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Gerardo Ancarola: un hombre que luchó por los ideales democráticos

Martes 18 de octubre de 2016

Gerardo Ancarola era uno de los últimos representantes de la generación de católicos activos que en 1946 se plantó ante el liderazgo emergente del coronel Juan Perón. Lo hacían invocando un ideario democrático. Constituyeron una minoría tenaz, en contraposición con la política de algunas de las principales organizaciones católicas e incluso del Episcopado, que invitó por vías indirectas a los feligreses a tomar distancias de la Unión Democrática, que disputó el poder a Perón en las elecciones de febrero de aquel año.

Por razones de edad, Ancarola estuvo lejos de ser un actor directo de ese tiempo, pero actuó luego como si lo hubiera sido a raíz de su identificación plena con el pensamiento de Manuel Ordóñez, su maestro y mentor en política y en el ejercicio de la abogacía, y de otras figuras del catolicismo que pagaron hasta con la cárcel su oposición al primer gobierno peronista. Seguían así, como alguna vez se observó, la tradición católica argentina de Esquiú y de Frías, de Estrada y de Goyena, y de identificación con los postulados de Jacques Maritain y de quienes en la Europa de posguerra hablaban en nombre de un socialcristianismo de cuño liberal que había prevenido sobre las consecuencias del franquismo en España y la catástrofe que el nazismo y otras formulaciones nacionalistas terminarían acarreando en el continente, y por extensión, en el mundo.

Fue Ancarola un hombre de convicciones rotundas y actitudes coherentes con lo que pensaba y decía. Opositor a ultranza del populismo. Fue editorialista de La Prensa y profesor titular de Derecho Político en la Facultad de Derecho de la Universidad del Museo Social Argentino. También ejerció la docencia en la Universidad de El Salvador y la secretaría general de la Institución Ortega y Gasset. Reconocía en las enseñanzas en ciencia política de Mario Justo López a otra de las vertientes esenciales en su formación.

En su incorporación como miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, Pedro Frías lo definió con palabras de las que se hubiera dicho no podían haber sido más apropiadas para abarcar, con sutil autoridad, tanto al propio orador como a la personalidad de la que éste se ocupaba: "Tuvo preferencia por la democracia moderada como una lucha autolimitada por la cultura política". Desde la perspectiva de la ciencia política como punto de encuentro de diversas disciplinas humanistas, entre ellas el derecho constitucional, Frías colocó al doctor Ancarola en la corriente que habían interpretado Max Weber, en sociología; Tocqueville, entre los clásicos políticos; Maritain, en la filosofía política y social, y Guardini, para la interpretación del tiempo que se vivía.

Ancarola fue fiscal de Estado y ministro de Educación de la provincia de Buenos Aires entre 1982 y 1983. Al despedir sus restos en la Recoleta, en nombre de la academia que lo tuvo en sus filas desde 1992, Manuel Solanet dijo que la tenacidad de Ancarola "era siempre proporcional a su inquietud por los problemas del país que él deseaba solucionar".

Había nacido en Concordia, Entre Ríos, el 16 de enero de 1935.

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