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Los temas que dividen a Cambiemos: un gobierno de coalición en el que la mesa chica del Pro toma las decisiones

Los cortocircuitos con la UCR y la CC por la relación con el PJ, la suba de tarifas y la cuestión Malvinas

Viernes 07 de octubre de 2016 • 14:49
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LA NACION
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Sanz, Macri y Carrió, los referentes de Cambiemos
Sanz, Macri y Carrió, los referentes de Cambiemos.

Faltaban meses para las primarias. Todavía no se preveía el ballottage. Mauricio Macri no tenía en claro cuáles eran sus posibilidades de ganar. Tampoco tenía definido los nombres que integrarían su gabinete. Pero había algo de lo que estaba seguro antes de su asumir: su gobierno no sería de coalición.

Los desacuerdos en la alianza electoral que conformaron el Pro, la UCR y la Coalición Cívica florecieron apenas Macri llegó a la Casa Rosada. Más allá de las internas, hubo temas que dividieron las aguas. La relación con los gobernadores de extracción peronista, el manejo de la cuestión Malvinas, los fuertes aumentos de las tarifas de los servicios de luz y gas y la designación de la nueva conducción de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), entre otras decisiones del Presidente, provocaron ruido en el oficialismo.

¿Cambiemos es un gobierno de coalición? ¿La UCR, marginada de la mesa chica de la toma de decisiones, se conformará con su aporte parlamentario? ¿Las diferencias, que se hicieron públicas, revelan la ausencia de instancias formales de debate interno? La politóloga y profesora de la Universidad Nacional de Río Negro, María Esperanza Casullo, explicó a LA NACION: “Si por coalición entendemos compartir el mismo espacio político y apoyar al mismo gobierno, Cambiemos sí lo es. Si por coalición entendemos un gobierno en donde dos fuerzas políticas firman un acuerdo para gobernar en conjunto, con metas comunes y en donde cada una conserva cierta autoridad y autonomía relativa, no lo es”. Resaltó, además, que el proyecto de reforma electoral que impulsa el Gobierno y que se debate en el Congreso “disminuirá la capacidad de negociación del radicalismo”. Uno de las principales ventajas para el Pro de la alianza con la UCR es la capacidad de fiscalización. Sin embargo, señaló la politóloga, la implementación del voto electrónico fortalecerá “el poder electoral” del macrismo.

Para el sociólogo y doctor en Ciencias Políticas Gerardo Aboy Carlés, el gobierno de Macri no es una coalición en “sentido estricto”. “Es un gobierno producto de un frente electoral, con una fuerza que ocupa el Ejecutivo y una coalición parlamentaria de sustento. En el Congreso, esa coalición funciona relativamente bien, hay coordinación legislativa”, apuntó. El profesor del Idaes-Unsam e investigador del Conicet destacó una de las razones por las que considera que Cambiemos no es una coalición convencional: “La presencia de ministros de otras fuerzas en el Gabinete no es producto de un acuerdo de la coalición, sino que es una potestad absoluta del Presidente”.

Por su parte, el politólogo Julio Burdman observó que el poder está “poco repartido” en Cambiemos: “Es una coalición en la que el Presidente domina el Ejecutivo con su círculo propio”, subrayó ante la consulta de este medio. Y agregó: “En las elecciones presidenciales, los votos fueron para Macri y no para sus aliados, que tuvieron mal desempeño en las primarias. Cuando hablamos de la presidencia, los votos son todo o casi todo. El corazón de la presidencia argentina son los votos y la popularidad”.

