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Pasiones viriles de ayer y de hoy

Cuentos del siglo XX y psicoanálisis del siglo XXI, espejos de una masculinidad proteica; antología de una rica obra poética

Domingo 20 de noviembre de 2016
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El uruguayo Mario Arregui (1917-1985), hombre de campo además de narrador, no escribió nunca una novela. Y hacia el final de su vida -según cuenta Elvio E. Gandolfo en el prólogo de Tres libros de cuentos (Letra Sudaca)-, ya tampoco las leía. Su sensibilidad lo inclinaba más hacia la forma condensada que exige el relato. En eso (y también en los temas, y también en el lenguaje) se emparentaba con Borges, con cuya literatura, como suele ocurrir con lo que se tiene demasiado cerca, mantenía una relación matizada de admiraciones y rechazos. El volumen que ahora se edita en la Argentina, integrado por los libros Noche de San Juan, Hombres y caballos y La sed y el agua, se publicó en Uruguay en 1969. A simple vista, las historias recrean cuestiones rurales, a veces con la impronta de aquellos westerns que alimentaron la imaginación del autor cuando era niño. Pero bajo la superficie de los relatos arden las pasiones viriles de sus protagonistas: anhelo de aventuras, necesidad de mostrar coraje físico o de vengar la "deshonra" de una mujer; el vino que no cura pero calma.

El varón urbano de hoy, en cambio, es el objeto de reflexión del psicoanalista Luciano Lutereau en su librito de ensayos Ya no hay hombres (Galerna). El título recoge el lugar común de la queja femenina para desandar algunos de los caminos que condujeron al estado de cosas actual. En textos breves, organizados en cinco partes ("La potencia impotente", "El mito del deseo fálico", "El hombre que no existe", "Figuras de lo masculino" y "El malestar contemporáneo"), Lutereau repasa los procesos de la naturaleza y de la cultura que en distintas épocas han permitido a los sujetos constituir la masculinidad, y arriesga hipótesis para explicar lo que de verdad hay en el título de su trabajo: "Determinados fenómenos sociales contemporáneos demuestran que los hombres (varones y mujeres) ya no tienen interés en continuar asociados a la potencia del falo. Esta podría ser una forma menos tonta de entender el desenlace del patriarcado. Ya no hay hombres? en el sentido tradicional de la palabra".

* * *

La obra de una vida, la propia, consagrada a la poesía es lo que reunió el platense Rafael Felipe Oteriño en Eolo y otros poemas (Brujas), antología que comprende cincuenta años de escritura, desde 1966 hasta 2016. De cada uno de sus once libros (Altas lluvias, Campo visual, Rara materia, El príncipe de la fiesta, El invierno lúcido, La colina, Lengua madre, El orden de las olas, Ágora, Todas las mañanas y Viento extranjero) seleccionó los que a su juicio son los mejores frutos. Y no lo animó la nostalgia en esa decisión, ya que la mayor parte de las piezas proviene de sus dos últimas publicaciones. En las palabras preliminares de Eolo, Cristina Piña señala rasgos de estilo y características del mundo poético que Oteriño ha construido: una emotividad sobria puesta al servicio de una mirada comprensiva sobre la naturaleza y la condición humana, como lo muestra "Líneas de la mano": "Líneas de la mano, líneas de la vida,/puntos cardinales extraviados en la piel,/les ruego que no digan toda la verdad:/ si la vida será corta en extremo/ afirmen que la mirada miente,/ y que una lectura más atenta podría revelar/ cuánto recorrerán los pies,/cuánto rogarán los labios todavía".

Tres libros de cuentos. Mario Arregui, Letra Sudaca

Eolo y otros poemas. Rafael Felipe Oteriño, Brujas

Ya no hay hombres. Luciano Lutereau, Galerna

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