Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

No quiero ser tu amigo

La primera vez que Mateo le declaró su amor, tenían 15. Ella lo rechazó. Para la segunda, ya tenían 25. El no de ella fue contundente. La lógica decía que tenía que rendirse. Sin embargo, para Mateo, este era un partido que había que jugar toda la vida

Señorita Heart

SEGUIR
PARA LA NACION
Viernes 30 de septiembre de 2016 • 00:22
0

“Mejor seamos amigos.” Ahí estaba, la respuesta aniquiladora. Mateo aceptó con una sonrisa, sin animarse a insistir un poco más. A Lina la conocía desde que tenían 12 años y fue a los 15 que le declaró su amor por primera vez. Lo enamoraba su pasión por el arte, su inconmensurable devoción por los perros, y su corazón generoso, enorme.Pero ella no veía ni sentía lo mismo; había un ida, pero faltaba la vuelta. Entonces continuaron una tímida amistad.

"No me considero una persona tímida, todo lo contrario, soy muy expresivo, me encanta conversar y divertirme, pero frente a ella todo era diferente. Era mi kriptonita, como si perdiese mis super poderes. Estando al lado de ella no se me ocurría nada para hablar, ni se me cruzaba un chiste por la cabeza, y mis respuestas se volvían monótonas y aburridas. Caía en la desesperación de pensar y pensar y pensar hasta nublarme sin ideas y quedar totalmente inmovilizado. Claro, era de esperarse, me consideraba como un amigo, y las chances de “algo más” eran nulas", recuerda Mateo.

Pasaron varios años en los que Mateo se ocultó por vergüenza. Cada uno hizo su vida, y a ambos les tocó ser protagonistas de instancias duras. Al padre de Mateo le detectaron cáncer de colon y en familia decidieron enviarlo a realizar un tratamiento en Corea, donde decían que la medicina y la tecnología estaban más avanzadas. Por supuesto, su madre lo acompañó. Desde sus 20 años, Mateo no volvió a ver a sus padres.

Más que canchero

A los 25 años, por una casualidad - o causalidad- de la vida, Mateo se mudó a un departamento a dos cuadras de lo de Lina. Él no sabía que ella vivía frente al parque donde salía diariamente a correr. Así, cada noche que Mateo salía a hacer ejercicios se cruzaba con Lina, que siempre estaba paseando a sus dos perritas.

"A esa edad yo me sentía más canchero, pero en el afán de querer llamar su atención, más que canchero, sin darme cuenta me pasaba al papel de un fanfarrón. Nuevamente me desviaba del camino correcto. Quizás me inhibía que sea tan culta e inteligente, y eso me ponía en una situación en la cual yo quería demostrar más de lo que era. Esto sólo me causó papelones", relata Mateo, "Estaba cursando las últimas materias en la Facultad de Derecho, y pensaba que podía llevarme el mundo por delante. Y así fue, me lo lleve por delante y me pegué duro en la frente: me declaré por segunda vez, pero esta vez ella me veía como un terco, fanfarrón, canchero y hasta aburrido. Como era de esperarse, terminó rechazándome por segunda vez. Ya a esta altura se hacía un deporte tirarme a la pileta vacía."

Un día Mateo comprendió que Lina necesitaba estar sola. Ella debía hacer su duelo. Un tiempo atrás su padre había fallecido y, aunque ella actuaba como una mujer fuerte, la realidad era que estaba anulada y no "caía" en la realidad. De un día para el otro tomó las riendas del consultorio de su padre y, entre tantas cosas por atender, no tuvo tiempo de vivir su dolor como correspondía. Mateo entendió esto mucho tiempo después; sólo entonces supo que ella necesitaba su espacio para superar la tristeza.

Nada está definido... nunca

Pasaron unos años y en el 2015, Mateo viajó junto a un amigo a la India, Vietnam y Etiopía. Desde Nueva Delhi le mandó un mensaje deseándole feliz cumpleaños, Era imposible que se olvidara de la fecha: 21 de Septiembre, día de la primavera y San Mateo. En un ida y vuelta de mensajes, ella aceptó ir a cenar cuando regresara. Ahí, a miles de kilómetros de distancia, Mateo comenzó a saltar como loco en la cama del hotel. Su amigo lo miraba sonriente, sin entender qué le pasaba. "Es que estaba muy contento, necesitaba verla después de tanto tiempo", recuerda.

El encuentro fue en Palermo. Ella, muy puntual, esperaba en la mesa pegada a la puerta, frente a una ventana que daba a la calle. Llovía mucho y él llegó 20 minutos tarde. A modo de saludo Lina le dijo: “Llegaste tarde y sabés que no me gusta la gente impuntual.” Se miraron y comenzaron a reír con ganas. Él estaba empapado después de haber corrido dos cuadras bajo la lluvia. Hablaron muchísimo, rieron a carcajadas. Estaban relajados, como si después de tantos años estuvieran preparados para entablar otro tipo de relación.

Tal vez fuera porque ya tenían 30 y habían llegado a la madurez necesaria. Algo había cambiado. Sin comentarlo a sus conocidos, comenzaron un viaje de ida. ¡Finalmente!

Entre muchos momentos, Mateo recuerda nítidamente aquella ocasión en la que Lina se sinceró y le contó, entre lágrimas, que difícilmente podía llegar a ser madre y que debía operarse para tener alguna oportunidad. Pero contra todos los pronósticos, a los pocos meses de estar noviando, ella quedó embarazada.

Todo fue muy sorpresivo y escandaloso. Ambas familias, a las que Mateo les atribuye "pensamientos del siglo pasado", no podían aceptar un embarazo sin previo matrimonio legal y por iglesia. Pero ellos sabían que se casarían cuando lo sintieran. Recién después de unos meses, en las familias entendieron y aceptaron que se trataba de su decisión y sus tiempos.

¿Por qué Lina cambio de parecer y terminó aceptando a Mateo después de dos rechazos?

"Quizás sea muy cierta la frase que dice que la tercera es la vencida", dice Mateo, "Pero hablando en serio, siento que el tiempo, a su tiempo, nos da una respuesta a nuestra perseverancia. Que un NO después puede ser un SI, y viceversa. Que nada está definido, que hay que seguir jugando el partido toda la vida. Y que cuando realmente estés preparado, las cosas te van sucediendo una a una. En unos días voy a ser papá por primera vez, con la mujer que admiro y siempre quise tener a mi lado. A fines del próximo año me gustaría que nos casemos, con nuestra hija en nuestros brazos. Confío que ante la propuesta, esta vez la pileta esté llena."

Isabella, llegará al mundo en un mes.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos acá.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas