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Madres que estudian: ir a clase sin descuidar a los hijos

Tuvieron chicos antes de los 18 años y luchan por asistir al aula

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PARA LA NACION
Jueves 15 de septiembre de 2016
Lourdes, Agustina y Araceli (de izq. a derecha) asisten a la Escuela de Educación Media N° 3, del barrio de La Boca
Lourdes, Agustina y Araceli (de izq. a derecha) asisten a la Escuela de Educación Media N° 3, del barrio de La Boca. Foto: Paz Paniego

Araceli Britos dio a luz a Naomi cuando tenía 16 años. A fin de septiembre su hija cumplirá un año. Desde antes del nacimiento tuvo que dejar la escuela a la que asistía en Montes de Oca, en la Capital. Sin embargo, su empeño y deseo de superación, más ciertas facilidades que encontró en el sistema educativo, le permitieron volver a clase: hoy está en segundo año en la Escuela de Educación Media Nº 3 de La Boca.

Según la Fundación Observatorio de la Maternidad, 6 de cada 10 adolescentes que estudian dejan los estudios al quedar embarazadas. La situación se acrecienta cuando provienen de familias de un nivel socioeconómico bajo.

Los primeros obstáculos llegan durante el embarazo, cuando los malestares físicos y el cansancio empiezan a ser motivo de ausencias a clase. Tras el nacimiento, aparece la dificultad de no tener dónde o con quién dejar al bebe, y a veces la necesidad de volver a trabajar desplaza los planes de estudios. Para poder retener a esta población, las escuelas les brindan a esas madres jovencísimas regímenes especiales de faltas, horario de lactancia, guarderías y convenios con jardines maternales de la zona.

"Tuve que dejar porque iba caminando desde mi casa y con la panza me dolía todo, ya no podía ir más. Después del nacimiento yo quería seguir yendo a ese colegio pero la guardería era solo para el turno noche y era peligroso caminar esas cuadras sola con mi hija en brazos", recuerda Araceli sobre los motivos de su deserción.

La llegada de un bebe se vuelve obstáculo a la hora de estudiar, sobre todo en el 48% de los adolescentes de Argentina que son padres sin buscar dar a luz a ese hijo. Y más si pertenecen a estratos socioeconómicos vulnerables. ¿Es posible ser madre y alumna en este contexto? ¿Qué apoyos necesitan para poder serlo?

Por qué se quedan afuera

"Para las chicas, el embarazo se vuelve un proyecto de vida, pero es importante que también puedan visualizar su propio futuro y sepan que pueden terminar la escuela, porque el día de mañana un título las habilita a poder trabajar en blanco", explica Sol Benedit, coordinadora general del Programa Conbeca de Asociación Conciencia.

Esta iniciativa se dedica a acompañar a jóvenes en contextos de vulnerabilidad para que tengan la oportunidad de completar sus estudios secundarios a través del acompañamiento y contención de un guía voluntario junto a quien administran una beca. El embarazo adolescente es una realidad frecuente dentro de los grupos que se abordan desde el Programa.

Hoy Araceli Britos está cursando el segundo año de colegio en la Escuela de Educación Media Nº 3 del barrio de La Boca, que es una de las 143 escuelas medias, técnicas, artísticas y normales que participan del Programa Alumnas Madres del Ministerio de Educación de la ciudad de Buenos Aires.

Este programa les permite a las adolescentes madres tener un régimen especial de faltas que llega hasta 45 ausencias justificables y flexibilidad para poder cumplir con la lactancia, entrando una hora más tarde y saliendo una hora antes o viendo a su hijo en los recreos. Porque en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) hay 38 escuelas que también cuentan con salas para los hijos de las adolescentes, o se articula con jardines de infantes estatales de la zona.

"Si yo no tuviera dónde dejar a Naomi tendría que dejar el colegio. En los recreos me cruzo al jardín de acá al lado para darle la teta o me quedo jugando un rato con ella", cuenta Araceli, a quien le gustaría salir adelante porque quiere ser un ejemplo para su hija y demostrarle que a pesar de todo, se puede.

Lo mismo sucede con Agustina Medina Dau, de 16 años, quien todos los días llega a la escuela con su hija Candela, de seis meses. La acompaña su mamá quien, mientras ella ingresa al aula, deja a la beba en las salas del jardín a unos pocos metros: "En mi casa me dicen que siga estudiando porque me falta poco, estoy en tercer año. Tengo que seguir por mi propio bien y el de mi bebe. Estar limpiando pisos no está bueno, mi mamá lo hizo y no quiere que yo haga lo mismo. El día de mañana quiero estudiar algo más".

