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Abandono y suciedad en las estaciones del Tren de la Costa

Las estructuras de madera de los andenes están deterioradas y grafitadas; al costado de las vías se acumula basura y las formaciones tienen vidrios rotos; el Gobierno promete una puesta en valor

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LA NACION
Lunes 03 de octubre de 2016
Por día, 2800 personas utilizan el ramal
Por día, 2800 personas utilizan el ramal. Foto: Maximiliano Amena
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En el andén de la estación San Isidro del Tren de la Costa, las telarañas trepan por las columnas y cuelgan del techo. A un costado, una gran cantidad de sillas de oficina descansan apiladas bajo una de las galerías del centro comercial que fue, en los años 90, uno de los grandes atractivos de la zona y que hoy parece abandonado. Barandas oxidadas, una fuente seca y resquebrajada, trozos de vidrio en algunos de los caminos laterales a las vías y pocos locales habitados completan el panorama.

Las deficiencias se replican en la mayoría de las 11 estaciones que integran el recorrido de este tren, de 15,5 kilómetros, a través de los municipios de Vicente López, San Isidro, San Fernando y Tigre. Fue inaugurado en 1995 por la Sociedad Comercial del Plata (SCP), que era controlada por el grupo Soldati, y desde su estatización, en 2013, depende del gobierno nacional.

La empresa venía de un largo derrotero financiero después de que el proyecto integral -ferrocarril, parque de diversiones y casino- nunca logró ser rentable. Y el deterioro ya se advertía en el ramal; hoy, perdura en la mayoría de las estaciones, de estilo inglés.

La madera de los techos luce desvencijada, y las paredes, atestadas de grafitis de todos los tamaños y colores. "Con respecto a los locales que están venidos a menos o cerrados, eso es producto de la desidia de los últimos años y estamos trabajando para volver a ponerlos en valor", dijeron fuentes oficiales, en alusión al gobierno anterior.

"Somos de Escobar, vinimos a San Isidro a pasar el día. La verdad que la estación es un desastre. En los 90 tenía mucha vida, familias caminando, era un paisaje colorido. Es una lástima que esté así. A la noche me daría miedo caminar por acá", opinó Agustín, de 48 años, mientras almorzaba en uno de los pocos locales abiertos.

"En la estación San Isidro hace una semana que empezó a funcionar la vigilancia 24 horas", contrarrestaron fuentes del Ministerio de Transporte de la Nación.

Además de astillas de vidrio, en los laterales de las vías se cuelan restos de basura entre el pasto sin cortar. "Lo veníamos hablando recién con mi novio. Es deprimente esto. Vine hace unos años y lo recordaba muy lindo, no estaba así. Me sorprendió", dijo Pilar Perciavalle, de 26 años.

El pase del tren sale $ 10, si bien para los jubilados no tiene costo, Elena Dezza, de 72 años, se quejó de tener que presentar un recibo bancario que debe retirar cada mes para demostrar que es jubilada. "No sé para qué crean las cosas si después las complican así", dijo. Para ella, los andenes se conservan bien, "pero uno de los accesos a la galería es muy tenebroso. La municipalidad debería hacer algo", opinó.

Además del mal estado de sus estaciones, al pequeño tren que comienza su circuito en la estación Maipú y lo culmina en Delta, en Tigre, se le objetan dos cosas: que pasa cada media hora y que muchas de sus ventanillas evidencian el impacto de piedras o balas, por lo que están rajadas. En el Ministerio de Transporte de la Nación explicaron que en junio de este año se ajustaron los horarios del ramal Mitre del ferrocarril Mitre para hacerlos coincidir con los del Tren de la Costa y poder hacer una mejor combinación. Y que los fines de semana agilizaron la frecuencia de los trenes a uno cada 20 minutos. "Gracias a estos dos cambios se incrementó la cantidad de pasajeros de 1800 a 2800 diarios", dijeron.

"Me encanta el tren, algunos vidrios están rotos pero lo demás anda bien", detalló Blanca Fernández Tesone mientras hacía el recorrido. "Las estaciones están un poco abandonadas. Sobre todo la de San Isidro, que se vino abajo", señaló Mariana Rebelliano. Madre e hija suelen tomar el tren los fines de semana.

Paredes grafitadas en la estación Anchorena
Paredes grafitadas en la estación Anchorena. Foto: Maximiliano Amena

Inseguridad

En cada parada los pasajeros encuentran estaciones intervenidas con aerosoles y con basura acumulada contra los alambrados. Pero en la estación Canal, en Tigre, eso sería lo de menos. Lindante con la villa Garrote, es la más insegura del trayecto. "Acá nunca sabés qué día te puede tocar", comentó uno de los guardias que custodiaban el lugar.

Mientras dos adolescentes intentaban conectarse al Wi-Fi del centro de atención familiar y de salud que funciona en esa estación, dependiente del municipio de Tigre, un ruido seco se sintió en el aire. "Debe ser un piedrazo, no sé de dónde vino", dijo uno de los chicos con total serenidad. A los pocos minutos, varios disparos se oyeron a lo lejos. "No pasa nada, acá es normal", reiteró el guardia. "El otro día pasó una moto negra a fondo y atrás la seguían cinco patrulleros", agregó.

La estación está desolada: en sus polvorientas escalinatas de cemento hay restos de basura y hojas secas, y un olor nauseabundo. Constantemente cruza las vías gente que vive en la villa, rumbo al centro de la ciudad.

En dos de las estaciones del trayecto, San Fernando y Barrancas, funcionan ferias al aire libre donde algunos vecinos suelen comprar artesanías. Detrás, las paredes se llenan de grafitis y la madera del techo sufre el deterioro. "La feria de anticuarios que funciona en Barrancas está en tratativas con la Asociación de Ferias de Anticuarios para obtener el permiso de uso precario y empezar a pagar un canon por estar ahí. Esos trámites demoran mucho tiempo", agregaron fuentes del Ministerio de Transporte. Además, explicaron que quienes tienen cafés en las paradas poseen un permiso para hacerlo. "Ellos mantienen los locales, nosotros la estación", aclararon.

Punta Chica, la excepción

Punta Chica, en San Fernando, parece ser la excepción a la regla que rige entre todas las estaciones del deteriorado trayecto del Tren de la Costa hacia Tigre. Gracias a un café que funciona allí, la estación, pintada de blanco y verde agua se funde, en un escenario pintoresco con los adoquines del andén y las hojas secas de las vías, entremezcladas con verdes plantas que dividen los tramos en cada sentido del tren.

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