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El invierno y un estreno prometedor

Tras un gran recorrido internacional, incluido el premio a mejor película en San Sebastián, mañana se estrenará la ópera prima de Emiliano Torres

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PARA LA NACION
Miércoles 05 de octubre de 2016
Cristian Salguero, como el joven peón que viene a reemplazar al capataz veterano
Cristian Salguero, como el joven peón que viene a reemplazar al capataz veterano. Foto: Wanka Cine
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El invierno sale mañana al encuentro del público argentino, precedida del reconocimiento internacional que acaba de lograr en los festivales de San Sebastián, donde esta ópera prima de Emiliano Torres ganó el Premio Especial del Jurado ex aequo, y fue distinguida por su fotografía, y Biarritz, donde obtuvo el galardón de actuación masculina y el del Sindicato Francés de la Crítica Cinematográfica al mejor film.

Protagonizada por el dramaturgo y actor chileno Alejandro Sieveking (cuya labor fue premiada en Biarritz) y el joven misionero Cristian Salguero, con la participación de Adrián Fondari, Pablo Cedrón y Mara Bestelli, esta coproducción francoargentina narra la historia de un viejo capataz de una estancia alejada de la Patagonia que, luego de toda una vida dedicada a su trabajo, es reemplazado por un joven correntino, situación que desencadenará el enfrentamiento de estos dos hombres por un empleo precario del que viven a duras penas.

"Es una historia de sobrevivientes en un rincón del mundo donde el tiempo se detuvo y en donde el invierno pareciera no tener fin", señala Emiliano Torres, quien debuta como director luego de una extensa trayectoria como guionista y asistente de dirección junto a Marco Bechis, Emanuele Crialese, Iciar Bollain y Miguel Courtois, entre otros cineastas.

Declarada de "interés cultural" por el Ministerio de Cultura de la Nación, con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) y la TV Pública, El invierno se filmó en escenarios de El Chaltén, El Calafate y Río Gallegos, en el sur argentino. "Me interesaba reflejar ese juego de dualidad entre estos personajes, que son como dos caras de una misma moneda, solitarios, silenciosos, recluidos en un lugar donde se hace difícil la vida, y también formar una familia, porque los dueños de las estancias emplean a los que no tienen hijos ni mujeres. Y busqué reflejar ese universo sin preconceptos ni grandilocuencias estilísticas innecesarias, para no desdibujar el ascetismo de estos personajes en ese lugar inhóspito", explicó Torres, acerca del tono despojado y árido que le imprimió a la película, logrando un poderoso retrato de las duras condiciones laborales de los peones "golondrina".

Cristian Salguero y Torres, hace dos semanas, en San Sebastián
Cristian Salguero y Torres, hace dos semanas, en San Sebastián. Foto: AFP / ANDER GILLENEA

Esa vastedad de la Patagonia, "la dureza del clima, la aridez y hostilidad del territorio, y cómo sobreviven los trabajadores rurales en medio de tan difíciles condiciones", cuenta el director de 44 años, fueron los ejes principales que lo guiaron en la concepción de su primer largo, una historia de vacíos, desarraigos y soledades.

Fue precisamente en la Patagonia donde Torres comenzó a bocetar el guion, hace diez años, durante la filmación de un documental en el cual se desempeñaba como asistente de dirección. "Fue de casualidad. Atrapado por una tormenta de nieve, busqué refugio en una estancia, donde me dio alojamiento un capataz de origen anglosajón -como son muchos habitantes del Sur- que vivía en absoluta soledad. Esa experiencia fue el germen de la historia", contó el director de la película, rodada en dos etapas de condiciones climáticas opuestas (en invierno y en verano), y con luz natural, un proceso que al final resultó beneficioso para el film, según explica Torres, "porque conseguimos darle la fuerza necesaria al paisaje, un elemento muy importante tanto para mí como para el director de fotografía, Ramiro Civita (premiado en San Sebastián), con quien buscamos que la película guardara el espíritu de un documental, que tuviera realismo, pero con un rigor pictórico".

"Recorrí más de 7000 kilómetros buscando las locaciones de la película. La falta de nieve, el retroceso de la actividad ovina y los problemas logísticos condicionaban fuertemente la elección de las locaciones. Elegí la zona sur de la precordillera occidental, en la provincia de Santa Cruz, un paisaje tan desolador como impactante; filmar allí fue todo un desafío logístico", recuerda el director de esta película, que, antes de los recientes premios en festivales internacionales, había obtenido numerosos reconocimientos, al ser preseleccionada por el Incaa para el Oaxaca Lab en 2013, año en el que además el proyecto resultó ganador del premio Raymundo Gleyzer, en tanto que en 2014 ganó el concurso de Ópera Prima del Incaa. También recibió el galardón de Argentores al mejor guion latinoamericano, en 2013; el premio New Art, en el Festival de Cine de Guadalajara, México, en 2014, y el galardón al mejor proyecto en el Festival Internacional de Cartagena de Indias, Colombia, en 2015. A comienzos del presente año, se alzó con un premio de Cine en Construcción, en el Festival de Toulouse, pudiendo completar así la posproducción y lograr que la película estuviera lista para concursar en septiembre en el Festival de San Sebastián.

Semejante cantidad de premios al guion fue sin duda un aliciente para el autor y director. "Soy muy meticuloso en la escritura, escribo mucho, casi obsesivamente, cada detalle. Pero a la hora de filmar no me aferré al guion, decidí dejarlo en la mesa de luz del hotel. Porque considero que en el proceso de hacer una película hay un momento de reflexión y luego, el del rodaje, es un momento de acción, donde uno debe ser lo suficientemente abierto para dejar que las cosas fluyan."

La experiencia de tantos años como asistente de dirección le permitió a Torres "adquirir soltura y evaluar los desafíos que se presentan a la hora de hacer una película". En tal sentido, El invierno fue, según su propia confesión, una "prueba de flexibilidad" frente a situaciones complejas que surgieron en distintos momentos de la filmación. "Las dificultades geográficas -nosotros rodábamos en lugares apartados, a los que nos tomaba un par de horas llegar- o climáticas convierten las películas en verdaderas aventuras. Y hay mucho de aventura en esta película", reflexiona el cineasta.

"Yo me planteo el cine desde los desafíos que implica. Eso me permite comprender mejor cómo se puede llevar adelante un rodaje. Estar más abierto, no atarme a un plan rígido, tratar de sacar provecho de los accidentes e imprevistos que se presentan, porque a veces esas cosas enriquecen una película. En ese sentido, la capacidad de adaptación hizo que muchos de los obstáculos de la naturaleza terminaran convirtiéndose en algunas de las mejores escenas de la película", explica Emiliano Torres, quien define su ópera prima como "una reflexión acerca de la condición humana", en medio del aislamiento y de la soledad.

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