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Rafael Gumucio: "La literatura tiene esa única función, hacerte sentir menos solo"

El escritor chileno presentó su última novela, Milagro en Haití, que indaga en el universo femenino, uno de los misterios que desvelan al autor

Lunes 10 de octubre de 2016 • 22:10
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LA NACION
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Milagro en Haití es considerado por la crítica como el mejor libro de Rafael Gumucio
Milagro en Haití es considerado por la crítica como el mejor libro de Rafael Gumucio. Foto: www.eldiario.es

El escritor Rafael Gumucio cree que el misterio de nacer ha ocupado gran parte de su vida. Y dice que su literatura puede resumirse en su partida de nacimiento. Sonríe con la ocurrencia, pero va en serio. "Rafael Gimucio nació en 1970 en Santiago de Chile. Ahí está todo. Ese fue el motivo de mi literatura", dice, en el bar de un hotel de Palermo Hollywood. Lo invitaron a esta ciudad que le resulta conocida por las referencias de Cortázar, Borges y Piglia para participar del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) en la mesa "Violentos, sucios y dominados: el cuerpo en América Latina".

En Milagro en Haití (Random House), su última novela, recientemente editada en la Argentina, hay alguien que pone el cuerpo, la protagonista, Carmen Prado, una señora rica casada con un embajador que agoniza en una clínica de Puerto Príncipe luego de haberse sometido a una cirugía estética. "Ella siente que en su cuerpo hay algo que no le pertenece y quiere operarse de su propio cuerpo, deshacerse de él; es una locura pero lo hace", dice su creador. Y también está la cocinera haitiana Elodie, que la cuida en esa pieza de hospital en la que también habita un niño con una ametralladora y un grupo de adolescentes refugiados allí en medio de un país convulsionado: durante esos días del verano de 2004, los sonidos del carnaval haitiano se mezclan con el de la revuelta armada que destituyó al presidente Jean-Bertrand Aristide.

"En América latina no tenemos una mirada teórica del asunto de la biopolítica, sino más bien real. Se habla de políticas públicas, pero hay muchas que son políticas privadas, que pasan por el cuerpo humano, que nos repercuten adentro", dice. En la literatura de Gumucio, lo político es siempre un destino. Tal vez se explique con su biografía ampliada: debió exiliarse con su familia en Francia cuando tenía tres años, tras el Golpe pinochetista del 73; volvió a Chile en su adolescencia y participó del movimiento cultural post dictadura -un aire a lo vivido en la Argentina con el alfonsinismo y la vuelta a la democracia; luego vivió en España y en EE.UU., hasta regresar a radicarse nuevamente en Chile.

Portada de Milagro en Haití (Random House)
Portada de Milagro en Haití (Random House). Foto: Random House

"Me gusta situar a los libros en la realidad. Y Haití tiene suficiente lío como para que la novela tenga un correlato real: hubo un Golpe de Estado en esa fecha, en esas condiciones y es, pues, tan delirante que no necesitaba fantasía. Y esto es un gran regalo porque hay muchas escenas que parecen sueños, delirios y son casi documentales", cuenta Gumucio, y así, desde los márgenes, empieza a adentrarse en su novela para hacer foco, durante la conversación, en la intimidad de Carmen Prado y su compañera en este trance.

"Son personajes que siempre me han rondado y que siempre he mirado desde fuera, desde mi, digamos. Este tipo de mujer de clase alta, pero, al mismo tiempo, anticonvencional y marcada a fuego por experiencias internacionales, que la transforman en una rara avis en sus mundos. Y este libro me salió desde dentro. No de la observación, sino del pensar cómo pensaría una de ellas y cómo vive", dice, y reconoce uno de sus desvelos: "Para los hombres, el mayor de los misterios es cómo funcionan las mujeres. Y me entretuvo mucho hacer ese viaje".

