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El día después: qué pasa con los chicos que egresan de los hogares

A partir de los 18 años, el Estado deja de ser responsable de los jóvenes sin cuidados parentales; organizaciones sociales reclaman una ley de acompañamiento para la transición a la vida autónoma

Jueves 20 de octubre de 2016
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LA NACION
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Tatiana Lustig da Silva (con anteojos), de 22 años, con compañeros de la Guía Egreso. Sueña con recibirse de trabajadora social y dedicarse a acompañar a adolescentes que viven en instituciones de cuidado. "A mí me faltó esa contención", admite.
Tatiana Lustig da Silva (con anteojos), de 22 años, con compañeros de la Guía Egreso. Sueña con recibirse de trabajadora social y dedicarse a acompañar a adolescentes que viven en instituciones de cuidado. "A mí me faltó esa contención", admite.. Foto: DIEGO SPIVACOW / AFV

Faltaban pocas horas para que cumpliera 14 años. Tatiana Lustig da Silva entró con su hermana de 16 en el comedor del Hogar María del Rosario de San Nicolás, en Parque Chas. Las chicas cenaban pollo. Estaba aturdida, asustada. Su papá había muerto y su mamá ya no podía hacerse cargo de ellas. "Cuando se hicieron las 12 y vinieron a saludarme por mi cumple, me sentí cómoda y acompañada. En mi casa estaba muy sola", recuerda Tatiana.

Vivió allí hasta los 19. Pero cuando llegó la hora de egresar de la institución, empezaron las incertidumbres. Volvió con su mamá porque no tenía otra opción, y empezó a vender ropa en La Salada.

"No quería estar en mi casa y necesitaba plata para irme, pero no podía", cuenta la joven. "El motivo por el cual uno entra en un hogar es siempre traumático y doloroso, y vivir ahí es complicado. ¿Por qué se tiene que seguir prolongando el malestar una vez afuera?"

En nuestro país, son 14.645 los chicos que, por distintos motivos, fueron separados de sus familias y viven en hogares, según el relevamiento de 2012 de la Secretaría Nacional de Niñez y Adolescencia. Al cumplir 18 años deben dejar esas instituciones, con el riesgo de quedar en la calle, sin trabajo, educación ni redes de contención afectiva.

Esta situación llevó a la Asociación Civil Doncel, Unicef y varias organizaciones sociales a reclamar la sanción de un proyecto de ley nacional llamado Plan de Egreso Integral para el acompañamiento de jóvenes en proceso de transición del sistema de protección de derechos a la vida autónoma. El plan prevé acompañar a aquellos que están bajo protección del Estado más allá de los 18 años, brindándoles las herramientas para la construcción de su independencia.

La iniciativa -presentada en 2015 por la diputada Ana Carla Carrizo y en mayo de este año por el senador Luis Petcoff Naidenoff- busca equiparar la situación de todos los jóvenes al llegar a la mayoría de edad, sea que estén bajo la responsabilidad de sus progenitores o del Estado, de acuerdo con lo que prevé el Código Civil y Comercial de la Nación (CCyC) para los adolescentes con cuidados parentales.

Sin contención

"No existe un proceso de acompañamiento para que los pibes que viven en hogares vayan accediendo a la vida adulta de manera progresiva, como lo hacen los que viven en el seno familiar", asegura Mariana Incarnato, directora de Doncel. "El CCyC establece que los padres tienen obligaciones alimentarias con sus hijos hasta los 21 años, y a veces hasta los 25. ¿Por qué el Estado, en el caso de aquellos que no tienen una familia que se pueda hacer cargo, no toma la responsabilidad de equiparar estas obligaciones alimentarias?"

Según la directora de Doncel, más del 40% de los chicos de entre 0 y 18 años que viven en hogares son adolescentes. Para ella, los que egresan lo hacen con muy pocas herramientas, con una red social y de contención pobre y sin la posibilidad de insertarse en el mercado formal de trabajo ni de terminar el secundario.

