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Con el Nobel de la Paz, Santos logra un fuerte apoyo al acuerdo

Cinco días después del no a su pacto con las FARC, el Comité Nobel distinguió al presidente colombiano con el máximo galardón mundial, en un espaldarazo al proceso que pone fin a la guerra

Sábado 08 de octubre de 2016
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Santos es aplaudido ayer al ingresar en el palacio presidencial tras conocerse la noticia del Nobel
Santos es aplaudido ayer al ingresar en el palacio presidencial tras conocerse la noticia del Nobel. Foto: AFP / Cesar Carrion

CARACAS.- Cuando Juan Manuel Santos se siente esta mañana a leer los diarios, costumbre compartida por el político y el periodista que conviven en la misma persona, confirmará que no sólo hizo historia tras obtener el segundo Nobel para su país tras Gabriel García Márquez. El presidente colombiano rompió un récord de esos que nadie contabiliza: descendió el domingo hasta el infierno político tras caer derrotado de forma sorprendente en el plebiscito que él mismo planteó, para recibir sólo cinco días después, cuando ya no se esperaba, el galardón universal más preciado, el Nobel de la Paz, que lo eleva a la gloria y le guarda un lugar en la historia.

Una situación tan paradójica como la propia Colombia, que lucha sin desmayo contra sus estigmas para dejar de ser la "Locombia" narrada en tantas crónicas de realismo trágico, como la bautizó el escritor local Héctor Abad Facionlice.

"Es por las víctimas y para que no haya una sola víctima más, un solo muerto más, que debemos reconciliarnos y unirnos para culminar este proceso, y comenzar a construir una paz estable y duradera. A esta causa dedicaré todos mis esfuerzos el resto de mis días", dijo emocionado el presidente a primera hora de la mañana en el mensaje a su país. Un tobogán de abismos políticos y cimas históricas del que Santos quiere aterrizar invitando a la unidad de su pueblo "en este gran propósito nacional para que así todos ganemos el más importante premio: la paz de Colombia".

El impacto del Nobel fue mayúsculo en un país que vive en estado de agitación ante las dudas, los temores e incertidumbres originados tras el revolcón electoral sufrido por el bloque del sí. Las distintas patas de la mesa colombiana interpretaron el Nobel a su manera, como no podía ser de otra forma. El primero en reaccionar fue el ex presidente Álvaro Uribe, antiguo aliado y hoy opositor acérrimo, protagonista junto a Santos del reencuentro histórico del miércoles tras seis años de desencuentros. "Felicito el Nobel para el presidente Santos, deseo que conduzca a cambiar acuerdos dañinos para la democracia", escribió en Twitter con poco entusiasmo el líder de Centro Democrático.

Agridulce también fue el mensaje del líder de la guerrilla Timochenko desde La Habana: "El único premio al que aspiramos es el de la paz con justicia social para Colombia sin paramilitares, sin retaliaciones".

Durante meses, el jefe de las FARC sonó como "pareja" de Santos en el Nobel, pero el Comité Nobel desestimó incluirlo, como sí hizo con Nelson Mandela y Frederik de Klerk; Yasser Arafat, Shimon Peres e Yitzhak Rabin; incluso con David Trimble y John Hume por el conflicto irlandés. "Sin contraparte no hay Nobel de la Paz; por eso nuestra satisfacción de haber aportado un granito de arena al logro de tan alta distinción", se quejó Iván Márquez, número dos de la guerrilla.

Incluso Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC durante seis años y cuatro meses, aseguró que los guerrilleros también merecían el galardón. "Para mí es muy duro decir que sí, pero creo que sí", dijo desde Francia, país en el que reside.

"Esperamos que este mensaje una a todos los colombianos", sostuvo por su parte el vicepresidente Germán Vargas Lleras, criticado por su sí silencioso, con clave electoral, durante la campaña. "Decisión correcta por sus esfuerzos incansables" por la paz, añadió Barack Obama desde Estados Unidos.

Atrás queda la larga carrera en la que Santos flirteó con la paz y con la guerra. Sin éxito participó en la primera fila de las negociaciones del Caguán entre 1998 y 2002. En su agenda figuraba la paz, una palabra muy atrevida en Colombia por aquellas fechas, mucho más si formaba parte de las ideas de quien se transformó en ministro estrella de Uribe y en su titular de Defensa. El líder antioqueño protegió a su delfín y, codo con codo, alcanzaron éxitos militares inolvidables para el uribismo, como la liberación de Betancourt y de los otros secuestrados, así como el bombardeo en territorio ecuatoriano del campamento del jefe guerrillero Raúl Reyes, que resultó abatido junto a 17 de sus hombres.

Hugo Chávez convirtió entonces a Santos en su gran enemigo, pero la política es así de caprichosa. Dos años después, la toma de posesión de Santos en Cartagena se convirtió en un primer armisticio. Quince meses más tarde, el presidente colombiano miraba emocionado al "comandante supremo", acribillado por el cáncer. El mandatario bolivariano le acababa de entregar a Valenciano, el jefe de la banda de los Paisas, "capo del narcotráfico que ha causado un daño terrible en nuestro país".

Las dos delegaciones se sentían a sus anchas en el Palacio de Miraflores, hasta que Santos pidió quedarse a solas con su homólogo venezolano. Aquel día, las negociaciones secretas entre el sucesor de Uribe y los comandantes de las FARC dieron un salto al vacío, auspiciadas por el líder revolucionario que había convertido a Santos en su "mejor nuevo amigo" y que no dudaba en dar cobertura a las "fuerzas insurgentes de Colombia".

En 2014, el candidato de Uribe derrotó a Santos en la primera vuelta electoral. Los demonios políticos asomaban de nuevo en la vida del presidente. "Su eslogan durante la primera vuelta era: «Hemos hecho mucho, pero falta mucho por hacer». Lo cambiamos para la segunda: «Con paz haremos más»", revela a LA NACION Antonio Sola, el mago electoral que lo ayudó en el ballottage.

"Cuando hablaba de paz se transformaba. Su convicción era profunda, interna, venía de muy adentro. Realmente me convenció de que no era una pose, sino su causa y su propósito. Antes de que concluya su mandato, la paz será una realidad", vaticinó el estratega político.

Respaldo global a la distinción

Angela Merkel

Canciller alemana

"Ha dado a toda la región una muy necesaria e imperiosa esperanza de poner fin a un derramamiento de sangre. El Nobel de la Paz da fuerza para seguir por este camino"

François Hollande

Presidente de Francia

"Esta distinción saluda su acción resuelta para poner fin al conflicto con las FARC, uno de los más sangrientos de los últimos 50 años"

John Kerry

Secretario de estado de EE.UU.

"Esperamos, habiendo estado allí durante el proceso (de negociación de un acuerdo con las FARC) e implicados en él, que esto todavía pueda tener éxito y superar los obstáculos que quedan"

Vladimir Putin

Presidente de Rusia

"La decisión del Comité del Nobel es una digna valoración de sus méritos (de Santos) a la hora de instaurar la paz en la tierra colombiana"

Cuestiones conflictivas del pacto

El acuerdo firmado entre el gobierno y las FARC fue cuestionado básicamente en dos puntos: la aplicación de justicia y la inserción de los guerrilleros en la vida política colombiana

Los líderes guerrilleros que pasen por el Tribunal Especial y reconozcan sus delitos no irán a la cárcel; en cambio cumplirán trabajos vinculados con la reparación a las víctimas del conflicto

Las FARC tendrán aseguradas cinco bancas en el Senado y cinco en Diputados. Además tienen otras 16 bancas de las circunscripciones rurales que están bajo su control

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