las milicias leales al presidente Hadi. Yemen se convertía así, después del Líbano, Siria o Bahrein, en la última víctima de la Guerra Fría entre Riad y Teherán.

La coalición internacional, en la que participan varios países árabes y que cuenta con el apoyo militar y logístico de Estados Unidos y Gran Bretaña, inició una intensa campaña de bombardeos aéreos que organizaciones como Amnistía Internacional han denunciado por haber violado el Derecho Internacional Humanitario. En uno de sus informes sobre el terreno, la ONG recoge pruebas del uso de bombas de racimo, prohibidas por los tratados internacionales.

Entre los blancos de los ataques aéreos figuran infraestructuras civiles, como plantas eléctricas y hospitales, además de mezquitas. Después de la destrucción de una de sus clínicas, Médicos Sin Fronteras anunció la semana pasada la evacuación de su personal del norte del país, lo que agravará la situación de emergencia en Yemen. En parte, ésta deriva del bloqueo naval y aéreo aplicado por la coalición, ya que limita severamente la entrada ayuda humanitaria a un país árabe que importa entre el 70 y el 90 por ciento de los alimentos que consume.

Con actos como la conferencia de este fin de semana, la sociedad civil está aumentando la presión sobre los gobiernos occidentales, que han preferido mantener un perfil público bajo en este conflicto bélico, lo que explica su condición de "guerra olvidada del mundo árabe".

"Por intereses económicos, Arabia Saudita recibe el apoyo de Gran Bretaña. Las bombas que caen en Yemen son británicas. El gobierno debe suspender inmediatamente la venta de armas a este país", pidió Andrew Smith, de la Campaña contra el Comercio de Armas.

De acuerdo con esta ONG pacifista, en los últimos cinco años, las ventas de Londres a la petromonarquía ascienden a más de 5600 millones de euros. Por su parte, a principios de este mes, Washington firmó un contrato de venta de más de 130 tanques a Riad por valor de más de cerca de 1000 millones de euros. Sin embargo, la mayoría de analistas coincide en apuntar que no es posible una salida militar al conflicto, y que tarde o temprano, deberán sentarse de nuevo en la mesa de negociaciones.

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