Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Escenas de una vida dorada

SEGUIR
PARA LA NACION
Viernes 21 de octubre de 2016
La soprano Macarena Valenzuela hizo un trabajo prodigioso
La soprano Macarena Valenzuela hizo un trabajo prodigioso. Foto: Gentileza Liliana Morsa
0

Manon Lescaut, de Giacomo Puccini / Dirección musical: Mario Perusso / Puesta en escena: André Heller-Lopes / Escenografía: Daniela Taiana / Vestuario: Sofía Di Zunzio / Iluminación: Gonzalo Córdova / Elenco: Macarena Valenzuela, Eric Herrero, Ernesto Bauer, Norberto Marcos, Iván Maier / Coro y orquesta Buenos Aires Lírica / En el Teatro Avenida / Nuestra opinión: muy buena

Manon no quiere morir, nunca quiere morir. Ella es una heroína singular no sólo por la voluptuosidad de sus deseos, sino porque no se resigna al desamor ni a la miseria material: aquí reside el fundamento de su tragedia. Su historia (retratada en la novela de 1731 del Abate Prévost) inspiró a Puccini su tercera ópera, Manon Lescaut, en la que amalgama recursos musicales centrados en contornos melódicos de tradición italiana con influencias del estilo wagneriano. Estas características han sido extraordinariamente respetadas en esta puesta por el director musical Mario Perusso, que ha logrado una música de sutil atención por la declamación y los giros dramáticos.

En su propuesta, el director André Heller-Lopes presenta esta historia de amor y deseo desde la memoria y la ensoñación, aludidas en un libro (quizás un diario íntimo o bitácora de viaje) sobre un escritorio siempre presente sobre el escenario. En un ambiente dorado -omnipresente hasta el agobio-, se desarrolla la lujosa y lujuriosa vida de la joven Manon, encarnada prodigiosamente por la soprano chilena Macarena Valenzuela. Ella no sólo logra impresionar con su talento vocal, sino que compone un personaje colmado de sensualidad, con la fortaleza propia de los ardientes deseos de la inexperiencia. Eric Herrero (Renato Des Grieux), el joven estudiante a quien Manon desea y por quien es deseada, realiza un notable papel a la altura de su partenaire. Ambos personajes conmueven con su expresividad y calidad musical en sus dúos, ya sea arrebatados por la lujuria sobre el lecho o desgarrados en las horas del funesto final.

Ernesto Bauer (Lescaut) encarna con gran elegancia técnica y corporal a un hermano con inclinaciones de proxeneta. Por su parte, Norberto Marcos elaboró un contundente papel como el indeseable pretendiente Geronte di Ravoir. El tenor Iván Maier (Edmondo/Farolero/Maestro de baile) realizó un gran trabajo, con presencia escénica, y aportó dramatismo o frescura según la situación lo ameritaba. El coro, dirigido por Juan Casasbellas, acompañó con corrección el arco sobrecogedor de esta tragedia.

En el último acto aparecen sobre el escenario los despojos: los de la vida de Manon, los de los sueños de Renato, los de las columnas doradas, los del árbol y el mobiliario.

En el desierto norteamericano sólo se proclaman, como un recuerdo lejano, la desesperación y el deseo. Así Manon muere, a diferencia del Tristan, de Wagner, de anhelo.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Las más leídas