Esta posibilidad de cercanía entre las adolescentes y sus bebes, sumada al acompañamiento personalizado, hizo que el nivel de retención en las aulas de la CABA aumentara a más del 80% de los alumnos.

Sin embargo, esta realidad varía de provincia a provincia. La CABA, donde se desarrolla el programa Alumnas Madres, es la región que registra la menor cantidad de embarazos adolescentes, ubicándose en el otro extremo las provincias de Corrientes, Chaco, Formosa y Misiones, según la Dirección de Estadísticas e Información en Salud.

"La temática de alumnas madres está muy presente en las escuelas secundarias y ha ganado su lugar para que podamos hacer un trabajo intenso y derribar el estigma. El objetivo es que además de sostener la situación de paternidad, los adolescentes puedan terminar sus estudios y hacemos mucho énfasis en que se sostenga lo vincular, porque el grupo de amigos y la familia son muy importantes durante la adolescencia", expresa Geraldine Kahan, gerenta operativa de Equipos de Apoyo del Ministerio de Educación porteño.

Red de contención

La familia y la pareja se posicionan como elementos principales de la red de contención necesaria para que las madres adolescentes puedan continuar con el proyecto escolar. Quienes trabajan con ellas en las aulas cuentan que a veces el no tener pareja es un gran peso y, por más que el acompañamiento de la escuela como institución sea fundamental, hay situaciones que exceden la capacidad de contención ofrecida desde los establecimientos.

Agustina Pelozo recuerda emocionada el día en que le dieron su título al terminar la escuela en Don Torcuato: todos la aplaudían, incluido su hijo Tiziano. A los 15 años había quedado embarazada y finalizó sus estudios gracias al apoyo de su familia, de la escuela Media 5 de Pacheco, y del acompañamiento de Asociación Conciencia a través del Programa Conbeca.

"Cuando quedé embarazada era la única chica de mi escuela y sentía cómo me miraban por mi panza, pero también me miraron sorprendidos cuando volví a clases después de haber sido mamá para seguir estudiando. Mi consejo para cualquier chica es que no deje la escuela, que a pesar de haber tenido un hijo nosotras tenemos que construir nuestra propia historia", dice Pelozo.

Los compañeros de aula también son un eslabón importante para sostener la escolaridad de estas adolescentes, aunque de a momentos la madurez prematura que desarrollan las madres jóvenes hace que vivan realidades diferentes a las de sus amigos.

"A mí me pasa que quiero hacer un montón de cosas, pero sé que todavía no puedo porque ahora me tengo que dedicar a ella y al colegio", explica Lourdes Olivera, de 18 años, mientras mira a su hija Ivana, de un año y cuatro meses. Su día a día es compartido con otras mujeres con quienes vive en el Hogar Casa del Reencuentro para madres solteras, donde ve cómo encaran ellas la maternidad y se siente apoyada. Hoy está en su último año de colegio y le gustaría seguir estudiando, aunque todavía no sabe si ser enfermera o dedicarse al maquillaje y la pedicuría aprovechando que ya hizo algunos cursos.

Al terminar la escuela secundaria, Agustina Pelozo tenía la intención de seguir estudiando. No veía a su hijo como un obstáculo, sino como una motivación para capacitarse aún más. Sin embargo, su realidad le puso un freno: ser madre soltera implicaba no solo cuidar a su hijo, sino también ser fuente de ingresos para poder mantenerlo. Los estudios se reemplazaron así por horas de trabajo, aunque el sueño de ser universitaria aún sigue intacto: "Para tener un buen trabajo hoy en día no basta con terminar el colegio, tenemos que animarnos a pensar en una carrera para darles un bueno futuro a nuestros hijos".

Chicas que quieren un futuro mejor

Saben que terminar el colegio les va a abrir las puertas para seguir con sus estudios o para conseguir un trabajo

Araceli Britos

16 años

"Yo quería seguir yendo a ese colegio, pero la guardería era solo para el turno noche y era peligroso caminar esas cuadras sola con mi hija"

Lourdes Olivera

18 años

"Quiero hacer un montón de cosas, pero sé que todavía no puedo porque ahora me tengo que dedicar a ella y al colegio"

Agustina Medina Dau

16 años

"En mi casa me dicen que siga estudiando porque me falta poco, estoy en tercer año. Tengo que seguir por mi propio bien y el de mi bebe"

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