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De la primaria al secundario: un salto que provoca estrés en los chicos

Más profesores y una nueva dinámica son los problemas que enfrentan; un curso nivelatorio busca atenuar el impacto

Viernes 11 de noviembre de 2016
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LA NACION
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El curso de adaptación de dos meses que recibió Santiago, de 14 años, cuando estaba por terminar séptimo grado el año pasado fue el impulso necesario para encarar la secundaria. Durante noviembre y diciembre, por iniciativa de su colegio, cursaba una hora y media por semana y, dice, fue la clave para sobrellevar el ingreso al secundario, que en muchos casos, como señalan los especialistas consultados por LA NACION, se suele vivir con estrés.

Como Santiago, otros 20.300 chicos de todas las escuelas públicas de la ciudad que este año terminan séptimo grado y el próximo empiezan la secundaria tomarán un curso de articulación para aminorar el brusco pasaje del nivel inicial al medio. Según lo anunció el gobierno porteño ayer, será obligatorio y durará 10 días. Así, entre el 20 de febrero y el 3 de marzo, los chicos cursarán tres horas por día tres materias: matemática, lengua y metodología de estudio. En relación con el resto, empezarán las clases dos semanas antes.

En la transición de la primaria a la secundaria influyen factores sociales, psicológicos y académicos. Y como el cambio se da en plena adolescencia, el cimbronazo tiene un fuerte impacto en los chicos. Aumentan la exigencia y el sentido de la responsabilidad, se pone en juego la capacidad para adaptarse a un contexto diferente y aparece un nuevo escenario en el que los estudiantes pasan, sin solución de continuidad, de tener dos o tres maestros a más de 10 profesores.

La ministra de Educación de la ciudad, Soledad Acuña, explicó a LA NACION que una de las grandes fallas del área es la falta de articulación de contenidos entre la primaria y la secundaria. Según pudo comprobar la funcionaria, los dos primeros años del nivel medio generan una mayor dificultad para los alumnos. "El promedio general de abandono es de cinco puntos, y en primer año, de siete. Lo mismo se registra en el caso de la repitencia", indicó. El curso servirá como un repaso y una revisión de técnicas de estudio.

Para Agustina Cavanagh, directora de la fundación Cimientos, que promueve la igualdad de oportunidades educativas, el sistema argentino tiene algunos puntos críticos. "La transición entre niveles es uno de ellos", señaló. Y agregó: "Muchos describen este proceso con una imagen: los alumnos pasan de ser cabeza de león a cola de ratón. Esto supone un proceso de ajustes y adaptación a un contexto nuevo".

El curso, señaló Acuña, posee un componente de equidad, porque los chicos acarrean problemas de la escuela primaria. La idea es que todos lleguen al primer año lo mejor preparados posible. Antes, las escuelas de la ciudad tenían un solo día de inmersión para los chicos que ingresaban en la secundaria.

Algunos especialistas descreen de la eficacia que pueda tener la medida. "El paso a primer año es terrible porque marca el fin de la infancia. Primer año debería ser como preescolar y primer grado, transicional. No creo que este curso cambie algo", admitió Liliana Verónica Moneta, psicoanalista y psiquiatra infanto-juvenil y miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

Para la secretaria de Políticas Educativas del municipio de la Matanza e investigadora del Conicet Silvina Gvirtz, la integración debería darse mucho antes que en febrero. "Siempre ha sido una transición compleja. Y creo que el proceso de integración debería comenzar incluso antes, en el último año de la escuela primaria", dijo. Sin embargo, reconoció que la medida es positiva.

Según Alejandra Scialabba, directora de la consultora educativa Diéresis, muchos padres buscan que sus hijos vayan a secundarios exigentes, que los preparen para la universidad. Además, explicó que este sistema no es nuevo, porque varios colegios privados ya lo implementaron. "Es positivo porque les permite ingresar al colegio, conocer el lugar y a sus compañeros sin la presión de compartir espacio con el resto de los alumnos mayores."

"Nuestra agenda educativa es muy ambiciosa, con esto logramos 200 días de clases. La secundaria los tiene que formar para adaptarse al mundo y a los distintos cambios", concluyó Acuña.

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