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David Desola: "Me sentía un intruso en el mundo del teatro"

El dramaturgo español, formado en cine y TV, confiesa: "La segunda vez que pisé un teatro fue para ver una obra mía"; hoy se estrena La brújula loca de mi corazón en Buenos Aires

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LA NACION
Sábado 17 de septiembre de 2016 • 00:48
David Desola, dramaturgo español, estrena La brújula loca de mi corazón
David Desola, dramaturgo español, estrena La brújula loca de mi corazón. Foto: Gentileza David Desola
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El dramaturgo español David Desola elige un café en una esquina del barrio porteño de Almagro a pocos metros de El Tinglado, el teatro donde se estrenó su obra Un charco inútil(esta pieza fue puesta en escena en España, México, Chile y Costa Rica). Recién ahora parece relajado, después de la tensión de ver su texto encarnado en actores, de rogar que todo salga bien, que nadie se olvide la letra, que el público la apruebe. "No disfruto mucho la primera vez que la veo. Con otras obras mías no me pasa, pero ésta me afecta muy especialmente en lo emocional", dice, y enciende el primer cigarrillo de la tarde, como si fumando encontrara esas palabras que busca.

Se explaya en esa emoción que se le estanca en la boca. "Esta obra habla de un maestro en crisis. Yo fui muy mal alumno, me he sentido muy culpable porque he tenido buenos profesores que no supe aprovechar. Es una especie de homenaje a esos profesores que tuvieron que soportarme", dice. Su voz se apaga, parece arrepentido o quizá avergonzado. "Era muy mal estudiante, faltaba a clases, pero era de los poquitos que se interesaron por la literatura, por eso tenía profesores que trataban de motivarme". Cree que por esa culpa la obra, en la que aparece un docente dándole clases a un alumno inexistente, quizá él mismo, lo moviliza tanto.

Un charco inútil también toca el tema del circo mediático que se forma en torno de un episodio que puede ser más o menos anecdótico. "Un día vi por televisión las imágenes de un profesor agredido por un alumno; las había grabado la novia del agresor y las había vendido por 50 euros. Se formó un circo que se emitió por todos los canales, todo el mundo comentaba la paliza. Y pensé en ese personaje: en ese profesor, en cómo se sentiría al ser no solo víctima de esa agresión sino objeto de comentarios de parte de todos". Así surgió la relación entre ambas historias y fue el origen de esta obra que toca una fibra íntima y a la vez universal y cuyas adaptaciones recorren el mundo.

David Desola, junto al elenco y el director de Un charco inútil
David Desola, junto al elenco y el director de Un charco inútil. Foto: Prensa

El camino de Desola, multipremiado por varias de sus obras de teatro y de cine, no fue convencional. Su falta de formación universitaria es a la vez su castigo y su premio. "Empecé de muy joven a trabajar en cualquier cosa. Tenía una vida bastante poco prometedora, hasta que me puse a hacer cortometrajes. Luego empecé a escribir críticas de cine", relata. En esa época tendría unos 24 años. "Lo de entrar en el mundo del teatro fue a fines de los 90. Mirando por Internet vi una convocatoria de un premio en España para escribir una obra. Me leí un par de textos porque yo no había leído ni a Shakespeare y escribí una función que se llamaba Baldosas. Curiosamente gané ese premio". A partir de ese momento Madrid le empezó a abrir las puertas a esta promesa de dramaturgo.

"Mi padre tenía la ilusión de que sus hijos fuéramos escritores. No nos daba una paga semanal como se acostumbra a los niños: nos compraba lo que escribíamos"
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"Me sentí muy cómodo en el teatro porque me gustaba el hecho de tener limitaciones en cuanto a personajes y a ambientes; en lugar de condicionarme eso me resultó inspirador", dice. "Y así empecé a formarme en teatro, cuando ya me dedicaba profesionalmente a esto. Entonces, al principio, tenía una sensación de ser un intruso. La segunda vez que pisé un teatro fue para ver una obra mía", confiesa. Hasta esta obra, que ganó el López de Vega, en España uno de los premios más importantes, no se sintió dramaturgo. "Ahí me dije: Soy autor, no importa que no haya tenido formación".

Desola cree que pudo trazar este recorrido artístico y avanzar porque escribió desde pequeño. "Mi padre tenía la ilusión de que sus hijos, no sé por qué, fuéramos escritores. Sería una frustración suya, tal vez le hubiera gustado ser Hemingway", bromea, aunque en tono serio. "Incluso a nosotros no nos daba una paga semanal como se acostumbra a los niños; en lugar de eso, a mí y a mi hermano nos compraba lo que escribíamos, nos hacía de editor. Así nos incentivaba. Y, desde muy pequeño, ví que podía ganar dinero, aunque fuera para comprar caramelos, escribiendo".

A la escritura la llevó siempre consigo, aunque en un principio se abocó al cine. "A partir de ese concurso me di cuenta de que mi escritura encajaba mejor en el teatro que en el cine. Y creo que lo que me favoreció en un principio fue no saber nada de teatro, porque entraba completamente virgen. Ya con los años sí que he leído mucho teatro y he visto mucho, entonces eso, a veces, me condiciona".

Dedicado profesionalmente al teatro desde hace más de 20 años, además de presenciar la puesta de su obra, fue convocado a Buenos Aires para participar del Proyecto Brújula, que dirige Carolina Calema, y que cuenta con el apoyo de Iberescena. "Se armó un proyecto para tres actrices: una venezolana, una argentina y una española. Estamos creando una obra que estoy escribiendo al mismo tiempo que ellas la ensayan. Es una cosa muy experimental y muy gratificante, porque ellas tienen el texto humeante y yo me voy nutriendo de los ensayos, de la improvisación y de la capacidad de las actrices para seguir. Es un ejercicio de escritura muy interesante". La experiencia concluye hoy con el estreno de la obra La brújula loca de mi corazón.

Desola hace un apunte final, casi como una posdata. "Mi hermano estudió filosofía y es poeta. Aquí me tienes como autor de teatro. Mi padre quería que fuéramos escritores, casi lo consigue". Allí hubo un maestro; en su hijo, un homenaje.


La brújula loca de mi corazón, obra escrita por Desola, se estrena hoy a las 23 en ElKafka, Espacio Teatral.
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