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Todo el poder en sus manos

Trump tendrá un poder que le permitirá deshacer el legado de Barack Obama

Jueves 10 de noviembre de 2016
LA NACION
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La figura de Trump en el Empire State
La figura de Trump en el Empire State. Foto: DPA

NUEVA YORK.– Donald J. Trumpgobernará con el Congreso en manos de los republicanos, un poder que le permitirá deshacer el legado de Barack Obama e imprimir un profundo giro en el rumbo del país que repercutirá en el mundo y que puede trascender su presidencia. Gozará de un amplio margen de maniobra, similar al que tuvo George W. Bush entre 2002 y 2006.

O incluso el propio Obama durante los dos primeros años de su presidencia. Deberá negociar su agenda con el establishment republicano, al que denostó en campaña. Tienen un objetivo común: borrar los últimos ocho años.

"El legado de Obama quedó comprometido, por eso fue tan firme en la campaña", dijo Julian Zelizer, historiador y profesor de la Universidad de Princeton.

Junto con Obama, el vicepresidente, Joe Biden; la primera dama, Michelle Obama; el senador socialista Bernie Sanders, rival de Hillary Clinton y gestor de un movimiento similar al que llevó a Trump al triunfo, y la senadora Elizabeth Warren, una de las figuras más populares de los demócratas, movieron cielo y tierra para que su candidata alcanzara la Casa Blanca. Hillary ganó el voto popular, pero perdió el mapa electoral, al igual que Al Gore en las elecciones de 2000.

Durante las últimas semanas de la campaña, los demócratas se habían preocupado por advertir sobre las consecuencias de una derrota.

"Todo el progreso que logramos en los últimos ocho años está en la boleta", había advertido Obama en campaña.

No era una exageración.

Trump sedujo a millones con la promesa de deshacer la presidencia de Obama. Prometió construir un muro en la frontera con México, renegociar acuerdos de libre comercio, restringir la inmigración, deportar a millones de extranjeros indocumentados, recortar impuestos a empresas y familias -beneficiando a los más ricos-, reforzar las fuerzas armadas, reformar la OTAN y estrechar relaciones con Moscú y Tel Aviv, que luego de años de cortocircuitos con Washington enviaron mensajes amistosos al presidente electo.

El levantamiento del embargo a Cuba quedó mucho más lejos. Trump ha respaldado la apertura con la isla, pero prometió ser más duro que Obama. El presidente de Irán, Hassan Rohani, ya se preocupó en advertir que el acuerdo nuclear con las potencias occidentales es intocable.

El principal legado interno de Obama, su reforma de salud, que les dio seguro médico a 20 millones de personas, tiene sus días contados. Los republicanos en el Congreso cuentan ahora con un presidente dispuesto a firmar su acta de defunción.

La lucha contra el calentamiento global dará marcha atrás. Trump prometió cancelar el acuerdo climático de París y volver a alentar la extracción de combustibles fósiles, incluido el carbón, el más contaminante de todos. Además, podrá anular regulaciones impuestas por Obama a través de la Agencia de Protección Ambiental. Trump ha prometido simplificar las regulaciones para favorecer los negocios.

El paraguas que Obama colocó por decreto sobre millones de inmigrantes indocumentados también puede desaparecer con un decreto firmado por Trump.

Un dato: las acciones de CoreCivic y el Grupo Geo, los dos operadores de cárceles privadas más grandes del país, registraron ayer subas de dos dígitos. Su principal negocio es el encarcelamiento de extranjeros en vías de deportación.

Trump puede imprimir cambios que trasciendan su presidencia al alterar por años el equilibrio ideológico de la Corte Suprema de Justicia nombrando tres jueces conservadores.

La Corte Suprema ha dejado una marca profunda en la sociedad norteamericana en temas sensibles como el aborto, el matrimonio gay, el financiamiento de la política y la inmigración. La derrota de Clinton hizo añicos el sueño de los demócratas de crear una mayoría progresista en el máximo tribunal por primera vez en medio siglo.

Dos de los jueces progresistas, Ruth Bader Guinsburg y Stephen Breyer, tienen, respectivamente, 83 y 78 años. Y el juez Anthony Kennedy, que suele decidir en los fallos divididos entre los jueces progresistas y conservadores, tiene 80 años.

Ya Trump nombrará un juez, al seleccionar al reemplazante de Antonin Scalia, que murió a principios de este año. Los republicanos nunca quisieron darle una audiencia al candidato de Obama, el juez Merrick Garland.

Medio Estados Unidos, derrotado, ya está en pie de guerra. La poderosa Asociación Americana pcor los Derechos Civiles, que lideró la batalla judicial para legalizar el matrimonio gay, comenzó una campaña para recolectar fondos. "Nos veremos en tribunales", fue el mensaje en Twitter, acompañado de una fotografía de Trump.

Festejos en Eslovenia

A miles de kilómetros de Estados Unidos, la pequeña localidad eslovena de Sevnica festejó el triunfo de Trump y se mostró orgullosa de que su antigua vecina Melania Trump sea la futura primera dama del país más poderoso del mundo. "En Sevnica estamos muy contentos de que una mujer de aquí, Melanija Knavs, haya llegado a ser primera dama", declaró el alcalde de esta ciudad eslovena, Srecko Ocvirk.

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