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La cultura gay, ¿un faro para las relaciones del siglo XXI?

Anticipó Tinder, puso de moda zonas urbanas, rige la moda y, ahora, propone una nueva frontera sentimental

Sábado 05 de noviembre de 2016
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PARA LA NACION

"Si van los gays, es porque ese lugar está muy bien", suele decirse en charlas informales para referirse a un restaurante de moda, un destino turístico, un paseo de compras o un barrio en auge. "La tienen clarísima, no histeriquean, son directos cuando alguien les gusta y hasta se permiten estar en una relación abierta sin culpas", son otras de las frases que se escuchan en relación al mundo gay y su comportamiento frente a los vínculos amorosos. Lejos de caer en encasillamientos o estereotipos, los hechos demuestran que ahí donde la comunidad gay pone el ojo, toma un hábito, elige un producto o se instala en un barrio, planta bandera de un pequeño fenómeno que con el tiempo se expande a un sector más amplio de una sociedad siempre en busca de nuevas tendencias.

Históricamente, el mundo gay ha marcado tendencia en la moda con los grandes diseñadores que imponen desde sus colecciones lo que se va a vender en las tiendas departamentales y marcas masivas.

Foto: Javier Joaquín

"Desde siempre el hombre gay marcó tendencia, no por su condición o preferencia sexual, sino porque siempre fue más osado que el heterosexual. Creo que el estar mucho más conectado con su parte femenina (que tenemos todos los varones) lo hace mucho más sensible y abierto a cuestiones de la estética, el cuidado personal, los cambios". Así abre el juego Gustavo Samuelian, creador de Bolivia, la marca de ropa. El Turko, como se lo conoce en el ambiente fashion, es heterosexual pero apela a la ambigüedad en cada una de sus creaciones y en sus fotos de Instagram, donde se lo puede ver con las uñas pintadas de negro o usando prendas de mujer con una impronta masculina bien definida. Siempre que da una entrevista, el diseñador es tajante: "Los gays tienen la posta", arriesga, dejando en claro que sus colecciones, si bien son exitosas entre el público straight, encuentran inspiración en un segmento más creativo -y reducido- para luego llegar al público masivo. "Todo en el mundo gay es más onírico, mucho más teatral, más para afuera; eso hace que sea llamativo, que tenga elementos distintos, disruptivos", explica, aunque se apura en dejar claro que no le gustan los encasillamientos. "Creo que el tema del mundo gay y el mundo hétero en unos años va a dejar de existir, la gente va a ser sólo gente. Los referentes que tengo son de todos los mundos, más allá de sus preferencias sexuales".

En el ensayo A Queer History of Fashion: From the Closet to the Catwalk (Historia queer de la moda: del clóset a la pasarela), Valerie Steele explica que desde hace tres siglos los hombres gays de Inglaterra y Francia han influenciado la moda. "No se podría tener una historia de la moda moderna sin ellos", afirma. "La mayoría de los diseñadores más importantes han pertenecido a esta comunidad: Balenciaga, Dior, Versace, Yves Saint Laurent, Gaultier, Armani, John Galliano, Tom Ford, Marc Jacobs, Michael Kors, Alexander McQueen... es difícil repasar los grandes diseñadores que no lo son. No es solamente la importancia de estos diseñadores en la creación de estilos que luego se vuelven masivos, sino también la de aquellos gays que han liderado tendencias, desde Marlene Dietrich cuando se ponía ropa masculina hasta las comunidades queer que han desarrollado estilos locales, como el de las prendas de cuero, que luego influenciarían la moda mundial", define.

Contactos modernos

En las relaciones de pareja, los "permitidos" son algo común en el ámbito gay, y esto se está dando cada vez más en el universo straight. La libertad del mundo gay es muy codiciada en la sociedad heterosexual, que adopta prácticas y conductas históricamente habituales en la comunidad queer. Grindr, la primera aplicación de encuentros amorosos para el público gay que funcionó como antesala de Tinder, revolucionó el mercado de citas por su sistema de geolocalización y la posibilidad de "quedar" con alguien que se encontrase cerca de nuestro radio de acción. Cuando vio la luz en el año 2009, quienes se enteraban de que su amigo gay podía buscar a otros hombres a pocos metros del bar o del gimnasio o de donde fuera que estuviese quedaban estupefactos (y maravillados) con esta aplicación.

Por ese entonces, muchos pensaron que se trataba de una cosa de gays depredadores en busca de sexo constante con desconocidos, hasta que Tinder se instaló en sus smartphones y esa conducta antes vanguardista y algo alocada pasó a ser de uso de cotidiano entre solteros, solteras y casados de trampa en busca de acción. Tinder fue lanzada tres años más tarde que Grindr -en agosto de 2012-, y es actualmente considerada una de las aplicaciones de citas más importantes del mercado digital, con más de 50 millones de usuarios.

