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Confianza y credibilidad, claves para fortalecer la democracia

La esperanza en las instituciones es fundamental para construir sociedades mejores, democracias más saludables y alcanzar un desarrollo económico sustentable

PARA LA NACION
Miércoles 16 de noviembre de 2016
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Los resultados en las elecciones de los Estados Unidos, el apoyo al Brexit en el Reino Unido y el rechazo al proceso de paz en Colombia son producto de un proceso común que se registra en el interior de las sociedades. Este fenómeno es la distancia creciente entre dirigentes y ciudadanos, entre las estructuras políticas tradicionales y las personas, en un contexto de cambio, globalización y volatilidades crecientes. Esta distancia se expresa en la falta de confianza, y de esta ausencia emergen resultados electorales impensados, descontentos constantes o divisiones infranqueables entre los propios ciudadanos. En este contexto global interesa poner la mirada en nuestro país.

La mayoría de los argentinos coincide con Winston Churchill en que la democracia es el mejor de los sistemas a pesar de sus deficiencias. Pero, al mismo tiempo, los argentinos muestran poco interés en política, baja participación en los partidos y organizaciones comunitarias, muy baja credibilidad en el Congreso y la Justicia y otras instituciones que podrían ser mejores si la ciudadanía se involucrara más. A su vez, en la vida cotidiana, muestran una gran desconfianza hacia sus semejantes, con excepción de la familia y los amigos.

Foto: Huadi

La confianza interpersonal y en las instituciones son dos elementos clave para construir una sociedad mejor, democracias más saludables y alcanzar un desarrollo económico sustentable. James Coleman, el sociólogo estadounidense que echó los cimientos del concepto clásico de capital social, enfatizó que la palabra clave es interacción. Reiteradas y sostenidas interacciones entre miembros de diferentes grupos previenen el comportamiento oportunista y el engaño, al tiempo que alientan la cooperación y el intercambio al reducir los costos de transacción y la corrupción. En consecuencia, el efecto de la confianza sobre la organización social es positivo y la economía crece.

Desafortunadamente, en la Argentina sólo dos de cada diez personas declaran que se puede confiar en la mayoría de la gente, en tanto que los ocho restantes consideran que hay que tener mucho cuidado cuando se trata con los demás. Casi todos los argentinos confían en sus familias, pero el porcentaje va descendiendo a medida que nos alejamos del círculo más íntimo, llegando apenas a tres de cada 10 quienes piensan que se puede creer en la gente con la que interactúan por primera vez porque es probable que intente perjudicarlos.

Esos bajos niveles de confianza interpersonal se pueden observar en los datos que aporta el World Values Survey (WVS), un proyecto global de investigación que indaga desde 1983 hasta la fecha las creencias y los valores de los ciudadanos del mundo, su estabilidad o cambio a lo largo del tiempo y su impacto en el desarrollo económico y social.

En la Argentina, esta baja confianza interpersonal va de la mano con una escasa credibilidad en la mayoría de las instituciones, sobre todo las más ligadas al sistema político. Las dos instituciones en las cuales se confía mayoritariamente son la Iglesia (65%) y las ONG (63%). Las más críticas son los partidos políticos (15%), los funcionarios públicos y los sindicatos (17%), la Justicia (18%) y el Congreso (26%).

La tendencia de las últimas décadas muestra que se confiaba más en los años 80, tras la recuperación de la democracia. En 1984, el 73% de los argentinos confiaba en el Congreso y el 59%, en la Justicia. La caída se vincula con la decepción de la ciudadanía respecto del desempeño de las instituciones, sobre todo las ligadas al sistema político. No es la legitimidad lo que se cuestiona, sino la eficacia con la que han operado, y así lo demuestra el hecho de que nueve de cada 10 argentinos sostienen hoy que es importante vivir en democracia y que, a pesar de sus problemas, es la mejor forma de gobierno. Y sietede cada 10 sostienen que sin partidos políticos y Congreso no puede haber democracia.

Sin embargo, al indagar acerca de la conformidad con el modo en que la democracia está funcionando se encuentran opiniones algo más críticas, con cinco de cada 10 que se muestran disconformes. Se reconocen los logros alcanzados en cuanto a garantías civiles y políticas, como la libertad religiosa, de trabajo, de participar y de expresión. Pero al mismo tiempo se piden al Estado mayor transparencia, reducción de la corrupción, protección contra el crimen y la delincuencia, mayor seguridad social y equidad.

La demanda de equidad se ha fortalecido a lo largo de las últimas tres décadas. En los 80 y 90 se privilegiaba la idea de libertad por sobre la igualdad. Pero en los últimos años la situación se ha revertido y, aunque las opiniones están divididas, hay un mayor énfasis en la igualdad.

Los argentinos han ido modificando paulatinamente su esquema de valores económicos, de manera consistente con una visión más igualitarista de la sociedad. Han aumentado las opiniones que favorecen un mayor número de empresas estatales, ingresos menos diferenciados, más responsabilidad del Estado en la provisión de medios de vida para todos y control de la competencia.

Otro indicador que da cuenta del capital social es el grado de interés que manifiestan las personas por la política y el nivel de participación. Actualmente sólo un tercio de los argentinos manifiesta estar interesado en la política y la participación en organizaciones de distinto tipo (políticas, sindicales, artísticas, profesionales, medioambientales, etcétera) es escasa.

Los déficits en materia de confianza interpersonal y en las instituciones y la escasa participación en asociaciones que se verifican en el país conspiran contra la existencia de un adecuado stock de capital social. Y el capital social es decisivo para el éxito de la democracia. Los bajos niveles de credibilidad han afectado las interacciones sociales, políticas y económicas. La desconfianza es perniciosa, especialmente cuando se instala en las personas como consecuencia del pobre desempeño de las instituciones políticas y las entidades públicas. A su vez, los valores de la eficiencia y la competencia son escasos y la corrupción es alta. En la última medición de Transparencia Internacional 2015, la Argentina figura en el lugar 107 entre 140 naciones. Es por eso que quienes ejercen posiciones de liderazgo, y sobre todo la dirigencia política, se deben concentrar en fomentar transparencia y erradicar la corrupción. El sistema político se fortalecerá cuando superemos las desconfianzas, nos afiancemos en una cultura de la responsabilidad -que implica derechos y obligaciones- y los gobiernos den respuesta a los reclamos de la ciudadanía. Y hoy los principales problemas son la desigualdad, la violencia y la corrupción.

Hay que evitar una mayor erosión del capital social en términos de confianza mutua y credibilidad. El perfeccionamiento institucional es absolutamente necesario para alcanzar ese objetivo y recompensar la eficiencia, la competencia y la meritocracia. Mientras que la creación de capital humano entraña la transmisión de actitudes y conocimientos específicos, el capital social se consigue mediante la educación: exige inculcar normas y valores comunes y esto se alcanza mediante el hábito, la experiencia compartida y el ejemplo de liderazgo. Se requiere un cambio cultural y de comportamiento. En esto debemos trabajar todos y juntos.

Presidenta de Voices! Vicepresidenta del Consejo Científico Mundial de WVS

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