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Milagro Sala: la piedra en el zapato de Macri

LA NACION
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Martín Dinatale
Miércoles 30 de noviembre de 2016 • 00:11
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En su carrera por convertirse en líder regional de la lucha a favor de los derechos humanos y la libertad de expresión Mauricio Macri se topó con una piedra en el zapato: se llama Milagro Sala, la dirigente kirchnerista jujeña detenida desde diciembre pasado y acusada por varias causas de corrupción y por liderar una protesta social.

Desde que asumió su mandato Macri apuntó al gobierno de Nicolás Maduro para pedir por la libertad de los presos políticos en Venezuela bajo dos claros objetivos. Por un lado, diferenciarse del eje bolivariano al que suscribieron los Kirchner y, por otra parte, posicionarse como un líder regional del tema derechos humanos, precisamente en aquel punto débil que le endilgan al Pro desde la izquierda.

Sin embargo, la escalada internacional de los últimos días que, tanto desde la OEA como de la ONU, se levantó por la "inmediata libertad" de Sala puso en aprietos al discurso de Macri por los derechos humanos a nivel regional.

¿Contradicciones del mensaje? ¿Doble discurso? ¿Error de cálculos del Gobierno por el impacto internacional del caso Sala? ¿Subestimación de los delicados resortes de la diplomacia? ¿Impericia?

Las preguntas abundan en la Casa Rosada y en la Cancillería. Ayer se saturaron las líneas con más interrogantes cuando se conoció la carta que el secretario general de la OEA, Luis Almagro, envió a Sala en la que le pidió por la liberación de la activista del movimiento Tupac Amaru. No sólo eso: Almagro reclamó que el Gobierno cumpla con los tratados y organismos internacionales a los que suscribió la Argentina. El mensaje es claro y apunta al corazón del debate interno que subyace en la Casa Rosada donde un sector sostiene que el informe de la ONU que denunció como "arbitraria" la detención de Sala "no es vinculante", mientras que otro grupo de Cambiemos cree que el Estado deberá cumplir con lo que diga tanto el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas como, eventualmente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.

Mal que le pese al Gobierno, el caso Sala se convirtió en un escándalo a nivel internacional. La dirigente kirchnerista fue detenida en diciembre por el delito de sedición, instigación y tumulto al liderar una protesta. Por este motivo es que desde el Grupo de Trabajo de la ONU y desde la OEA creen que su detención es "arbitraria". Sala fue exculpada por ese delito pero siguió encarcelada por las causas de corrupción y malversación de fondos en la Tupac Amaru que la complican y por las que aun no hay un fallo definitivo.

El mismo día que ganó los comicios Macri recibió a una eufórica Lilian Tintori, la activista venezolana y esposa del político encarcelado por el chavismo, Leopoldo López. Desde ese día Macri hizo causa común con el antichavismo venezolano y en cada foro internacional reclamó por la libertad de cientos de presos políticos que hay en Venezuela. Más aún: llegó a reclamar la aplicación de la Carta Democrática del Mercosur para expulsar de ese bloque a Venezuela.

Los paralelismos en la política no son muy buenos compañeros: Sala no es igual que Leopoldo López y la corrupción de Jujuy no es equiparable a las acusaciones trasnochadas de Maduro contra sus opositores encarcelados. Pero para el derecho internacional, en ambos casos se trata de dirigentes políticos tras las rejas. De hecho, el jefe de la OEA se dirigió a Sala como "miembro pleno del Parlasur" y el año pasado envió otra carta a Maduro para pedir por la liberación de Leopoldo López. Ahora todo este juego se le vuelve en contra a Macri. La escalada internacional por el reclamo de la "liberación inmediata" de Milagro Sala pone en dudas su estrategia para acorralar la política de persecuciones de Maduro.

¿Los culpables de semejante desborde político-internacional? En el Gobierno señalan que la Cancillería minimizó el impacto que podía tener el informe del Grupo de Trabajo de la ONU o subestimó los alcances de una eventual medida cautelar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. El gobernador de Jujuy Gerardo Morales teme que una liberación de Sala desate el caos en su provincia y sustenta cada denuncia por corrupción contra la dirigente kirchnerista desde la Fiscalía de Estado y la oficina anticorrupción provincial. Quizás la Casa Rosada se dejó llevar por ese temor de Morales.

En tal caso, nadie pensó que Milagro Sala se convertiría en una piedra en el zapato para Macri y que le telón de la diplomacia internacional podía jugarle una mala pasada al Presidente.

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