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La clave es erradicar los prejuicios sociales asociados a la edad

PARA LA NACION
Domingo 02 de octubre de 2016
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La conquista de los adultos maduros está influida aún por las reglas del contacto cara a cara. Sin embargo, la virtualidad es la oportunidad que muchos tienen para volver al ruedo del cortejo.

Antes de ingresar a ese nuevo mundo, deben vencer cierto pudor como todo aquel que desconoce los nuevos códigos interpersonales. Uno de ellos es la confección de un perfil que sea atractivo y que no connote ansiedad.

La idea es despertar interés, encontrar afinidades, darse un tiempo para conocerse y luego planear un encuentro cara a cara. La realidad debe imponerse a la fantasía que despierta el otro. Además, no es de caballero, ni de dama, prolongar la cita que debe cumplir con algunas reglas clásicas: un café, una cena o una salida al cine, entre otras. Es probable que la curiosidad los lleve a asesorarse con amigos más avezados en los nuevos códigos, antes que a hijos o nietos que podrían guiarlos.

La tecnología permite que el discurso de personas de diferentes generaciones se homogenice. Sin embargo, hablar de que un padre, o un abuelo separado o viudo, quiera reiniciar su vida, app de por medio, es algo que avergüenza. De hecho, hay creencias asociadas con normativas culturales que aún pesan sobre el deseo de volver a enamorarse, sobre todo si el contacto es virtual. No es extraño que los jóvenes, una vez enterados de que el familiar está saliendo con alguien que conoció por Internet, alerten a los mayores sobre los riesgos de engaño o de otras conductas inescrupulosas (y de riesgo). Y los mayores responderán, seguramente: "El zorro sabe por zorro, pero más sabe por viejo".

En mi experiencia en consultorio, son muchas las personas que se han conocido por medio de apps. Algunas formaron pareja. Otras llegaron a escarceos fugaces -más sexuales que afectivos-. Sin embargo, aquellosque están solos usan las apps con menos reparos. Les resulta más cómodo conocer a alguien sentados en sus hogares y no tener que salir a frecuentar lo incierto. La vivencia de decepción o de vacío después de una salida que despierta curiosidad será mucho menor frente a un perfil que no complace.

En cuanto al tema de la sexualidad, hay cambios favorables porque los mitos se rompen y ya no tienen validez como aquel que reza: "Con la edad las funciones sexuales decrecen". Éste queda sin validez en los tiempos de medios farmacológicos que permiten acercamientos con menos miedos.

En tanto, las mujeres se despojan de represiones, de pudores, focalizados en su cuerpo, pero, sobre todo, en su accionar sexual. Ahora se animan a pedir, a tomar la iniciativa, a guiar al hombre haciéndole saber que no existen fórmulas preestablecidas, que cada cuerpo y momento son diferentes.

Están también aquellas que aún creen que el hombre "por ser hombre debe saber y hacer todo". Y los que siguen defendiendo la virilidad a ultranza como sinónimo de fuerza y dominio.

Si antes el varón por encima de 60 años creía que con la edad todo se apagaba, hoy el axioma pierde valor. La estima personal es fundamental para valorar el cuerpo y sus posibilidades. La experiencia de vida debería ayudar a las nuevas situaciones y dejar de lado inhibiciones o restricciones basadas en creencias sociales y culturales. Por fortuna las cosas están cambiando: existe más conciencia del cuidado personal, la calidad de vida, el disfrute como prioridad y darle la medida justa a las preocupaciones.

El autor es es médico psiquiatra y sexólogo

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