Según él mismo dice, el personaje de Carmen se inspira en su madre, que vivió en Haití durante 6 años como embajadora. "Pero ella superó todo (se ríe). Ella es muy distinta al personaje: el personaje es un ser irascible, violento, poco convencional. Mi mamá tiene todo eso, pero también está llena de bondad, de culpa. En realidad, tiene mucho más de mi abuela que de mi mamá", se rectifica. Su mamá y su abuela fueron motivo de dos libros anteriores: Memorias prematuras (1997) y Mi abuela, Marta Rivas González(2013). Hay críticos que mencionan a Milagro en Haití como tercera de la trilogía.

En esta última obra, a diferencia de las otras, el autor se deja llevar por imágenes, tonos, ideas que tejen un magma textual que incluye momentos de fluir de la consciencia de Carmen, cuando hace memoria y se arrepiente y se enoja, de delirios por la fiebre, de conversaciones punzantes en los ratos de vigilia, de preguntas al pasado, de insultos.

La maternidad, pensada y expresada desde lo políticamente incorrecto, es un tema nodal en la novela. La protagonista habla de las heridas dejadas por esos que "usurparon su cuerpo", de la necesidad de sacarse "la carne de adentro mismo de la carne". Gumucio, este particular ser que tiene la destreza de pasar de un tono humorístico a uno reflexivo, e incluso triste en una frase, reflexiona: "Muchas mujeres piensan eso de la maternidad, que en el fondo sus hijos usaron su cuerpo, las expropiaron, las usaron. En el caso de Carmen ella quiere vaciar el último vestigio de sus hijos, pero como la novela lo prueba no es mucho lo que puede hacer. Se los quita de encima, pero siguen estando ahí, están pegados a ella".

El autor, que encuentra en las mujeres de su familia buena parte del motor de su literatura, cree que si de algo sirve su novela es para que alguien que piensa esto y no se atrevía ni a pensarlo ni a decirlo, sienta que no está sola. "La literatura sirve mucho de eso, para relativizar lo que uno piensa que es anormal, que le pasó solo a uno, que es incorrecto. Es grave cuando uno cree que es el distinto. La literatura tiene esa única función, hacerte sentir menos solo".

-¿Por qué no tuviste hijos? - le lanza en un momento Carmen a Elodie

La cocinera atina a mencionar a sus sobrinos. "Les enseñé a caminar, a comer, a leer, a usar el baño, madame", le dice.

-No es lo mismo, no los pariste tú, no salieron de tu cuerpo. Lo único que importa: sacárselos de adentro de tu sangre, quitártelos como un tumor de la carne, inventarlos desde tus más asquerosos órganos para perderlos para el mundo y que te miren como si fueras una extraña.

"Creo que la maternidad, hasta nuevo aviso, calculo que muy pronto, es un tema físico. Las mujeres prestan su cuerpo, están en arriendo; esta posición que es bastante horrible no deja de ser razonable. En algún punto, la mujer presta su cuerpo para ser depositaria de la tribu. Si igual la tribu sigue teniendo el poder para decir sobre los niños: cuántos, cómo", dice.

La tragedia de Carmen es que no eligió ser madre; nunca decidió qué quería acerca de la vida, en realidad. "Lo otro es un drama físico, pero su verdadero drama es que ella tenía fuerza o energía para hacer un puente, para escribir una novela, para ser piloto de avión, pero nunca decidió qué. Entonces le puede echar la culpa al mundo, pero también es ella que no decidió nunca qué quería. Son esas personas que.bueno, pasa mucho: tienen muchas posibilidades abiertas, podrían ser esto, o lo otro, o lo otro y, al final, no son nada. Porque decidir significa dejar de ser otra y eso a mucha gente le cuesta. Entonces, entre todas se dejó ser la que menos tenía que ver con ella: ser madre".

-Se habla mucho de las cicatrices de Carmen: ¿para vos Chile es una cicatriz?

-Geográficamente hablando Chile es una cicatriz, cualquier persona que lo mire en el mapa verá eso. Sí, es una herida, sí. El país me fue prohibido, me fue negado (aquí no quedan restos del escritor bromista, suena más bien apagado o triste). Por ahí pienso: no fue para tanto. Pero se transformó en un misterio para mí, en una verdadera conquista.

Para Gumucio Chile, las mujeres y el castellano son misterios a conquistar. Escribir es construirse una existencia en ese lugar, en ese idioma y entre sus mujeres.

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