Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El padre que se enamoró de la maestra de su hijo

Ella vivía con amigas cerca del río y a pesar de ser maestra no creía en el sistema educativo tradicional. Él vivía en el centro de Frankfurt, era padre solo y un claro exponente del éxito académico al que ella se oponía. Ya lo dijo la física: los polos opuestos se atraen.

Señorita Heart

SEGUIR
PARA LA NACION
Viernes 18 de noviembre de 2016 • 00:01
0

Ese jueves de 2014 Guido llegó a la puerta del jardín un poco antes del medio día. Estaba agotado después de volar las 13 horas que separan Frankfurt de Buenos Aires, pero expectante por ver a su hijo Constantino después de tres semanas de ausencia.

Llevaba cuatro meses separado. Él se había quedado con su hijo en Frankfurt, donde los tres vivían desde 2012. Hacerse cargo de un hijo en otro país, sin su madre, ni familiares ni amigos que puedan dar una mano no es fácil.

Juntos en Alemania
Juntos en Alemania.

Era agosto y Guido, abogado especializado en Derechos Humanos y becario de varios organismos internacionales, tenía una agenda de viajes muy apretada entre Alemania, Argentina y Chile. La idea era que Constantino empiece el jardín y la única solución era anotarlo en Buenos Aires. De agosto a diciembre viviría con sus abuelos, iría a un jardín cerca de la casa y luego volverían a instalarse en Alemania. Pero para eso faltaba bastante.

El primer día de clase

Es jueves, Constantino tiene 3 años y al igual que sus compañeros forma fila detrás de "Miss Clari", la maestra. Morocha, ojos rasgados, un aro circular en la nariz, pelo atado, jeans, remera bordó y una sonrisa. "Dejame que cierro los ojos y la describo -pide Guido- Ya está: tiene una sonrisa inmensa, toda su cara se contagia, sus ojos se vuelven más chiquitos, se lucen sus dientes y se le dibujan hoyuelos. Nunca vi tanta ternura en un rostro. Su sonrisa me dejó sin armas, sin defensas, totalmente expuesto".

Clara, sin buscarlo, sacudió su eje. Guido no pudo sacársela de la cabeza. Volvió a Alemania transformado. Todos los días pensaba en ella. Cada noche, antes de acostarse, recordaba su sonrisa y su mirada. Tachaba los días que faltaban para ver a su hijo pero también a Clara.

En cada viaje buscaba una excusa para hablarle a la salida del jardín: los avances de su hijo, su comportamiento, cómo debería ser la elección de un colegio al año siguiente en Alemania. Ella también se sentía atraída, pero no se permitía seguir sus impulsos. La realidad le ponía un freno: Guido era el papá de su alumno.

Él último día de clases Guido se animó y le pidió el mail.

El 2 de enero volvieron a Alemania y se instalaron en Berlín. Constantino empezó sala de 4 y Guido aprovechó todos sus ratos libres para escribirle a Clara. Los mails fueron cada vez más frecuentes. Se contaban sus rutinas, sus miedos, sus sueños. Ella, le dijo que vivía cerca del río, que amaba su bicicleta, la vida tranquila y pasear a su perro. También le contó que formaba parte de un movimiento de educación consciente, en contra de los exámenes y a favor de respetar los tiempos de aprendizaje de cada chico sin imponer contenidos. Él le dijo que era abogado, que tenía una agenda cargada de compromisos académicos y le enumeró la cantidad de becas y premios a los que había accedido desde su graduación. Eran el agua y el aceite. Y lo que es peor, él representaba el éxito del sistema educativo que ella tanto cuestionaba como pedagoga. Pero entre tantas diferencias tenían algo en común: se gustaban, se atraían, como dos polos con cargas opuestas no podían dejar de hablar.

A los besos en Berlín
A los besos en Berlín. Foto: LA NACION

La primera cita

En septiembre de 2015 Guido tuvo que volar a Chile por trabajo. Constantino, como siempre, lo acompañó. Antes de volver a Berlín hicieron una parada en Argentina. Clara les propuso visitar Tecnópolis y concretaron la cita. Fue un éxito: se rieron, sacaron fotos y planearon más salidas. Antes de despedirse, y de imprevisto, ella le dio un beso. Guido sintió que tocaba el cielo. Juntó coraje, tomó aire y le dijo: "Estoy enamorado, pero no tengo un plan. Yo tengo compromisos en Alemania y vos tenés tu vida armada acá". "Tenés razón: esto no va a funcionar", sentenció ella. Desanimados, se despidieron.

Apenas se subieron al avión Guido rompió en llanto. Constantino, lo miró asustado y le preguntó: "¿Qué te pasa papá, por qué llorás?". "Lloro porque la amo, hijo". Él estaba feliz con la declaración de su padre, amaba a su maestra y le parecía genial que algún día pudiera sumarse a la familia.

Durante meses se siguieron escribiendo. En noviembre, Guido hizo malabares con su agenda y logró instalarse dos meses en Argentina. Fueron los meses más felices de sus vidas. Cuando llegó el momento de separarse, Guido, de nuevo, sintió que su corazón se partía al medio. Como un globo de helio a punto de caer, se desinfló por completo.

Junto a Constantino hicieron el check in, migraciones y se subieron al avión. Pero unos minutos antes de despegar Guido sintió la imperiosa necesidad de bajar. Llamó a la azafata y ante la mirada atenta de su hijo le rogó que hable con el capitán y que el avión vuelva a la manga. No estaba dispuesto a pasar más tiempo lejos de la mujer que amaba.

Se bajaron, agarraron las valijas y se tomaron un taxi hasta la casa de Clara. Durante quince días vivieron ahí, y se despidieron bajo la promesa de una vida juntos.

Jugarse por amor

En abril de 2016 Clara decidió dar el salto. Dejó su casa, su trabajo en el jardín, su perro y se tomó un avión a Berlín sin hablar una sola palabra de alemán.

Una de las fotos más recientes
Una de las fotos más recientes. Foto: LA NACION

Llevan siete meses de hermosa convivencia y planean casarse a principios del año que viene. Constantino, por supuesto, va a ser quien les lleve los anillos al altar.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos acá

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas