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Buscó al joven que lo asaltó y lo ayudó a sumarse a un equipo de rugby en la cárcel

Tomás tiene 18 años y hace dos meses entraron a robar en su casa; el ladrón, de 19 años, fue detenido y ahora tiene una "segunda oportunidad"

Jueves 24 de noviembre de 2016
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LA NACION
Javier junto a Tomás, en el penal de San Martín
Javier junto a Tomás, en el penal de San Martín. Foto: Twitter

Hace dos meses, Tomás Beccar Varela, de 18 años, fue asaltado en su casa de San Isidro. Un joven de 19 años ingresó en la vivienda, tomó un cuchillo, amenazó a su hermana mayor y comenzó a exigirles dinero. Su padre le entregó 1200 dólares, 3500 pesos, celulares, un equipo de DVD y una máquina de fotos. Y, además, se ofreció a sacarlo de la zona en su auto. La policía recibió el aviso del hecho y comenzó una persecución en la que dispararon contra el vehículo, que terminó en medio de La Cava. Cuando creía que ya había terminado todo, y se dirigía hacia ellos para que lo rescataran, Héctor Beccar Varela, un reconocido médico obstetra, fue baleado por los uniformados. El "fuego amigo" le destrozó el fémur.

Hasta allí, la crónica criminal. Pero lejos de dejarse enceguecer por la bronca que sintió durante ese hecho violento y por sus consecuencias, Tomás decidió rastrear al asaltante, que estaba detenido en una comisaría, y logró que lo inscribieran en Los Espartanos, el equipo de rugby de los presos del pabellón 8 de la Unidad 48, de San Martín.

"Yo creo que todos merecemos segundas oportunidades. Javier [el joven que lo asaltó], no tuvo muchas. Su mamá murió, su papá lo abandonó, su hermano estaba en la cárcel. Nunca aprendió a leer ni a escribir", contó Tomás a LA NACION. Inmediatamente se contactó con Coco Oderigo, que fue su entrenador. Coco es abogado, ex funcionario judicial y ex integrante de la primera del SIC. También, impulsor de Los Espartanos desde 2009.

"Coco lo encontró y logró que lo trasladaran a la cárcel de San Martín", explicó el joven, que juega al rugby en el San Isidro Club (SIC).

"Durante el asalto yo estaba muy enojado. Insultaba muy fuerte a Javier. Tenía mucha bronca, estaba sacado porque amenazaba a mi hermana con un cuchillo. Pero una vez que pasó, pensé que de todo esto podía salir algo bueno, y por eso lo busqué", explicó Tomás, que hace pocos días fue a la cárcel a jugar un partido con Javier y los Espartanos.

"Cuando estaba entrando en el penal sentí un poco de miedo. Apenas lo vi a él reviví toda la escena, pero esta vez de otra manera. Fue un momento muy raro, no sabría cómo describirlo. Javier es tímido, no me dijo nada, no es una persona que esté acostumbrada al cariño y a la amistad, tal vez nunca los tuvo. Pero fue una experiencia muy positiva", detalló Tomás.

"Cuando decidí hacer esto no le conté a nadie. Para mí es una manera de no quedarme con el miedo del momento del asalto, de convivir con otras personas de una manera mejor. De sacar algo bueno de un momento feo", dijo Tomás, que concluyó: "Espero que esto lo ayude a salir adelante. En el pabellón de Los Espartanos los presos cambian para bien, eso se ve. Ya con que Javier haya jugado al rugby creo que es un gran avance".

El proyecto de los Espartanos comenzó en 2009 y desde entonces todas las semanas se realizan entrenamientos en la cancha del penal. "Compromiso, humildad, trabajo en equipo, constancia, sacrificio, responsabilidad", son los valores que buscan inculcar a través del deporte, que ayuda a bajar la violencia y la reincidencia.

En octubre del año pasado, un grupo de 30 espartanos, diez de ellos, ex presos, fueron recibidos por el Papa Francisco en el Vaticano. El Sumo Pontífice les había enviado una invitación personal y un saludo grabado en un video. "Lo que hacen ustedes es como el canto que dice «En el arte de ascender lo que importa no es no caer, sino no permanecer caído». No se arruguen, vayan para adelante", les dijo.

Esta semana, el ministro de Justicia bonaerense, Gustavo Ferrari, y la gobernadora María Eugenia Vidal los visitaron en el penal. Ferrari destacó "el testimonio de vida, de conducta, la reconstitución del vínculo con la sociedad que se da a través del deporte" y sostuvo que hay que "trabajar por los derechos humanos de estas personas y devolver a la sociedad personas con su vínculo reconstituido".

Los detalles de la persecución

Víctimas del delito

Todo comenzó como una entradera el 28 de septiembre: la hermana mayor de Tomás Beccar Varela, que llegaba a la casa de la familia en San Isidro, fue sorprendida por un asaltante. Una vez en la casa, éste tomó un cuchillo y con la joven de rehén, el delincuente buscó al padre de la chica para exigirle dinero. Héctor Beccar Varela, médico, de 48 años, pidió que lo tomara a él de rehén. Junto con el asaltante subieron a su auto y fueron a la villa La Cava, en Beccar. Un patrullero los persiguió y durante un tiroteo una bala hirió al médico y le destrozó el fémur de su pierna derecha.

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