Diferencias

El último cortocircuito que alteró a las filas de Cambiemos lo provocó la “declaración conjunta” que firmó en septiembre pasado el Gobierno con Gran Bretaña sobre Malvinas. Al igual que las fuerzas de la oposición, los referentes del radicalismo y la CC cuestionaron a la Casa Rosada porque en el comunicado que suscribió el vicecanciller Carlos Foradori con su par británico, Alan Duncan, no incluyó el reclamo a Londres por la soberanía del archipiélago. Carrió, que preside la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, se puso al frente de las críticas y promovió la citación de Foradori al Congreso. La embestida generó una inmediata reacción de Macri, quien tuvo que aclarar que el reclamo por las islas era “innegociable”. El intento de calmar los ánimos de la oposición y aliados lo llevó a dar un paso en falso: sostuvo que Theresa May había aceptado dialogar sobre “la soberanía” de las Malvinas, pero Londres lo desmintió. Susana Malcorra habló de un “error semántico” del primer mandatario.

Elisa Carrió se opuso a la suba de tarifas
Elisa Carrió se opuso a la suba de tarifas. Foto: Archivo

Otro tema que dividió las aguas en el oficialismo fue las subas dispuestas por el ministro de Energía, Juan José Aranguren , en las tarifas de luz y gas. Carrió fue la más dura: dijo que no había podido frenar los “ajustes brutales” y exigió la realización de audiencias públicas. Ernesto Sanz, otro arquitecto de Cambiemos, estuvo más moderado. Primero, respaldó la quita de subsidios, pero, semanas después, reconoció que el diseño del nuevo cuadro tarifario había sido “un error de gestión”.

Según Burdman, las diferencias que existen entre el Gobierno y sus aliados políticos “son inevitables”. Y las asocia a la falta de dirigentes aliados al Pro en puestos clave del Gabinete. “En parte, expresan la poca pertenencia que sienten muchos radicales con el Ejecutivo”, afirmó.

Burdman aseguró que las diferentes visiones en Cambiemos no inquietan a empresarios o inversores. “A diferencia del gobierno de la Alianza, ven un Ejecutivo unificado. Piensan que Macri hizo bien en pintar de amarillo a la Casa Rosada. Después de De la Rúa, las coaliciones tienen mala prensa en la dirigencia económica”, opinó.

Los desacuerdos no preocupan al oficialismo. Al contrario, destacan que se recuperó el valor del debate en el Congreso y que ahora hay un Gobierno que “escucha y reconoce los errores”. "Más que hablar de molestias tenemos que trabajar en cómo consolidamos este espacio, que no es homogéneo. Muchas políticas fueron acordadas, consensuadas o cambiadas en el seno del Parlamento. Esto le hace bien a la democracia y marca que no hay una verdad revelada y absoluta que sale de Balcarce 50", declaró días atrás el legislador porteño por la CC, Maximiliano Ferraro, que integra la mesa nacional de Cambiemos, en una entrevista con Radio Belgrano. Ayer, el jefe del oficialista interbloque Cambiemos, Ángel Rozas (UCR-Chaco), afirmó en diálogo con Radio Nacional que el radicalismo no exige "mayor participación" en el Gobierno y negó que exista malestar por el trato que reciben los dirigentes del PJ.

En algunos casos, la presión de los aliados del Pro obligó al Presidente a dar marcha atrás y rever sus medidas. Durante el debate del proyecto de ley de blanqueo de capitales, Macri aceptó excluir a los funcionarios públicos e integrantes de la administración anterior del beneficio fiscal, tal como exigió la CC. También retrocedió con las designaciones que había dispuesto por decreto de los jueces Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti en la Corte Suprema de Justicia. En otras ocasiones, en cambio, las quejas no tuvieron efecto y Macri optó por avanzar igual. Por ejemplo, cuando decidió aceptar la renuncia de Norberto Oyarbide . Así, el ex juez federal evitó ser llevado a un juicio político, tal como pretendían los socios políticos de Pro. Macri argumentó que el proceso para destituirlo era "largo y de resultado incierto". El Presidente, además, hizo oídos sordos a las críticas de la líder de la CC y avanzó con los nombramientos de Gustavo Arribas y Silvia Majdalani al frente de la AFI. Carrió vinculó a Majdalani con Francisco “Paco” Larcher, el ex número dos de la ex SIDE durante el kirchnerismo.

