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Una tierra de contrastes, con villas de telgopor y un Puerto Madero ribereño

Es el municipio del conurbano con mayor cantidad proporcional de asentamientos precarios

Domingo 18 de diciembre de 2016
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LA NACION
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A Daniela Gallardo le prometieron una casa hace tres años; desde entonces vive con su hija en una casilla
A Daniela Gallardo le prometieron una casa hace tres años; desde entonces vive con su hija en una casilla. Foto: Diego Spivacow / AFV

Cuando le prometieron que construirían su nueva casa en un puñado de meses, Daniela Gallardo no lo dudó: tiró abajo la que tenía y se mudó con su madre, su hermana y su pequeña hija a una casilla al fondo de su terreno. Era la zona baja del lote, la que se inundaba con cada lluvia, pero valía la pena el sacrificio: las nuevas casas prefabricadas se construían rápido, le juraron.

Eso pasó hace casi tres años: Daniela y su familia siguen viviendo en la casilla del fondo. La que se inunda todo el tiempo. Al frente de su terreno se levanta un cascarón de telgopor, cemento y alambres oxidados, sin techo. Cada madrugada, cuando sale a trabajar, Daniela atraviesa las habitaciones peladas de la vida que le prometieron.

Las cáscaras de telgopor se repiten por toda La Matera, uno de los asentamientos más grandes de Quilmes. En uno de sus ingresos, frente a un obrador abandonado, un cartel de Presidencia, que dedica sus letras más grandes al nombre de Cristina Fernández de Kirchner, dice que el Estado destinará 51,9 millones de pesos para las casas prefabricadas. La promesa llegó sólo para los punteros y otros bendecidos que pudieron tener terminada su casa.

Urgencia

En La Matera, donde todos tienen necesidades, los vecinos de la calle 814 dicen que la prioridad es de Daniela. No por ella, en realidad, sino por su hija de seis años, Morena. La niña vive con un pulmón desde que a los tres meses entró a un hospital porteño por una neumonía y salió con tres virus intrahospitalarios. "Acá a todos nos falta, pero Morena necesita piso y paredes secas", dice Liliana, la vecina del frente, mientras se apoya en la pared de telgopor de su propio cascarón vacío.

Las casas de telgopor de La Matera, construidas con un sistema similar al de Sueños Compartidos, se frenaron en marzo de 2015. A fines de octubre de este año, el intendente Martiniano Molina regularizó los contratos para continuar esas y otras 1400 casas en varias villas. También desde el Municipio le prometieron a Daniela Gallardo que su casa era la prioridad. Eso fue hace seis meses.

El problema de Daniela, Morena y sus vecinas es que no están solas: en proporción a su población, no hay otro municipio del conurbano con más villas y asentamientos que Quilmes.

Según el último relevamiento de la organización Techo, 36.545 familias viven en 56 barrios informales. Para el Gobierno, el número es mayor: hablan de más de 80 villas y asentamientos, con cerca de 200.000 personas en situación de vulnerabilidad. Casi un tercio de los 650.000 habitantes del municipio.

A la hora de buscar culpables por la multiplicación de villas, todos acusan a Francisco "Barba" Gutiérrez, intendente de Quilmes entre 2007 y 2015. Los macristas y los peronistas. "Las fábricas y predios vacíos de Quilmes se llenaban de villas mientras Burzaco, Avellaneda y Berazategui se llenaban de fábricas", sostiene Daniel Gurzi, rival peronista de Gutiérrez. "Desde 2003 a 2015, Berazategui instaló 500 pymes nuevas en once parques industriales. El 70% de esas empresas se fue de Quilmes", continúa Gurzi, otrora delfín de Aníbal Fernández, hoy refugiado en Miles, el partido de Luis D'Elía.

"El Barba" niega que se hayan duplicado las villas. En rigor, muchas de las que se le adjudican surgieron antes que él llegara al poder. Pero es cierto que se expandieron bajo su mandato. "Nosotros les dimos acceso al agua, luz, pavimento. A diferencia de otros [intendentes], nuestros valores nos impiden salir con palos a expulsar a los pobres. Y lo pagamos electoralmente", se defienden cerca de Gutiérrez.

Quilmes es tierra de contrastes: lejos de La Matera, sobre la costa del Río de la Plata, un grupo empresario espera que la nueva ley de bosques entre en vigor para levantar Costa del Plata, una suerte de Puerto Madero del sur del conurbano. Los ambientalistas y la política frenaron por ahora la iniciativa. Los primeros denuncian que el proyecto destruirá los humedales de Quilmes. Los políticos, tanto de Pro, como de la UCR o el kirchnerismo, creen que el proyecto significará un trampolín en el desarrollo del municipio, pero temen que el nuevo barrio forme una represa que inunde a los vecinos más antiguos -y humildes- de la ribera.

La Matera vive inundada. Hace una semana que no llueve y el sol parte la tierra, pero el agua servida se estanca en canales, frente a cada casa. Hay camalotes y totoras en cada rincón y un olor nauseabundo que no afloja. Viene de los arroyos Piedras y San Francisco, que atraviesan todo el oeste de Quilmes, rodeados por fábricas y villas que los usan como desagüe.

Si no fuera por el agua estancada, la basura desperdigada y las calles de tierra destruidas, La Matera pasaría por un barrio obrero. Se nota el esfuerzo de sus vecinos por mantener y pintar sus casas. El que no trabaja tiene un kiosco o un almacén. "Acá el barrio mejora por el esfuerzo de los vecinos y de nadie más", dice Mario Fernández, sherpa y "custodio" de la visita. Militante del Partido Comunista Congreso Extraordinario (PCCE), aliado del kirchnerismo, "Marito" sabe de memoria las dos o tres obras que cambiarían el barrio.

Daniela también las sabe de memoria. Pero su prioridad, hoy, es encontrar un natatorio para Morena: le descubrieron escoliosis en su columna. Pero necesita una pileta cerca, donde la abuela la pueda llevar. Ella no puede: pasa 14 horas fuera de su casa cada día: nueve horas limpiando una clínica de La Plata y otras cinco en varios colectivos. Ninguno entra a La Matera.

Morena sonríe para la foto, ajena a esas cruces. Daniela es la única con trabajo estable en su casa, pero dice que su hija es la que sostiene a la familia. "Yo voy a estar bien. Soy una leona. No llorés mamá", le repite la niña.

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