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Probamos el Lenovo Moto Z Play y sus accesorios modulares

¿Vale la inversión adicional para tener acceso a un proyector de bolsillo o una cámara con zoom que se engancha al teléfono?

Miércoles 21 de diciembre de 2016 • 00:38
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LA NACION
Foto: LA NACION

Lenovo tomó una decisión interesante este año cuando presentó la familia Moto Z , su línea de teléfonos con accesorios modulares, en una conceptual línea similar (pero con una implementación diferente, y más atractiva) a la que tomó LG con el G5 . No se trata de smartphones modulares como prometía el hoy difunto Proyecto Ara de Google y otros diseños como el Puzzlephone , en los que se pueden cambiar los componentes internos del equipo; más bien, ambas compañías diseñaron sistemas para complementar las funciones base con accesorios que, por tener un diseño estándar, tiene una mejor integración física que una simple funda.

El tercero de los Moto Z -y el más modesto de los tres, pero de igual calidad en su diseño y manufactura- es el Lenovo Moto Z Play, que hace un par de semanas se vende en la Argentina y que estuve probando por estos días.

La única operadora que por ahora lo tiene en su catálogo es Personal (15.299 pesos para un plan de 350 pesos mensuales; hay otras opciones de precios; la compra incluye el picoproyector; más sobre eso, abajo). Lenovo dice que también lo venderán Movistar y Claro. La alternativa es comprarlo sin línea (liberado), tanto directamente a la compañía (17.999 pesos por el equipo solo; 18.999 pesos con los parlantes JBL; o 25.998 pesos, sea con el picoproyector o la cámara Hasselblad) como a tiendas como Frávega o Garbarino (que tienen el mismo precio sin línea para el modelo con el accesorio del parlante).

Resumen para ansiosos

Lo mejor que tiene el teléfono es la batería, que le permite una excelente autonomía; el resto (el procesador, la pantalla, la cámara) están bien, con un diseño muy cuidado y buena calidad en los materiales. El procesador no es el más veloz, pero no se nota. Es un equipo muy recomendable. Los módulos ofrecen funciones adicionales, pero tienden a ser de nicho, por lo que es difícil justificar una compra impulsiva; a la vez, para quienes encuentren un uso asiduo para ellos resultarán una opción muy eficiente en términos de tamaño e integración con el resto del teléfono.

La clave del teléfono

Si se deja de lado por un momento de los accesorios (ninguno de los cuales es necesario para darle al teléfono un uso tradicional) el Moto Z Play es un equipo muy atractivo, en el que sobresale la batería de 3510 mAh: le da una autonomía estupenda.

Aunque el tamaño de la batería no es particularmente inusual, y hay equipos en el mercado local con otras de mayor capacidad, la combinación de esta batería, el procesador (un Snapdragon 652) y pantalla AMOLED (5,5 pulgadas, Full HD) hacen que el Moto Z Play sea un teléfono que llega comodísimo a los dos días seguidos de uso sin una recarga intermedia. Es, lejos, lo mejor que tiene; el equipo puede recuperar energía con un cargador especial (como el de los Moto X que se venden en el país) que usa un sistema de carga rápida para recuperar unas 8 horas de uso moderado con 15 minutos de conexión (el cargador se incluye en la caja). Es muy útil, sobre todo porque el teléfono usa un conector USB-C, lo que reduce las posibilidades de pedir prestado un cargador en cualquier lado, y porque a largo plazo, a medida que -inevitablemente, como en el resto de los teléfonos- la batería pierda algo de capacidad por su uso, el impacto se notará menos.

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El procesador (un Snapdragon 652 de ocho núcleos a 2 GHz), los 3 GB de RAM DDR3 y los 32 GB de almacenamiento (24 GB disponibles para el usuario, expandibles por microSD) no ganarán premios por velocidad, pero rara vez se nota; para el 99% de los usuarios, la carga de las aplicaciones será casi instantánea. Es un procesador de gama media (el OnePlus 3, el LG G5 y el Galaxy S7 estadounidense, por ejemplo, usan un Snapdragon 820, más rápido, pero más caro), pero son muy pocas las ocasiones en las que le falta músculo. Quizás en algunos juegos de gráficos muy sofisticados, pero no más.

La pantalla Super AMOLED de 5,5 pulgadas tiene una resolución Full HD (más de 400 puntos por pulgada de densidad) que es correcta y tiene buena visibilidad al aire libre. Y permite usar las notificaciones con la pantalla bloqueada que desarrolló la compañía para el Moto X original, y cuya implementación -con la posibilidad de previsualizar mensajes- sigue siendo mejor que el AlwaysOn que usan Samsung y LG en los equipos de este año (que sólo muestran la hora, la fecha y los iconos de notificaciones).


Así es el Lenovo Moto Z Play

Como el Moto G4, el Moto Z Play tiene un sensor biométrico en el frente del equipo, que no cumple otra función (no es un botón de inicio), pero que tiene una fiabilidad notable: no falló nunca en la lectura de las huellas, y es muy veloz.