Macri, Carrió y Sanz
Macri, Carrió y Sanz. Foto: Archivo

“Esas diferencias no son problemáticas per se, y no son mayores a las que el kirchnerismo tenía en su interior. Lo que aparece como formando «ruido» es que el liderazgo no se muestra terciando de forma clara cuando hay una disidencia”, consideró Casullo. Aboy Carlés coincidió en que las disidencias son “normales”, pero resaltó que se amplificaron por la ausencia de “instancias institucionales” de las fuerzas del oficialismo donde pueda darse un debate que permite llegar a ciertos puntos de acuerdo. “Las diferencias están potenciadas en sus efectos públicos porque la única forma de expresar descontento, en muchos casos, es mediante la prensa y no, en instancias orgánicas de debate. Eso tiene que ver con un rasgo de escasa construcción institucional de las fuerzas oficiales”, remarcó.

La tensión con la UCR

Ante la cercanía de las elecciones legislativas, Macri iba a encabezar el martes pasado el relanzamiento de Cambiemos. El encuentro, que fue postergado por los problemas de salud que sufrió Carrió, iba a dar una señal de unidad ante el malestar de algunos radicales por el trato de la Casa Rosada a los gobernadores peronistas. “No veo que como producto del relanzamiento aparezcan instancias diferentes a lo que ha sido la gestión hasta ahora. Me parece más un gesto de apaciguamiento que un gesto de construcción de canales de consulta un poco más aceitados”, apuntó Aboy Carlés.

¿Macri hace bien en cuidar sus vínculos con el PJ para garantizar la gobernabilidad o debería priorizar a la UCR? Burdman cree que el Presidente necesita mantener una buena sintonía con ambos bandos por las elecciones del año próximo y el peso que tiene el peronismo en el Congreso. “La presidencia de Macri, con epicentro en el Pro, se sostiene por la cooperación de radicales y peronistas. Los radicales van a ser un poco más importantes en 2017 porque serán necesarios para que Cambiemos tenga buen desempeño en varias provincias en las que el Pro sigue siendo débil”, señaló. “Los peronistas seguirán siendo claves para aprobar leyes en el Congreso y contener las pujas distributivas. A medida que nos acerquemos a 2017, van a despegarse cada vez más del oficialismo”, aventuró.

Aboy Carlés advirtió que, pese a las tensiones, Macri continuará “jugando las cartas” del PJ y de la UCR hasta que el peronismo ingrese en un proceso de unificación. “Con un peronismo todavía dividido, es lógico que se intente llevar algún soporte a la gestión también a través de intendentes y del espacio territorial del PJ. Si el peronismo entrara en un proceso de unificación con algunas alternativas más serias de poder en el corto y mediano plazo, esa posibilidad tendería a desaparecer”, dijo. Para el sociólogo, la fidelidad del radicalismo a Cambiemos “no corre peligro” en la actualidad. “Macri piensa que tiene asegurada la alianza con la UCR porque la forma en que el radicalismo ha entrado a la coalición es uno de los hechos que desdibujan la posibilidad de que tenga algún tipo de liderazgo nacional”, aseveró.

Los especialistas coincidieron en que, a pesar de las quejas de la UCR, no existe un riesgo de ruptura en Cambiemos. “Parece haber ninguna posibilidad de que la UCR hoy rompa la alianza o la tensione demasiado por dos razones: para transformarse en una amenaza concreta, el radicalismo debería estar dispuesto a actuar coordinadamente en el Congreso con el peronismo y esto hoy es imposible; y la UCR debería poder plantarse frente al Pro en torno a ciertos núcleos ideológicos o programáticos que no tiene en la actualidad”, concluyó Casullo.

Para Burdman, los radicales “ya están comprometidos con Cambiemos y no tienen un lugar claro fuera de esta coalición”. “Más que la ruptura, los riesgos son el internismo y el empantanamiento”, acotó.

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