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Tiempo de "soltar"

La palabra de moda, tanto en tatuajes como en actitudes, ejemplifica un modo de pensar que se propaga: animarse a dejar de lado objetos, hábitos y hasta personas

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LA NACION
Sábado 12 de noviembre de 2016
Pía Martínez Silveyra y un tatuaje que le recuerda la importancia de no aferrarse a situaciones o personas
Pía Martínez Silveyra y un tatuaje que le recuerda la importancia de no aferrarse a situaciones o personas. Foto: Marcelo Gómez
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Empezó deshaciéndose de lo tangible. Ropa, muebles, computadora, impresora, tablet. Algunas cosas las regaló, otras las vendió. Y a medida que se desprendía de lo material, empezó a sentirse más liviana. Esa levedad la animó a ir por más. Hoy Sabrina Olmedo, psicóloga de 33 años, puede decir con orgullo, después de algunos años de ponerlo en práctica de manera sistemática, que aprendió a "soltar". Y que ese aprendizaje, asegura, la volvió una persona más feliz.

Soltar. La palabra de moda, la que se tatúan en la piel desde celebrities como Guillermina Valdés -después de una breve crisis y separación de Marcelo Tinelli-hasta personas que hacen de ese soltar un verdadero estilo de vida o simplemente lo llevan como una suerte de amuleto. Con raíces budistas, el concepto es acuñado por distintas corrientes filosóficas, espirituales y psicológicas y sirve para ejemplificar un modo de pensar que implica dejar de lado todo lo que incomoda o causa sufrimiento: desde objetos hasta hábitos, situaciones y personas. Es tiempo de soltar.

"El proceso empezó por los objetos. Pero fue sólo el comienzo. Obvio que es difícil deshacerte de tu remera preferida que te regaló tu papá o de tus muebles. Ni hablar de las relaciones. Pero cuando dejás ir ciertas cosas o personas, estás abriendo un espacio a algo nuevo. Si superás la angustia inicial que te provoca la incertidumbre de soltar, el efecto es sanador", asegura Sabrina, que desde hace años decidió vivir en modo "zen": con lo mínimo indispensable. "El minimalismo es una idea que cada día se instala más en mi vida y disfruto del trabajo de desprenderme de mis cosas. Es un proceso de duelo y que implica desapegarse de los objetos y las personas porque el apego causa sufrimiento. Para dejar ir, ayuda saber que todo tiene un ciclo. Si un objeto te genera incomodidad o una persona te hace mal, ¿para qué conservarlos? Al soltar, la vivencia es de libertad absoluta", describe.

El psiquiatra Jorge Rovner, director del centro de Psicoterapia Zen y autor del libro Saber soltar, vivir feliz sostiene que en esta sociedad dejar ir se ha vuelto una necesidad. "No creo que sea sólo una moda. En el fondo es una necesidad, la gente viene a verme buscando vivir más liviano porque se ha dado cuenta de que cuanto más tiene, no es más feliz -plantea-. Lo que ocurre es que hemos sido entrenados en el apego, en la posesión. El budismo establece, por un lado, la impermanencia de las cosas. Todo cambia, si no aprendemos a soltar eso nos va a soltar a nosotros; y por otro lado que uno es portador de algo, no su poseedor. Cuando comprendemos estos dos principios, soltar es más fácil".

Después de dejar los carbohidratos, Emiliano Viana soltó las zapatillas y corre descalzo
Después de dejar los carbohidratos, Emiliano Viana soltó las zapatillas y corre descalzo. Foto: Marcelo Gómez

Desde que adoptó la filosofía de soltar como modo de vida. Sabrina Olmedo reconoce que todo en su ser fluye de manera diferente. "Te sentís liviana. Hace un tiempo hice el clic. No estaba contenta, había mucha gente tóxica a mi alrededor -recuerda-. Después de un largo proceso entendí que no apegarse no es no querer; significa no quedarme aferrada a una persona, a pensamientos o cosas que no me hacen bien. Es querer sin que tu vida dependa de él o de ella. No es no sentir nada, es tener relaciones más sinceras y genuinas", define.