La cámara y el tamaño

El Moto Z Play tiene una cámara principal de 16 megapixeles, con apertura f/2.0, flash de doble tono, y autofoco por láser y detección de fases (PDAF). Logra buenas imágenes, y con gran velocidad, tanto para el foco como para la captura, pero no tiene estabilización óptica. Sigue sin estar a la par de un Galaxy S7 o un iPhone 7 , pero aún así las fotos son buenas; la diferencia se nota más en las tomas oscuras. Pero es un gran avance respecto del Moto X Style, y será suficiente posta la mayoría de los usuarios.

La cámara es el único elemento que sobresale del dorso del equipo, y por un motivo: es uno de los puntos de anclaje de los accesorios (más sobre eso, abajo). El Moto Z Play tiene también un flash frontal para complementar la cámara de 5 megapixeles (f/2.2 con un gran angular de 85 grados); el flash ayuda a lograr autofotos bien iluminadas, pero no mucho más. La cámara ahora incorpora un modo de control manual que funciona muy bien.

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Un punto a tener en cuenta es que se trata de un teléfono grande, hecho con dos placas de vidrio y un borde metálico que las une. Es idéntico al primer Moto Z en su diseño, para mantener la compatibilidad con los accesorios; sólo es un poco más grueso, cambia la parte de atrás de metal por una placa de vidrio, pero recupera el conector de audio analógico que no tiene el primer Moto Z (que además es muy delgado, con 5,2 mm, pero tiene una batería bastante más modesta). El Moto Z Play no es grande sólo por la pantalla de 5,5 pulgadas (hay modelos con pantallas de ese tamaño mucho más compactos); aunque no es incómodo, es un equipo que se hace notar en un bolsillo, con sus 156 x 76 x 7 mm. A modo de referencia, es casi idéntico en tamaño a un Galaxy Note (que incluye una pantalla más grande) y es apenas más pequeño que un iPhone 7 Plus (158 x 78 x 7,3 mm).

Si el Moto Z Play se usa con uno de los MotoMods cosméticos gana 1 o 2 mm de grosor, aunque nunca más allá de la protuberancia de la cámara. En la caja viene una tapita para la espalda de nylon balístico rojo; Lenovo venderá también opciones en cuero o -mi favorita- madera. No es obligatorio usarlas; sin la tapa quedan expuestos los conectores magnéticos en la espalda del teléfono, pero no molestan.

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Completan el hardware la antena 4G (de sólido funcionamiento), el Wi-Fi, GPS, Bluetooth y NFC. No tiene radio FM; sí tiene tres micrófonos para cancelación de ruido, y las llamadas tienen buena calidad de audio. También incluye un único parlante frontal (decente), que se usa también como bocina para el auricular cuando se habla por telefono. El equipo no es resistente al agua, pero como los demás Moto de los últimos años los componentes internos están protegidos de humedad, lluvia o un chapuzón ocasional.

Corre Android 6 sin ningún problema y tiene los agregados clásicos de Motorola: hablarle al teléfono sin tocarlo, activar la cámara o la linterna agitando el teléfono, mostrar las notificaciones acercando la palma de la mano al teléfono o -una novedad- achicando la interfaz para facilitar la manipulación con una sola mano. El Moto Z original ya se actualizó a Android 7; en breve le debería tocar al Moto Z Play.

Los accesorios modulares

Aunque el smartphone es atractivo por si sólo, su diferencial está en los MotoMods, estos accesorios que se enganchan a la cara posterior del teléfono en forma magnética. Lenovo ya tiene media docena, dice que el año que viene tendrá más, y asegura que los módulos y teléfonos disponibles en 2016 serán compatibles con las dos generaciones siguientes; es decir, los módulos actuales serán compatibles con las próximas dos versiones de Moto Z, y los módulos de los próximos dos años serán compatibles con los teléfonos disponibles hoy.

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El sistema de enganche funciona muy bien: quedan adheridos en forma sólida, y no hay peligro de que se desconecten por error. En cuanto se acoplan el equipo detecta el accesorio y lo activa; una aplicación permite ver su estado, reiniciarlo si fuera necesario y actualizar su firmware (mientras lo estuve probando, por ejemplo, el proyector recibió una nueva versión).

Lenovo ofrece en el país casi todos los módulos disponibles. De los que son sólo para cambiar su aspecto, probé la tapa de nylon balístico rojo que viene con el equipo (disponible también en negro), de cuero y de madera. La de madera, por ser rígida, es la que mejor queda acoplada; es probable que con el uso la de nylon se vaya abriendo en las puntas.

El resto de los módulos van de lo previsible (y muy útil) y a lo inusual, pero genial. Lo previsible: una batería externa que se acopla y le da todavía más autonomía al teléfono sin afectar demasiado su aspecto -lo hace más grueso, claro, pero no más ancho-, sin ser una funda y sin ocupar el puerto USB con un cable.

