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Cambios: más diálogo y con mayor actividad legislativa y judicial

El Gobierno se mostró como lo opuesto al kirchnerismo

Sábado 10 de diciembre de 2016
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LA NACION
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El Gobierno se diferenció desde el día uno cuando Mauricio Macri convocó a la Casa Rosada a la oposición
El Gobierno se diferenció desde el día uno cuando Mauricio Macri convocó a la Casa Rosada a la oposición. Foto: Archivo / Ricardo Pristupluk

El diálogo, la reactivación de la actividad legislativa y judicial, el giro brusco en la economía y la apertura hacia el mundo marcaron en este primer año un fuerte contraste con los 12 años de kirchnerismo.

El Gobierno se diferenció desde el día uno cuando Mauricio Macri convocó a la Casa Rosada a la oposición y cuando tomó una serie de decisiones económicas que echaron por tierra medidas del gobierno anterior. El levantamiento del cepo al dólar, el pago a los holdouts y la quita de retenciones a los sectores productivos, entre otras medidas, cambiaron el contexto de una economía frenada por años, aunque todavía la reactivación todavía parece lejana.

En ese contexto de giros, y a pesar de lo esperado, el Gobierno no desmanteló la estructura de contención social que dejó el kirchnerismo (como la Asignación Universal por Hijo) e incluso aumentó los planes.

En la actividad del Congreso también hubo un cambio claro. Según relevó la fundación Directorio Legislativo, hasta el 30 de noviembre se habían sancionado 96 leyes, de las cuales 58 (el 82%) fueron impulsadas por la oposición. En 2015, de los 125 proyectos aprobados ese mismo porcentaje correspondió a iniciativas del oficialismo. Este año, aunque se sancionaron menos proyectos, hubo más negociación, facilitada por un macrismo que hizo concesiones para los cambios que la oposición demandaba a los proyectos enviados por el Ejecutivo.

En este año, el macrismo también marcó un contraste al mantener diálogos fluidos con gobernadores, gremios y organizaciones sociales.

Por otra parte, en estos meses se activó una serie de investigaciones judiciales por presuntos delitos de corrupción que habrían cometido funcionarios del gobierno anterior. Los mismos jueces que, durante el kirchnerismo, optaban por la parálisis impulsaron un buen número de causas. Sin embargo, a medida que avanzaba el año, el propio Gobierno llamó la atención por un freno en ese “ímpetu”. Así lo manifestó el ministro del interior, Rogelio Frigerio, cuando en octubre dijo que veía con “preocupación” que el proceso estaba "cada vez más lento”en el tratamiento de “casos de corrupción del kirchnerismo”.

Esa reacción va en paralelo al fracaso del Gobierno de no poder lograr la prometida renovación judicial. Norberto Oyarbide fue la única baja de la vieja Justicia y tampoco se pudo desplazar a la procuradora Alejandra Gils Carbó.

En tanto, el vínculo de la Argentina con el mundo también fue un eje del cambio. Lejos del eje bolivariano (Venezuela, Bolivia y Ecuador), la Casa Rosada apostó por relanzar las relaciones con los Estados Unidos, reforzarlas con la Unión Europea –con la que pretende llegar a un tratado de libre comercio a través del Mercosur– y mostrarse más cercano a la Alianza del Pacífico (México, Chile, Perú y Colombia) sin dar marcha atrás con los gobiernos de China y Rusia, con los que Cristina Kirchner había reforzado los lazos. Todas estrategias nuevas que tuvieron su punto máximo con la visita del presidente de EE.UU., Barack Obama, en marzo.

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