"En materia de «experimentos» (se trate de una aplicación de citas, maneras de pensar el propio cuerpo, los vínculos afectivos o proyectos urbanísticos), lo que se verifica es que la cultura homosexual (que como tal no debería existir) es el campo de experimentación para negocios que luego se universalizarán", explica el escritor Daniel Link, introduciendo un concepto que podría resultar válido para encontrar el origen de muchas vanguardias: colocarse al costado, pertenecer a un ámbito de marginalidad (en el mejor sentido del término), sentirse libre para innovar desde un lugar de menor prejuicio o preocupación por la mirada del otro puede propiciar la creatividad, la astucia o el atrevimiento de crear nuevas conductas que en una primera instancia pueden resultar casi perturbadoras -o demasiado geniales- para el común de la sociedad. Así como lo fue Grindr en su momento, para luego transformarse en algo habitual en ámbitos antes impensados.

En busca de una respuesta sociológica, Daniel Link teoriza sobre este fenómeno: "La capacidad de invención no está definida por la inclinación sexual, pero sin embargo sucede que el carácter subalternizado de los comportamientos y relaciones homosexuales es vista como el campo propicio para probar y ver qué onda. Una vez que el experimento se ha revelado exitoso, las personas que funcionaron como cobayos son expulsados hacia un más allá", sentencia.

Poner el ojo

"A diferencia de otras grandes capitales, en Buenos Aires la comunidad gay no está segregada a un barrio específico sino que convive como parte de un colectivo del que todos somos parte", explica Juanjo Mendez, secretario de Transporte de la ciudad de Buenos Aires y político rupturista desde su biografía en las redes sociales (juanjom en Twitter), donde se presenta, para sorpresa de muchos, como "felizmente casado con Ricardo Delgado". Más allá de esta integración porteña, lo cierto es que tanto en Buenos Aires como en el resto de las grandes capitales de Occidente la comunidad gay también marca tendencia en materia urbanística.

"La comunidad LGBT tiene facilidad para adaptarse a un entorno, y siempre que se ha instalado en un barrio lo ha reconvertido de manera positiva. Básicamente por estar siempre en la búsqueda de mejorar e integrar todo lo que nos rodea, es algo innato nuestro. Y lo hacemos a través del diseño, de incorporar actividades culturales y oferta gastronómica y un montón de cosas que nos salen naturalmente bien. Estamos siempre queriendo generar comunidad con el barrio y por eso lo mejoramos, porque somos un motor de impulso", puntualiza el secretario de Transporte de la ciudad.

Barrios segregados como el Meatpack District de Nueva York, Dalston en las afueras de Londres (y hasta el mismo Soho de esa ciudad, remontándonos a varios años atrás) o Wynwood y el Downtown en Miami eran sitios marginales en los que la comunidad gay fue instalándose con todo su esplendor de arte y diseño, para luego ser copados por hispters y más tarde terminar poniéndose de moda. Algo similar sucede con el turismo, un negocio también guiado en parte por las tendencias y los destinos que se ponen de auge. Ciudades como Sidney, Chicago, Tokio o incluso Buenos Aires son spots de moda en el mundo gay que luego fueron trasladándose al segmento del lifestyle straight.

La situación DINK (double income no kids) de gran parte de la comunidad gay hace que este segmento gaste en viajes un 60% más que otros hogares. "No es un grupo homogéneo, pero en materia de turismo marca tendencias", sostiene un artículo publicado recientemente en el diario El País de España. Según estudios realizados por Community Marketing, el 45% de los gays están en cargos profesionales o son dueños de sus empresas. Si bien consumen más, también son más atentos al valor del producto, lo que genera una suerte de testeo de calidad en bienes de consumo relacionados con el lifestyle que crea tendencias.

A modo de anticipo, nos preguntamos: ¿qué conductas actuales de la comunidad gay pueden verse reflejadas en un futuro cercano en el resto de la sociedad? La libertad sexual está en alza, y los encuentros casuales que resultan motivo de gracia y orgullo en el mundo queer son cada vez más codiciados -aunque en silencio- por hombres y mujeres straight.

Exponer en redes un encuentro sexual con una mujer podría resultar ofensivo para ella o para él, mientras que si un hombre lo hace con otro de su mismo género se toma como algo envidiable y divertido. Esta conducta, en nuestro contexto, probablemente cambie con el tiempo y esa inhibición quede en el olvido. Otra costumbre históricamente gay que tiende a encontrar adeptos es el hecho de valorar la soledad y la libertad.

Ese temor gay de terminar solo puede convertirse en un valor: no estar en pareja, no formar una familia y vivir en un lugar pequeño (una tendencia arquitectónica en alza) son señas negativas que pueden transformarse en positivas si se valora la libertad sexual, la posibilidad de viajar con frecuencia, renunciar a los mandatos, elegir a los amigos como familia y priorizar el individualismo y el hedonismo frente a las obligaciones de la vida familiar heterosexual.

La creencia de que si los gays van a un lugar es porque cumple con ciertos requisitos estéticos y de calidad tiene, más allá de los estereotipos, un sustento histórico y estadístico. Y siendo prácticos -aunque obvios-, a la hora de elegir, un spot de moda, ¿quién no llama a su mejor amigo gay?

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