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Todo ese dolor, según Nick Cave

Domingo 11 de septiembre de 2016
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Arthur tenía apenas 15 años. En julio del año pasado luego de tomar una dosis de LSD se precipitó por un acantilado de Ovingdean, en la ciudad británica de Brighton. Murió en el hospital Royal Sussex County. La tragedia ocupó bastante espacio en los medios de casi todo el mundo occidental, porque Arthur era uno de los hijos gemelos del músico Nick Cave. El otro se llama Earl, el más tímido. En los acontecimientos, aunque nadie lo explicitaba, había algo morboso. Que un hecho tan doloroso y desgarrador le hubiera ocurrido a Cave no parecía una casualidad, pero quién iba a expresarlo en esos términos karmáticos. Es que Nick hizo de las combinaciones más oscuras de la experiencia humana el relato de su forma de vida. Desde sus años adolescentes en Australia junto con sus amigos de The Boys Next Door, luego con Birthday Party y, después, con Nick Cave and The Bad Seeds durante tres décadas, trasuntó erráticamente el espacio entre la vida y la muerte en sus letras, música, libros y vida privada. No es un autor normal. No es un rockero tradicional. Vivió al borde de la extinción como pocos. Heroinómano, borracho y sobre todo bohemio irreductible, Cave pasó de la escena ochentosa de Berlín (la más corrosiva del mundo) a terminar escorado a los cincuenta y pico en Brighton como un artista consagrado. Todo un milagro o una maldición. Pero la historia de Cave puede leerse en ríos de tinta digital y en su propia obra disponible online.

Lo cierto es que después de semejante catástrofe privada, la mayoría ya daba por finalizada su saga. Claro: una cosa es cantar y escribir sobre el dolor más hondo, más inexplicable, más negativo y otra muy distinta vivirlo en carne propia. La muerte de un hijo no tiene muchas formas estéticas de expiación. No hay forma de buscar la luz en esa oscuridad. Salvo para Nick Cave.

El viernes pasado, el australiano no sólo estrenó nuevo disco, Skeleton Tree, sino que fue presentado en el contexto de un film donde Cave (sin ser explícito) habla sobre lo que vivió hace un año atrás y lo que está padeciendo todos los días. La película documental de Andrew Dominik explora como un mantra eso de que cada uno sufre de manera original. No hay un pesar, por más grande o pequeño que fuera, comparable ni siquiera entre quienes lo sufren por igual. Existe aquella teoría de que una uña encarnada duele más que el cáncer ajeno. Y es algo así. No hay transferencia posible de dolor. Quizá esa condición agranda el flagelo: que ningún otro pueda sentirlo como uno. ¿La felicidad al estilo Facebook nos iguala, el dolor nos diferencia? Por eso no hay redes sociales para afligidos: ¿qué compartirían?

En One more time with felling, el director utiliza la tecnología 3D y el blanco y negro para acompañar a Cave en la grabación del disco. Algo rutinario en la industria del cine. Sin embargo, surge una novedad que le da relieve a la historia: la utilización de una tecnología de manera totalmente distinta. "Pocas veces el 3D acierta en cumplir con una función tan definida y tan lejos de lo evidente. No se trata de convertir la imagen en espectáculo, sino justo lo contrario. Importa la capacidad de la pantalla para anularse como barrera, como límite. La profundidad se expande desde el fondo hasta mucho más allá de la superficie de las retinas. Todo, pero todo, duele", expresó el crítico de cine español Luis Martínez después de ver el film en el Festival de Venecia.

A diferencia del anterior film 20.000 días en la Tierra, acerca del íntimo relato sobre el proceso creativo de Cave, en el cual aparecen tanto Arthur como Earle en más de una escena, esta nueva película lamentablemente no se estrenará en la Argentina. Habrá que bucear en la deep web para conseguirla, pero sin el plus del 3D y una pantalla grande. Una lástima. El disco, en cambio, puede escucharse en Spotify. A grandes rasgos, tras unas pocas pasadas, emerge como el intento más humano de auscultación espiritual que uno podría esperar sobre la pérdida de un ser querido. Enrique Vila-Matas escribió en su libro Dietario voluble acerca de esta confusión: "¡Pero si ya sabemos que nada revela tanto la pérdida de un individuo como la continuación de la vida en el mundo, que se aleja cada vez más de los ojos que ya no lo pueden mirar!" La soledad del que pierde. ¡Si lo habremos visto en nuestro país! "Ahora mismo no sé nada. No creo que nada tenga sentido. Ni sé siquiera porque estoy aquí delante de la cámara...", dice Cave en el documental desde el extrañamiento más evidente frente a la existencia. Todo ese vacío documentado, junto al verso obsesivo "con mi voz te estoy llamando; con mi voz te estoy llamando" del tema "Jesus Alone" en Skeleton Tree, conforman un contexto-obra muy poco habitual en estos tiempos. Un aparato artístico que busca lo imposible: remediar la muerte.

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