Parlantes JBL

Los parlantes JBL (una marca hoy en manos de Samsung) tienen buena calidad de sonido y un pie para mantener el teléfono erguido. No hacen mucho más que unos parlantes Bluetooth, pero evitan el emparejado y ofrecen una configuración más compacta. El LG G5 tiene algo similar, pero de Bang & Olufsen. En ambos casos se pueden usar como manos libres; tiene su propia batería, pero también se puede alimentar del teléfono.

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Cámara Hasselblad

Lenovo hizo un módulo de cámara junto a Hasselblad. No es como el accesorio del LG G5 o la funda del Lumia 1020, que sólo agregan un botón de disparo y un grip para facilitar el agarre del teléfono. Aquí se trata de una cámara completa, con su propio sensor de 12 megapixeles (1/2,3 pulgadas), botón de disparo de dos tiempos (para hacer foto y tomar la imagen), perilla para hacer un acercamiento con el zoom óptico de 10 aumentos y flash Xenón. De hecho, el teléfono lo único que provee es la energía, el almacenamiento y la pantalla para funcionar como visor. Tiene su propio estabilizador óptico para las fotos (la cámara del Moto Z Play no); los videos son estabilizados en forma electrónica. Conceptualmente está más cerca de los accesorios de Sony y Kodak (que funcionan además con cualquier marca de teléfono).

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No hay que tomar, no obstante, la presencia de la marca Hasselblad como un certificado inapelable de buena calidad. La cámara es más lenta que la del teléfono (sobre todo para lograr el foco) y la lente es, inevitablemente, más oscura: la apertura es de f/3.5-6.5. Graba las fotos en RAW si el usuario lo desea (y suma dos años de almacenamiento en Google Photos sin límite ni compresión), pero no tiene foco manual.

A la vez, poder disponer de un zoom óptico de 10 aumentos -y no digital, como con cualquier otra cámara tradicional de smartphone, más allá del iPhone 7 Plus- es fantástico, lo mismo que poder compartir las imágenes en el momento; cuando está enganchado, todo el teléfono tiene el tamaño similar a una cámara de bolsillo. Las fotos que se logran son muy buenas. Pero si el zoom no se usa, no serán mejores que las que toma el propio teléfono. Ni las que se podrían obtener usando una cámara digital de bolsillo (que, es cierto, no tendrá las ventajas de la integración del módulo con el teléfono a la hora de compartir las imágenes).

Proyector

En términos de sorprender o demostrar cómo una idea bien implementada logra algo cercano a la magia, el premio se lo lleva el picoproyector. El concepto viene dando vueltas hace tiempo; Samsung ya vendió un par de modelos de teléfonos con el proyector integrado, y la propia Lenovo tiene una tableta con proyector. Pero aquí se trata de algo que se quita o se pone a voluntad, y que transforma un teléfono en el bolsillo en una fuente infinita de entretenimiento, porque muestra todo lo que se ve en la pantalla del teléfono: no hay posibilidad de aplicaciones incompatibles.

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Puede ser YouTube, Netflix, Odeón (la plataforma de cine nacional), un videojuego, una galería de fotos o un sitio Web. Para ver una película en una noche de verano en un balcón o terraza (y rememorar sesiones de diapositivas o películas en Super 8), para una presentación de oficina o una clase, es imbatible, aunque requerirá el uso de parlantes externos para tener buen sonido, sea vía su conector de audio miniplug o por Bluetooth.

Se ve bien y se puede agrandar bastante (Lenovo dice 70 pulgadas) sin que se note demasiado la baja resolución. El proyector tiene una batería propia que le brinda algo más de media hora de autonomía; luego se puede configurar para que use la batería del teléfono; debería alcanzar sin problemas para una película. Tiene un botón para hacer foco, ajusta la distorsión trapezoidal en forma automática e incluye un pie, además, para ajustar su orientación y, por ejemplo, proyectar una película en el techo de una habitación.

Por supuesto, hay proyectores compactos de mayor resolución (este es de 854 x 480 pixeles, suficiente para una película) o luminosidad (es de 50 lúmenes), o con batería propia, entrada HDMI, etcétera; pero ninguno compite en tamaño o integración con el teléfono.

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En ambos casos se trata, en última instancia, de evaluar eso: lo que se resigna en calidad o en independencia (una cámara de bolsillo o un proyector compacto funcionarán con dispositivos de cualquier marca) versus invertir en el módulo de Lenovo, que será propietario, pero que permite un nivel de integración con el teléfono mucho mayor, y le dan un toque lúdico al uso del teléfono.

Por ahora, el desafío para Lenovo está en ofrecer un módulo que aporte algo lo suficientemente atractivo (o novedoso, o diferente) como para justificar la inversión (en términos de "casarse" con la marca) aun cuando se trata -como en el caso del módulo de la cámara, o del proyecto- de algo que para la mayoría de la gente será de uso ocasional antes que permanente; o llevar el precio (del equipo, o del combo) a un punto en el que eso deje de ser un punto de discusión. Pero la idea está muy bien implementada y los módulos funcionan bien. Simplemente no son para cualquiera. La buena decisión por parte de Lenovo fue hacer que el Moto Z Play sea un buen equipo más allá de si se usa con módulos o no.

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