La coreógrafa Pía Martínez Silveyra tuvo la revelación en un viaje a Europa, hace tres años. Mientras recorría el Viejo Continente con la única compañía de su mochila y un cuaderno, empezó a escribir. Y de pronto, sentada en una terraza de Barcelona, dos días antes de pegar la vuelta, se dio cuenta de que había una palabra que se repetía casi en todas las páginas del cuaderno. Era "soltar". "En ese viaje empecé a conectarme conmigo y la palabra soltar aparecía mucho, en casi todas las páginas, en el texto y hasta dibujada con distintas tipografías. Fue un pensamiento que se apoderó de mí. Empecé a darme cuenta de situaciones y personas a las que estaba aferrada y sentí que era el momento de dejarlas ir para hacerles lugar a otras nuevas", relata Pía, que tiene 28 años y dirige una academia de comedia musical en San Isidro.

A diferencia de Sabrina, Pía no se sentía infeliz, no atravesaba una crisis personal ni buscaba un cambio radical, aunque sí la invadía cierta sensación de agobio. "Estaba atrapada en el día a día, contenida. En el viaje empecé a descomprimir y la palabra «soltar» apareció", recuerda. En esa terraza de la capital catalana decidió que iba a tatuarse esa significativa palabra en su muñeca izquierda, a modo de recordatorio. "Es para tenerlo a mano, para verlo y recordarme día a día que tengo que dejar ir, no quedarme estancada o trabada en una determinada situación -reconoce-.Suelo aferrarme mucho a ciertas situaciones o personas, y entonces necesito de algo que me recuerde que tengo que soltar. Es algo que trato de ejercitar a diario. Sobre todo con cuestiones relacionadas con la profesión porque suelo tomar un montón de responsabilidades, sobre todo a fin de año, y por momentos me encuentro abrumada. Entonces miro el tatuaje y me digo «tenés que soltar». Y suelto".

Sabrina Olmedo hizo del soltar un estilo de vida: se desprende de objetos en forma sistemática
Sabrina Olmedo hizo del soltar un estilo de vida: se desprende de objetos en forma sistemática. Foto: Marcelo Gómez

Vivir desapegado

A principios de este año, la reconocida fotógrafa Gaby Herbstein volvió a sorprender con la muestra Estados de conciencia, su trabajo más introspectivo. Con tintes surrealistas, cada una de las imágenes era acompañada de una frase. Una de las fotos más impactantes de la muestra era la de una mujer atada al cielo con sogas que están a punto de desgarrarse. Abajo, el mensaje: "Aprender a soltar". En su rostro no hay temor. Hay paz. Y expectativa por lo que va a pasar. Pero en general, soltar da miedo. "Estás dejando un espacio para algo que no sabés qué es. Soltar es incertidumbre, da ansiedad e inseguridad. Con los objetos, soltar suele ser más sencillo. Pero en el caso de las relaciones, hábitos y cuestiones intangibles, como la fama, el prestigio o el poder, se complica mucho más", asegura el psiquiatra Jorge Rovner, que insiste en que la clave para soltar de forma auténtica es "vivir lo menos apegado posible a las cosas y a las personas. El compromiso verdadero no es posesión. Cuando pienso que algo o alguien es mío, coarto su libertad. Lo cosifico. Eso no es amor".

Eso mismo plantea Virginia Gawel, psicóloga y directora del Centro Transpersonal de Buenos Aires: "Para soltar hay que practicar el desapego apasionado. Cuando se ama desapegadamente, lo hacés sabiendo que esa persona, mascota u objeto no es tuyo, no lo poseés. Desapegarse es un modo de mirar la vida, de estar atento a soltar hábitos, situaciones y hasta expectativas que no son buenas. Soltar no significa no tomar nada de la vida, sino elegir sólo lo que es bueno para nosotros y desarrollar pequeños hábitos de felicidad", plantea Gawel y advierte sobre el uso casi esnob que se hace de este concepto. En las redes sociales "soltar" es usado para todo, incluso de modo algo irónico y hasta peyorativo.

"Soltar sin duda es el tema del momento, pero lamentablemente acá se hace un uso muy aguado, está como diluido, le falta densidad. Y entonces se confunde con falta de compromiso. Y es todo lo contrario, es amar apasionadamente pero sabiendo que si el otro se derrumba yo no me derrumbo porque ese otro nunca fue mío", observa la directora del Centro Transpersonal de Buenos Aires.

