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"Ganar", la palabra que mejor define al ciclo Gallardo

Sábado 17 de diciembre de 2016
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¿En qué casillero ubicarían a Gallardo? El mismo DT gestó su mejor River, el del último semestre de 2014, mucho más lúcido, ofensivo y vistoso, y también el River sólido y analítico que, con más oficio que elegancia, ganó la Copa Libertadores 2015. Si se amplían los interrogantes: ¿Qué equipo definió mejor al Muñeco? ¿El River del 4-3-1-2, con Pisculichi como bandera? ¿El River del 4-4-2, con Ponzio y Kranevitter y una defensa impenetrable que nacía con Alario corriendo a los volantes rivales? ¿El último River del 4-2-2-2, con los tres zurdos en la zona de medios?

Hay un patrón que los unifica. Y no es el resultado, el triunfo en sí, la vuelta olímpica. Lo que (en cada caso) siempre movilizó a Gallardo fue "ganar", armar desde el sistema táctico y los intérpretes, el combo que -según él- más lo iba a aproximar a la victoria. Entonces, más allá de la idea del DT de tener un estilo protagónico, cada decisión estuvo basada en responder las siguientes preguntas: ¿qué sistema, que estrategia, y qué futbolistas lo iban a acercar al objetivo? De un semestre a otro, Gallardo modificó números o características, pero no negoció la exigencia, el esfuerzo, el juego por las bandas y las intenciones.

Por eso no fue casualidad que no bien terminó el partido en Córdoba, Gallardo haya dicho: "Volvimos a demostrar que estamos para las finales y para ganar. Cuando parecía que no había respuestas, otra vez dijimos presente".

Claro que los contextos influyen entre lo que un DT proyecta como ideal y lo que luego termina sucediendo. Pero Gallardo siempre resolvió en función de lo que creía lo iba acercar al triunfo, incluso por encima de los estilos. No decide en relación a ser más o menos ofensivo. Creyó que el mejor cambio en el 2-1 ante Boca era el de Rossi por D'Alessandro, como creyó en la final de la Copa Argentina que, ante los flojos zagueros de Central (y el mal estado del campo de juego), la reacción la podía encontrar con el juego aéreo de Alonso y Alario.

Hubo otro sello característico de todo el ciclo Gallardo, otro patrón unificador de estilos, sistemas tácticos y nombres: los "centros-gol". Puede tomarse como referencia el de Vangioni para el cabezazo de Alario ante Tigres, por la final de la Libertadores, como también el de Mora para que Alario baje la pelota y Alonso anote el 4-3 de arremetida ante Central. En el medio, el festejo de Driussi tras un centro-gol de Pity Martínez para ganar la Recopa 2016 ante Independiente Santa Fe; el de Mora para el gol de Sánchez ante San Lorenzo (Recopa 2015), el de Mora para Kaproff ante Sevilla. Antes, el buscapié de Vangioni para el gol de Pisculichi ante Boca (Sudamericana 2014). Sobran los ejemplos. El mejor exponente en el rubro fue Carlos Sánchez, aunque no el único. Gallardo siempre pretendió que River tenga laterales con vocación ofensiva. Pero más allá de las renovaciones y la irregularidad de algunos rendimientos, las intenciones se mantuvieron. Hasta el 2-1 de Alario ante Boca, en el último clásico, llegó con un gran envío desde la derecha de Moreira.

El estilo Gallardo siempre trató de juntar futbolistas con buen pie, ofrecer equipos protagonistas que, aún con riesgos defensivos, trataban de presionar y atacar. Muchas veces (la mayoría) logró plasmar la superioridad sobre los rivales, aún no pudiendo jugar del todo bien. Hubo variables de esquemas y nombres, vaivenes, pero cada decisión fue movilizada por una palabra: ganar.

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