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Ai Weiwei: un artista disidente y provocador

El sociólogo explica los alcances del artista militante y opositor al régimen chino, un enfant terrible que ha hecho de sí mismo una parte de su obra

Viernes 23 de diciembre de 2016
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PARA LA NACION
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La celebridad alcanzada por Ai Weiwei tiene que ver tanto con la calidad y las características de sus obras cuanto por el hecho de presentarse como un artista disidente y ubicar esa condición en un sitio protagónico, aunque dentro del mainstream del arte contemporáneo. Maneja a la perfección los recursos y modalidades que éste ofrece e incluso los avatares políticos que sufre no sólo se integran a su obra, sino que le dan aún más protagonismo.

Conscientemente o no, Weiwei se ha beneficiado, mas allá de sus diferencias, de la política de sostén que puso en práctica el gobierno chino y que, dicho sea de paso, debería ser ejemplo para los gobiernos de otras latitudes.

Foto: Chad Batka/The New York Times

Hijo de un escritor y poeta también perseguido y encarcelado durante años, comenzó tardíamente su trayectoria en el arte sosteniendo que no le importaba la aceptación. Se convirtió así en un enfant terrible que despertó gran adhesión del público.

Lo dicho hasta ahora puede ser leído como una crítica pero, sin embargo, encierra reconocimiento y simpatía, por no decir admiración. Weiwei hace de sí mismo una obra: sus trabajos compiten con él mismo, sea por lo que hace cuando aparece, como por sus ausencias voluntarias o provocadas por el gobierno.

Esto se refleja, asimismo, cuando afirma que no le importa el arte, sino el artista: una postura cuasi duchampiana a la que él le agrega un contenido fuertemente político. Considera que el rol del artista es la provocación y la creación de conflicto y que esto es positivo en el contexto de su país.

En referencia a su obra, conviene encarar el análisis desde el punto de vista de la "monumentalidad" de la escala elegida (mil y una personas, cien millones de piezas de porcelana o infinidad de bicicletas) y se observará entonces que este aspecto lo vincula e integra a la tradición de su país, aunque parezcan desmentirlo sus posturas críticas.

Esta pertenencia, que lo equipara a otros artistas chinos actuales que mantienen una buena relación con su gobierno, es lo que permite que haya quienes se pregunten si su trayectoria no es funcional al régimen. Weiwei eligió convertirse en protagonista de su arte, estableciendo un nuevo capítulo en la caracterización del artista militante y/o artista que expresa su militancia en la obra, así como en su modo de accionar.

Sin dudas, y como bien se pudo valorar y disfrutar en la exhaustiva exposición realizada el año pasado en la Royal Academy de Londres, hay que decir que Ai Weiwei es un tema constante de reflexión. Y lo es justamente por su inteligencia estético-política, que lo lleva a producir obras de una gran calidad material, a la vez que de gran potencia crítico-expresiva.


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