En este sentido, el Plan de Egreso Integral supone un período de preparación a partir de los 16 años y otro de acompañamiento posterior al egreso, al menos hasta los 21. Incluye aspectos vinculados con la salud; la educación, la formación y el empleo; la vivienda, y habilidades para la vida independiente, entre otros. Además, incluye el derecho a un subsidio y la creación de comités de egreso que asignen a cada joven un referente.

Gilda Podestá y Lorena Naveira -parte del equipo directivo de la Fundación Juanito- también muestran su preocupación por el futuro de los 24 niños y adolescentes que viven en sus dos hogares. "Los acompañamos más allá de los 18 años: las organizaciones sociales venimos poniendo sobre la mesa que lo que exige el Estado es imposible, porque desampararíamos a los pibes", cuenta Naveira.

Agrega que si bien muchas organizaciones, como Juanito, acompañan a los jóvenes una vez que egresan, el apoyo gubernamental es clave. "Desde antes de cumplir la mayoría de edad trabajamos con ellos su proyecto de vida. Primero, los estimulamos y acompañamos para que terminen la secundaria; después, para que puedan abrirse al mundo laboral, y con las redes que la fundación va tendiendo, trabajar y proyectar su vida a futuro."

Salir adelante

Tatiana admite que su egreso fue "muy crudo". Decidida a que su pasado no determinara su futuro, una vez fuera del hogar se vinculó con Doncel y comenzó a formar parte de la Guía Egreso, un grupo de jóvenes que acompañan a otros en los primeros pasos fuera de las instituciones.

Hoy tiene 22 años y gracias al apoyo de esa organización está terminando el CBC para hacer la carrera de trabajo social. Además, es empleada de la mesa de ayuda tecnológica de una empresa. "A mí me faltó el acompañamiento que nosotros les damos a otros pibes", confiesa. "Hoy tengo estabilidad. Recién ahora, que logré alquilar un monoambiente, me siento cómoda, feliz."

Enrique Rzonsinski, de 27 años, en el monoambiente que alquila en Palermo. Conseguir una vivienda propia fue lo que más le costó cuando dejó el hogar. Hoy está por recibirse de técnico en comercio internacional y trabaja en una empresa.
Enrique Rzonsinski, de 27 años, en el monoambiente que alquila en Palermo. Conseguir una vivienda propia fue lo que más le costó cuando dejó el hogar. Hoy está por recibirse de técnico en comercio internacional y trabaja en una empresa.. Foto: DIEGO PARUELO/AFV

Enrique Rzonsinski tenía 17 años cuando lo llevaron a vivir al Hogar Alborada en Devoto. "Mi mamá estaba muy enferma y vivíamos básicamente en los hospitales", cuenta. "Una tarde, llegué a visitarla al Hospital de Clínicas y estaba la gente de la Defensoría de la Niñez esperándome. Yo no entendía nada. Me subí a una camioneta sin saber a dónde iba. Estaba en shock."

Había dejado el secundario a los 14 y sobrevivía a la deriva. "En el hogar al principio me sentía aprisionado, porque me daban una contención que yo antes no tenía. Con el tiempo, me di cuenta de que lo hacían para sacarme adelante", confiesa. "Tuve suerte. En aquellos años, la mayoría de edad estaba fijada en los 21. Si hubiese tenido que irme a los 18, no estaría a donde estoy."

Allí terminó el secundario y participó del programa laboral de Doncel, por el que consiguió una pasantía en la empresa donde actualmente es jefe de abastecimiento. Hoy, con 27, está por recibirse de técnico en comercio internacional y vive en un monoambiente en Palermo.

A falta de un garante, alquilar una vivienda fue una odisea. El crecimiento en el trabajo y la relación con un dueño directo le permitieron acceder al monoambiente donde vive actualmente. "Todos los que pasamos por hogares sabemos lo difícil que es conseguir un buen lugar donde vivir", remarca.

Cómo colaborar

Doncel: doncel.org.ar

Guía Egreso: guiaegreso.com.ar

Fundación Juanito: fundacionjuanito.org.ar

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