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"El amor de tu vida no va a aparecer en la puerta de tu casa"

Ella es abogada y su vida dio un giro drástico cuando entraron a robar a su estudio jurídico. Él fue el comisario asignado al caso y apenas la vio se enamoró. Entre declaraciones oficiales, mates imaginarios y caminatas en la costanera surgió el amor

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Señorita Heart
Viernes 04 de noviembre de 2016 • 00:12
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"Si querés conocer a un tipo tenés que salir, el amor de tu vida no va a aparecer en la puerta de tu casa", le decían a Verónica sus amigas y sus papás cuando veían que pasaba el tiempo y no volvía a formar pareja. Ella acababa de llegar a Concordia, su ciudad natal, después de vivir unos años en Capital Federal y recién estaba instalando su estudio jurídico en la casa de sus padres. Conocer a un hombre no estaba entre sus prioridades. Salir a buscarlo, mucho menos.

Vero y Rubén
Vero y Rubén.

El hecho desafortunado

Un jueves de 2014 un hecho desafortunado cambió su historia. Dos hombres tocaron el timbre del estudio diciendo que querían hacer una consulta legal por un despido. La alegría por haber concretado la reunión duró poco: terminaron siendo ladrones que una vez adentro del estudio sacaron un arma y le apuntaron.

Dicen que ante las emociones fuertes las personas actúan de forma impredecible y la reacción de Verónica no fue la excepción: "Me dio uno de esos estúpidos ataques de valentía". Enfrentó a los ladrones, forcejeó para sacarles el arma y terminó con un golpe en la cabeza, atada y encerrada en el baño.

Rubén fue el comisario asignado al caso y aunque conoció a Verónica alterada, con sangre en la cara y un corte en la cabeza, dice que fue "amor a primera vista".

Ella estaba tan conmovida por lo que acababa de vivir que recién se permitió mirarlo unas horas más tarde, cuando fue a hacer la denuncia a la comisaría. Su mirada amable y dulce, tan distinta a la de otros oficiales, enseguida la cautivó. Pero en ese mirarlo de arriba abajo descubrió un anillo en la mano izquierda que la desanimó por completo y la hizo focalizar toda la atención en relatar los hechos.

Los días pasaban y Rubén siempre encontraba algún motivo para acercarse a la casa de Verónica o llamarla por teléfono. Él venía de un matrimonio crítico, una historia con muchas idas y vueltas que se había dilatado más de la cuenta. Ya no creía en el amor y hasta decía que "había bajado la persiana", pero la abogada le cortó el aliento y le devolvió las ganas de amar.

Sin embargo un día, cansado de buscarla y ya sin excusas, dio por perdido el partido y dejó de insistir. Los meses pasaron sin mensajes de texto, ni cenas románticas ni paseos en la costanera mirando las estrellas. Todo eso vendría después.

En un cumpleaños Verónica conoció a un compañero de trabajo de Rubén y le contó que llevaba noches sin dormir por miedo a lo que le había pasado. Al otro día recibió un mensaje de él que decía "avisame cuando te puedo llamar". Ella contestó "ahora" y él cuenta que no le daban los dedos para marcar.

Entre mate y mate surgió el amor

Decidieron juntarse a tomar algo y él la invitó a su casa. Ella recuerda con una sonrisa que fueron "mates imaginarios"; de lo nervioso que estaba se tomó todos y no le cebó ni uno. Se fue con la garganta seca pero feliz: él le habló, la escuchó, le aconsejó que salga a caminar por la costanera, a pasear por la ciudad y hasta se ofreció de acompañante. Además, fue en ese encuentro que se enteró que el anillo que tanto la había desilusionado no era una alianza sino una alhaja sin importancia.

Juntos en el cumpleaños de Rubén
Juntos en el cumpleaños de Rubén. Foto: LA NACION

Rubén ya no sabía que hacer para conquistarla, había jugado todas sus cartas y era evidente que estaba entregado. El próximo paso debía darlo ella.

Pasaron cuatro días hasta que una tarde cualquiera Verónica juntó coraje y le escribió: "Al final te hice caso, salí de casa y me vine a la costanera con una amiga". Pero la coincidencia del primer encuentro no se repitió, él había viajado para hacer unos trámites a Capital Federal e iba a tardar unos días en regresar. Desde ese momento no pararon de cruzar mensajitos y apenas volvió decidieron salir.

Para ese entonces, todo el entorno de Verónica había percibido que a ella se le iluminaba la cara cuando hablaba del comisario. Incluso sus amigas apodaron la relación antes de que se concrete. "Son la ley y el orden", le decían.

Finalmente el 22 de diciembre se encontraron a tomar algo y nunca más se separaron. Fue la cita perfecta. Conversaron de todo y de nada. A los cuatro meses decidieron convivir y al poco tiempo Verónica quedó embarazada. Hoy tienen mellizas de tres meses y dicen que nunca se imaginaron que podían ser tan felices.

Las mellizas de tres meses
Las mellizas de tres meses. Foto: LA NACION

Rubén cuenta que Verónica lo rescató, que apareció para decirle que siempre hay que creer en el amor. Ella dice que el que la rescató fue él. Aunque el actor principal, y acá los dos coinciden, fue el destino. Porque el amor puede aparecer en cualquier parte. Incluso, en la puerta de tu casa.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos acá.

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