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Física y metafísica del cuerpo

Domingo 11 de septiembre de 2016
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LA NACION
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"Como fantasmas de sí mismos, las personas deambulan por el mundo sin saber qué cosas son capaces de hacer o, mejor dicho, en quiénes son capaces de convertirse. Se quedan con lo que les dicen sus padres, cuando todo el mundo sabe que son los menos indicados porque si supieran de qué se trata todo lo hubieran aplicado en ellos mismos." El jurado integrado por Vicente Battista, Leopoldo Brizuela y Perla Suez, que en 2006 le otorgó a José María Gómez el Primer Premio de Novela del Fondo Nacional de las Artes por la obra que ahora Eldeseo reedita con el título de La inevitabilidad de los cuerpos, ubicó la escritura del autor santafesino en la tradición de Jean Genet y Pier Paolo Pasolini.

Historia coral, en la que cada personaje va dando a su turno su versión de los hechos que tejen la trama de sus historias -enlazadas por la pasión erótica, entre varones y clandestina-, la nouvelle opera sobre las apariencias convenientes y las verdades calladas, bajo la premisa de que el deseo termina siempre por imponerse como una fatalidad y todo lo que produce un cuerpo humano (desde la contundencia física de un acto hasta la inmaterialidad de un sentimiento) es inevitable. Gómez hace un trabajo de orfebrería con las palabras, y cuanto más brutal es la escena que narra, más sublime se vuelve el lenguaje que emplea.

Bailar, comprender y gozar

Un brillante crítico de música, dotado también para la ironía maliciosa, solía espantar a los amantes de la danza clásica definiendo el ballet como "una pérdida de tiempo en el espacio". Por suerte, los jóvenes doctores en Química Jimena Olmos Asar y Esteban Franceschini no comparten la boutade y dedicaron al arte de los bailarines su ensayo Ciencia que baila, ganador de la edición 2015 del certamen Ciencia que ladra, organizado por Siglo XXI y La Nacion. Significativamente, la disciplina que eligieron para abordar su objeto fue la física.

Según Diego Golombek, integrante del jurado que premió el trabajo y autor de la breve introducción, tanto bailar como contemplar a quien lo hace estimula las áreas de recompensa del cerebro y produce placer. El libro de Olmos Asar y Franceschini apunta a incrementar ese gozo a través de la comprensión de lo que se hace o se ve, explicando, fundamentalmente, los mecanismos de la dinámica y la estática aplicados a las distintas combinaciones de movimientos que configuran los pasos de baile, sean coreografiados o improvisados dentro de ciertas reglas. Entre estos últimos, los autores se dedican con especial fruición al tango, baile en el que los cuerpos -siguiendo las leyes de la física, nos recuerdan- se entienden sin hablar

La inevitabilidad de los cuerpos.José María Gómez, Eldeseo.

Ciencia que baila.Jimena Olmos Asar y Esteban Franceschini,Siglo XXI

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