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Art Basel: ¿dónde están los artistas?

Las obras y sus creadores quedaron opacadas por los negocios inmobiliarios que la feria alimenta en Miami. Es incierto lo que ocurrirá desde el año próximo en Buenos Aires, donde se estrenará el programa Art Basel Cities

Mirar el arte a través del celular. ¿Qué diría John Berger?
Mirar el arte a través del celular. ¿Qué diría John Berger?. Foto: Gentileza Alicia de Arteaga
Jueves 08 de diciembre de 2016 • 08:59
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Como todos los años, desde hace quince, Art Basel Miami Beach ha sido la oportunidad para una catarata de anuncios, para librar la batalla del metro cuadrado más caro y, esta vez, para recordar que Dios es argentino. Porque después de la trilogía de ferias suceso -Basilea, Miami Beach y Hong Kong- avanza el programa Art Basel Cities y la elegida para el debut es Buenos Aires.

Todavía está en el territorio de la incógnita cuál será el programa y qué significa asociar una ciudad a la marca de arte más prestigiosa del planeta, aunque todo indica que la bendición puede derramarse en la zona sur de la ciudad. No en vano el húngaro András Szántó, durante la rueda de prensa presidida por Horacio Rodríguez Larreta, habló del tango, de Caminito, de la Boca y de la exitosa primera edición de arteBA Focus en la arenera de la calle Pinzón.

Larreta recordó la existencia de la Barraca Peña, "un lugar ideal para muestras", muy cerca de Fundación PROA. Una institución que, como su nombre lo indica, hizo punta en esta idea de llevar el arte al sur de la ciudad. Desfile de celebrities, desde Madonna a Jeff Koons, Miami Beach resulta el escenario perfecto para esa fiesta perpetua, que, como dice el español Boris Izapaguirre, "es un infierno al que siempre se quiere volver".

Instalación de Ugo Rondinone en el espacio público de Art Basel Miami
Instalación de Ugo Rondinone en el espacio público de Art Basel Miami. Foto: LA NACION / Gentileza Alicia de Arteaga

En este panorama, la sonrisa mayor es la del alcalde Philip Levine que no para de firmar permisos de nuevos edificios. Ha visto la transformación de South Beach y de Lincoln Road, y, créase o no, la construcción de un estacionamiento diseñado por Herzog y De Meuron.

Art Basel y sus 20 ferias satélites son parte del programa. Pero no son "el" programa. Los coleccionistas, cuando ponen el pie en la feria el día del First Choice, ya saben lo que van a comprar y cuánto van a pagar. El curador ha confeccionado la lista. Entran y salen, con una breve escala en el Collectors Lounge para saludar a los amigos. Para ver y ser vistos.

Se habla poco de los artistas, del arte en general, de las tendencias, salvo en los espacios ad hoc como el ciclo Conversations. Todos parecen demasiado apurados para mirar los cuadros, las instalaciones, los videos y las esculturas. Basta con sacarse la selfie.

En Art Basel, un Jeff Koons vale tanto como un Picasso
En Art Basel, un Jeff Koons vale tanto como un Picasso. Foto: LA NACION / Gentileza Alicia de Arteaga

Imposible no decirlo: el tráfico es la asignatura pendiente de Levine. Insoportable y sin solución a la vista. El transporte público es malo y hay demasiados autos. Quien lo dude pruebe circular por Collins a la 7 de la tarde.

El frenesí de galas exclusivas, ferias paralelas, hoteles de lujo, restaurantes adornados con estrellas Michelin y museos públicos, deja poco espacio para hablar de arte. Para mirar el arte. ¿Dónde están los artistas y cuál es el lugar que ocupan? Matías Duville y Ugo Rondinone tienen el suyo en Collins Park. Y llama la atención. El sistema funciona como lo describe Tom Wolfe en Bloody Miami, a golpe de chequera y artista fetiche. Un Jeff Koons vale tanto como un Picasso.

Es raro. Pocos hablan de arte y han sido las obras de arte, excepcionales, de calidad museo, la razón del éxito del relojito suizo.

András Szántó presentó a Rodríguez Larreta en Art Basel
András Szántó presentó a Rodríguez Larreta en Art Basel. Foto: LA NACION / Gentileza Alicia de Arteaga

Art Basel nació en la cabeza del marchand y coleccionista suizo Ernst Beyeler en los años 70. Su meta era competir con la feria de Colonia, Alemania. Esa catedral de los negocios de arte quedó fuera de combate en un par de años. Beyeler conocía el mercado como nadie, "vivió" el arte moderno, vendió más de 16.000 obras en su vida y fue el único a quien Picasso dejó entrar en su taller para que eligiera 26 pinturas. Lo hizo. También acuñó una frase que lo pinta de cuerpo entero: "Cada vez que vendo una obra, de inmediato compro dos".

Ese hombre visionario fundó Art Basel en la triple frontera de Suiza, Alemania y Francia, ciudad de 198.000 habitantes, medieval y atravesada por el Rin, tan pequeña que alquila a Francia el terreno donde se levanta el aeropuerto. Pocos hoteles, un par de buenos restaurantes y transporte público de calidad suiza. Miami es el lado B.

Además de crear una feria con vocación de grandeza, Beyeler le encargó a Renzo Piano un museo para albergar su colección. La fundación lleva su nombre y allí están colgados los mejores Rothkos, un Monet descomunal y las esculturas contorsionadas del gigante Giacometti. Ernst Beyeler murió a los 88 años, en 2010, y se dio el gusto de ver inaugurada la muestra del aduanero Rousseau, autor de esa joya pintada que es La gitana dormida. El día de la inauguración fue Sam Keller, su delfín y director de la fundación, quien empujó la silla de ruedas.

Art Basel Miami Beach es otra cosa. Un fenómeno de marketing y de perfil alto. Todo lo contrario del espíritu calvinista helvético. Sin embargo, la fusión dio resultado. Solo que, ¿dónde están los artistas que rompen el molde, los que hacen de Art Basel tema de debate, entre curadores y críticos?

La designación de Noah Horowitz (36) como director de Art Basel Americas ha sido una clara señal del rumbo futuro. Horowitz tiene un doctorado en Londres, pasó por la Serpentine de Olbrist y dirigió el Armory Show de Nueva York, una feria que se venía en picada y volvió a poner en el mapa. Su misión en Art Basel es "fly to the quality".

La otra señal es haber encargado el prólogo del catálogo a un artista. Seth Price (1973) traza un panorama de la vida, las ambiciones, los éxitos y los fracasos en la carrera de un artista. Carrera azarosa, atada a factores imponderables, que puede ser efímera o trascendente. Su texto refleja el drama del artista que ve de pronto cómo se cierran las puertas que se abrieron, y que busca no perder de vista las razones que lo hicieron elegir esa vida.

Las páginas más caras del catálogo son las de los sponsors, qué duda cabe. Pero vale la pena recordar a esta altura, y con Seth Price, que sin artistas no hay feria, ni agenda VIP, ni batalla del metro cuadrado.

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