Pero no sólo las relaciones cuesta soltar. También están los hábitos nocivos como fumar, que suele rankear en primer lugar. Y también cuesta soltar los que se creían saludables. Durante gran parte de sus 38 años Emiliano Viana fue el "chico gym": metódico, ordenado y con una alimentación light, baja en grasas y alta en carbohidratos para obtener la energía necesaria para entrenar. Pero no se sentía bien. "Me estaba enfermando, me sentía mal. Empecé a investigar y vi un video que explicaba de forma muy sencilla los beneficios de la grasa en la dieta y un programa de entrenamiento más divertido, en una plaza, al aire libre, sin ir al gimnasio. Solté las harinas y las reemplacé por proteínas y probé la dieta paleo, que consiste en consumir muchas verduras, carnes, huevos y algo de fruta. Y di con la tecla. Mi voluntad y mi facilidad para entrenar ahora son enormes. Lo más notable es la energía que tenés. Yo antes sentía que estaba con el tanque vacío", asegura Emiliano, que lleva 16 meses alejado de los carbohidratos. "Veo una medialuna o una pizza y no me pasa nada. Las harinas te atan, generan una dependencia psicológica con la comida".

Pero Emiliano fue un poco más allá. Cambiar su dieta fue apenas el comienzo de un cambio más radical que lo llevó a soltar (casi) todo porque también se propuso evadir el confort. Y en esa búsqueda soltó hasta las zapatillas. "Empecé a correr descalzo para sentirme libre y no generar una dependencia del objeto. Noté que corro mejor, adoptando la postura natural, sin el peso del calzado que te condiciona. Te levantás y te vas a correr, rompés con esto de necesitar tan típico de esta sociedad", describe y asegura que cuando la gente le pregunta por qué corre descalzo él le retruca «¿y vos por qué corres en zapatillas»"

La mochila de trekking, actividad que Emiliano practica hace años, también está más liviana. "Pasó de 25 kilos a menos de 20. Y la idea es seguir bajando ese peso". se propone Viana para su próximo viaje a la montaña. "Para mí, soltar implica necesitar menos para vivir", reflexiona.

Luces y sombras

A pesar de que soltar viene cargado con un mensaje positivo y luminoso, hay quienes creen que también tiene una parte oscura. "Es importante aprender a discriminar qué soltar y qué no y para eso hay que tomarse el tiempo de pensarlo, aún en una vida tan acelerada -explica Laura Orsi, médica psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)-. Creo que hay una especie de exceso de soltar ante la primera dificultad. En esta época cuesta aferrarse a las cosas, cuesta comprometerse con algo. Es una cultura de acción más que de reflexión. Soltar requiere de cierta habilidad ."

Orsi también observa cierta tendencia a evadirse y no enfrentar o atravesar los problemas. "Lo que se suelta queda flotando por ahí. Y lo que permanece flotando puede volver después indexado -sostiene la especialista-. Casi tan importante como soltar es ver de qué manera se soltó."

Gawel, que en su centro busca combinar las creencias de Oriente con Occidente, asegura que soltar no es para nada fácil y es un aprendizaje. "Parece sencillo, pero no lo es. La mayoría de las veces es un proceso, no un acto. Implica un trabajo a nivel neuronal, un reacomodamiento en cómo se conectan las neuronas. Hay que destejer esa conexión y tejer otra. Eso puede llevar años", explica y sostiene que el ejemplo más claro es el del duelo de un ser querido.

Hoy, tres años después de ese viaje trascendental, Pía da fe de que ese proceso llevó tiempo. "Este año, con mi socia hicimos un cambio radical en la academia. Personalmente no estaba del todo contenta con el espacio que ocupaba el trabajo en mi vida, Y fui desarmando todo eso. Hoy la escuela es un proyecto diferente, tiene que ver más con nuestra búsqueda como artistas. Antes montábamos un mega musical y nos dimos cuenta de que ya no queríamos hacer eso y lo enfocamos desde otro lugar: en vez de la obra conocida, hacemos participar a los alumnos del proceso de creativo -cuenta-. Fue un cambio radical", reconoce Pía, mientras relee en voz alta ese cuaderno que anticipó su presente.

"Tengo que soltar, fluir, romper y así estar abierta a que cosas nuevas lleguen a mi vida. Pronto vuelvo a casa y tengo que aprende a soltar, a animarme al cambio, a respetar mis ritmos y a seguir mis corazonadas".

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