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Ese lugar donde nacen las ideas

Julián Gallo

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PARA LA NACION@gallo1
Domingo 13 de noviembre de 2016
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Cuando vi la foto de Matías Garfunkel y su esposa Victoria Vanucci posando junto a un león muerto en una cacería sentí lo mismo que la gran mayoría de las personas: una mezcla derechazo, bronca y pena. Me resulta inaceptable, como ahora le pasa a la mayoría de las personas, ver que alguien mata a un animal por diversión. Aunque me gustaría pensar que esos sentimientos son auténticamente míos y que siempre los tuve, tengo que reconocer que no son ni míos ni antiguos; pertenecen a la época y, en gran medida, se deben a mi exposición cultural a los contenidos de Internet que moldean mis valores con lentitud, pero incesantemente.

El cambio cultural que se produjo en el último siglo con respecto a los derechos de los animales fue progresivo, pero gracias a Internet en la última década tuvo una aceleración fulminante. Sin embargo, el repudio a la cacería de animales nunca fue parte a la agenda de los medios, que eventualmente cubrieron episodios relacionados con los animales, pero que nunca tuvieron una intención formativa al respecto. No fueron las noticias ni los medios los que produjeron este cambio cultural; fue la novedosa disposición que adquirieron distintos grupos activistas primero y luego la gente en general para cambiar para siempre lo que sentimos por los animales. La famosa frase de Paul McCartney “si los mataderos tuvieran paredes de cristal todos seríamos vegetarianos” es ahora real en muchos temas. Internet le puso paredes de cristal a la cacería, a los zoológicos, a las carreras de galgos y a innumerables temas fundamentales que van más allá de los derechos de los animales.

Ahora, la creación de ideas y valores parece haber dejado de estar sólo en manos de los medios y la maquinaria cultural. Simplemente surgen, como si manaran de un lugar desconocido. Esa fuente es la Red y su imponente capacidad de propagar ideas y sincronizar el castigo ejemplar a aquellos que se resisten a reconocer sus mandatos.

Con frecuencia se cree que esta capacidad de aceleración que tiene Internet sobre lacultura produce sólo cambios positivos, que nos orientamos hacia una sociedad mejor. Es una posición ingenua. Porque los mismos instrumentos y capacidades de comunicación que hoy nos llevan a pensar que cazar animales por diversión está mal, alientan en otros grupos el rechazo a lo distinto, el odio a las minorías; fomentan las culturas destructivas, como las que estimulan el consumo de alcohol, la delgadez extrema que culmina en anorexia, la difusión de las técnicas de suicidio , la sincronización del bullying.

El psicólogo Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía, explica que los medios son los creadores de las llamadas “cascadas de disponibilidad afectiva”, una condición por la cual una exagerada sucesión de noticias sobre un tema distorsiona nuestra capacidad de discernir la realidad y tomar decisiones correctas. Esa afirmación es del año 2002. Hoy, el contenido en Facebook y otras redes sociales es la cascada misma, el torrente de disponibilidad desde donde surge gran parte de lo que pensamos y sentimos. Estamos, para bien o mal, a merced de nosotros mismos.

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