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Susan Sontag: una intelectual en el mundo

A doce años de la muerte de la autora de La enfermedad y sus metáforas y Contra la interpretación se edita una nueva biografía, que pone en contexto el inusual lugar que ocupó en las letras norteamericanas gracias a su compromiso político y estético

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LA NACION
Martes 08 de noviembre de 2016 • 15:37
Susan Sontag
Susan Sontag.
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En 2016 se cumplirán doce años sin Susan Sontag, la intelectual estadounidense de mayor alcance público en la segunda mitad del siglo XX. Erudita, sofisticada, con sentido del humor y consciente de la importancia de su propia voz, Sontag dejó una obra literaria, valiosos ensayos sobre arte, literatura y vida, y acciones estéticas y políticas concretas en el escenario global. Tal vez es falso sostener que éstos no sean tiempos de intelectuales sin ansias de intervención en las discusiones sociales; quizá lo que faltan son intelectuales con la convicción, el rigor y el sentido del riesgo para hacerlo. Susan Sontag fue una de esas intelectuales. Nació en 1933 en Nueva York, creció en Arizona y en Los Ángeles, y estudió, y luego también fue docente, en varias de las más prestigiosas universidades de su país.

En algún momento sus ideas fueron juzgadas como extremistas (en otros, como demasiado liberales), pero Sontag, en Estilos radicales, su libro de ensayos sobre artistas y pensadores del siglo XX como Jean-Luc Gordard, Émile Cioran o Samuel Beckett, reivindicó la fuerza del radicalismo en el arte. "En la actualidad toda tendencia estética interesante es una suerte de radicalismo. La pregunta que debe formular todo artista es la siguiente: ¿Cuál es mi radicalismo, el que me dictan mis dotes y temperamento? Esto no significa que todos los artistas contemporáneos crean que el arte progresa. Una posición radical no es necesariamente una posición que mira al futuro", escribió.

Sontag se opuso a la guerra de Vietnam, denunció las atrocidades militares en la guerra de los Balcanes, fue defensora de las luchas de oprimidos en diversas regiones del mundo. "Lo que produce el auténtico cambio revolucionario es la experimentación compartida de sentimientos revolucionarios, no la retórica, ni el descubrimiento de la injusticia social, ni siquiera el análisis inteligente, ni tampoco ninguna acción considerada en sí misma. En realidad, se pueden malograr 'oralmente' las revoluciones, mediante una desproporción entre la conciencia y la verbalización, por un lado, y la magnitud de la voluntad práctica, por otro." Esa frase magistral no encabeza ninguno de sus libros de ensayos y reflexión filosófica; es la nota al pie de un posfacio.

La lectura de los libros de Sontag también depara sorpresas de estilo, de una imaginación que crecía a la par de los acontecimientos históricos, sociales y artísticos de la época en la que le tocó vivir. ¿No es "Notas sobre el camp", su ensayo incluido en Contra la interpretación, un texto precursor del posmodernismo? Su obra, se ha dicho, se caracterizó por unir la seriedad ética con la sensibilidad estética en el análisis y la promoción de las transformaciones humanas.

Una intelectual a la francesa

Mariana Dimópulos, escritora y traductora argentina, tradujo hace poco la biografía de Sontag escrita por Daniel Schreiber, titulada Susan Sontag. Intelectualidad y glamour. El libro, publicado por el sello chileno Tajamar, ha comenzado a distribuirse en librerías argentinas. "Sontag se propuso encarnar, para Estados Unidos, la figura del intelectual que había conocido en Francia, y que logró practicar bajo ese y otros modelos europeos -dice Dimópulos-. Niña prodigio y ferviente lectora, supo combinar como pocos de sus predecesores y sucesores el ejercicio del pensamiento crítico y la explotación pública de la propia figura. Esa enorme visibilidad mediática le valió más de una condena. Sontag quería, ante todo, ser contemporánea de su presente, participar en las discusiones que consideraba más actuales." Dimópulos considera que ése es el momento más riesgoso para cualquier intelectual. "También puede ser especialmente productivo, porque lo obliga a salir de la seguridad de la bibliografía y de la cita de autoridad, tiene que ir a trabajar sobre los materiales. Pero los objetos son difíciles de ordenar, generan su resistencia, están bajo tornasol. Sontag trabajó con todo compromiso con sus materiales, que fueron cambiando. Ese afán de lo actual no la sustrajo al problema de las modas teóricas, en las que cayó más de una vez. Pero su agudeza parece siempre haberla rescatado. Fue, ante todo, una ensayista y una comunicadora." ¿Cuánta actualidad posee el pensamiento de la autora de Yo, etcétera? "Benjamin decía: la teoría es del hoy. Eso no siempre significa que el hoy sea igual a lo más visible y a lo más vendible. Esta doble dimensión de su personalidad, explotada a sabiendas tanto por ella como por sus editores, está perfectamente retratada en la biografía de Daniel Schreiber. Su biógrafo, tal como él mismo reconoce, no ha caído necesariamente en la fascinación por su retratado. Esa ambivalencia le resulta productiva."

Susan Sontag
Susan Sontag.

Sontag entre nosotros

Gabriela Massuh, escritora e intelectual argentina que participa en las discusiones públicas más allá de lo que hacen otros (apoyar a tal o cual candidato de un partido político o rasgarse las vestiduras en medios), dijo a La Nación: "Respeto mucho a Sontag y su deslumbrante labor intelectual. La respeto, además, porque fue objeto de admiración de dos grandes mujeres argentinas: Victoria Ocampo y María Elena Walsh. Victoria conoció a Sontag en 1975 a través de Edgardo Cozarinsky en París. A partir de ese encuentro no dejó de leer sus escritos y, feministas ambas, comprometidas por la igualdad y liberación de la mujer, Victoria escribió ese mismo año: 'Susan Sontag vivía lo que yo había pensado antes de nacer ella. Y por añadidura está mejor instrumentada que yo para comunicar sus pensares. Esto, aparte del talento'." Para María Elena Walsh, cuenta Massuh, el libro de Sontag La enfermedad y sus metáforas fue imprescindible durante todo el proceso del cáncer que la atacó en 1981. "Lo leía incansablemente y lo citaba. Durante mucho tiempo el libro estuvo dando vueltas en su casa: en la cabecera de su cama, en la mesa del living, sobre su escritorio. María Elena, tan disruptiva y urticante al momento de aceptar así como así el veredicto de los médicos y su estrategia de curación, se consoló durante años con ese libro que le enseñó cómo confrontarse con el mundo galeno. Comprendió que la metáfora de la enfermedad no era sólo una figura retórica, sino también, y sobre todo, un mecanismo epistemológico totalitario del lenguaje cotidiano."

La obra de Sontag está disponible en la Argentina, a precios accesibles, en colecciones de libros de bolsillo. Títulos como Sobre la fotografía y Ante el dolor de los demás sitúan al lector en el centro de discusiones contemporáneas sobre el arte, la ética y el deseo de transformar el mundo.

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