Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Creación y libertad

PARA LA NACION
Domingo 13 de noviembre de 2016
0

El arte es posible porque el mundo nos resulta imposible. Como dijo Nietzsche: "Para no morir de realidad, necesitamos el arte". Pero hoy, ¿qué es el arte? Hasta hace unos cien años la respuesta era relativamente sencilla. Después de siglos de práctica artesanal, la idea del arte a fines del siglo XIX estaba asociada a la expresión personal y a la destreza. Se consideraba que los artistas tenían el control total sobre la obra que producían. De ahí que se valorizaran la originalidad, la "profundidad" o la perfección. Pero desde hace unos 50 años, eso cambió radicalmente: en las obras actuales esos valores no tienen ningún sentido. Una obra nos importa ahora según sea su potencia viral: la capacidad que posee de citar y de ser citada y de ser transformada por otros (por todos). Roland Barthes sostenía que la literatura de goce era la que motivaba a escribir una nueva obra. Esa idea es central en la producción estética actual, que tiene a lo digital como soporte privilegiado. Demuestra, además, que son las audiencias las que han tomado el control del proceso, y que se está borrando la separación entre consumidor y productor.

Es imposible que hoy algo pueda denominarse "arte puro". Por eso, en este clima de gozosa impureza, abunda lo trash. El arte está constantemente ampliando sus fronteras porque existen circuitos digitales que permiten realmente a cualquiera producir nuevas formas de interpretar, de producir mundo. Los videos que se permiten explorar el más allá de los límites hoy están en YouTube y no en las salas de los museos. Esta insistencia del mundo digital como forma de existencia real cuestiona el papel de los museos: ¿qué futuro les espera?

En la cultura digital no puede haber estrellas universales (como alguna vez fueron Picasso o Leonardo). La nueva lógica propicia la multiplicación de luminarias fugaces, con radios de acción más limitados. La lógica del mundo digital, a la vez que brinda a todos la posibilidad de hacer arte e interactuar, pone límites imprecisos pero férreos a la expansión infinita.

Toda convicción es una cárcel. El arte nos saca de la celda en la que nos confinaba la vieja idea de identidad (sexual, social, política). Vivir e imaginar nuevos mundos es lo propiamente humano. Es lo creativo del mono que piensa. Pero todo tiene un precio: la libertad también es un desamparo.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas