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Farewell XV: el rugby reafirma los valores de la amistad

Jueves 29 de diciembre de 2016
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PARA LA NACION
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Más de 400 chicos disfrutaron de una jornada muy especial en Champagnat
Más de 400 chicos disfrutaron de una jornada muy especial en Champagnat. Foto: Gabriela Sarubbi

De entrada, el contraste de colores resulta llamativo. En simultáneo, 120 chicos corren detrás de una pelota ovalada. Todos tienen 14 años; algunos, los menos, todavía 13. Se disputan cuatro partidos a la vez, 15 jugadores de un lado, 15 del otro. A primera vista, a lo largo de las cuatro canchas, se divisan las camisetas de seis clubes: Alumni, Belgrano, Champagnat, CUBA, Newman y Regatas de Bella Vista. Hasta ahí, nada fuera de lo normal. Pero hay un detalle distintivo que escapa de lo habitual: los colores de las medias son diferentes. Es que los 15 jóvenes de un equipo no son parte del mismo club, no se conocen y esa particularidad en la vestimenta delata a qué equipo pertenecen originalmente. En su concepción, el "Farewell XV" es un intento por reafirmar que en el rugby se es adversario de manera ocasional y sólo por 80 minutos. Los adolescentes se 'miden', se preguntan sus nombres, dan los primeros pases con la ovalada. Al rato, ya empezarán a circular las primeras fotos en Instagram y a correr los primeros mensajes por whatsapp. Snapchat, la red social preferida de los adolescentes, gana terreno. El objetivo está cumplido.

La iniciativa del "Farewell XV" surgió en la temporada 2002. Los entrenadores de las instituciones mencionadas se alertaron por las recurrentes peleas de los juveniles en las fiestas y matinées. ¿El motivo? Apenas la identificación con una camiseta diferente. "Esto es para divertirse y además para que los chicos se den cuenta de algo fundamental en el deporte: la persona que tiene enfrente posiblemente sea un gran ser humano, que puede ser su amigo y no solamente un rival circunstancial", explica a la nación Francisco Pociello Argerich, uno de los organizadores.

El rugby como instrumento para guiar hacia el camino correcto

El sol pega fuerte, el calor agobia. El club Champagnat transita una jornada espectacular. Por delante aparecerán siete horas ininterrumpidas a puro rugby, desde las 14 hasta las 21. "El objetivo es que se conozcan, se junten, y eso se logra enseguida. No es mágico, pero se da de manera fácil. No queremos que piensen en ganar, sólo deseamos que se diviertan. Ahora tienen que vivir los tiempos de su edad, de sus 14 años. Ya tendrán demasiados años por delante para preocuparse por competir", señala Jean Pierre Dayan, otro de los organizadores.

El evento nació como una despedida para los chicos de 14 años, en su transición de la categoría infantiles hacia juveniles. En 2017, ellos formarán parte de lo que en rugby se conoce como M15 (menores de 15). También, va de la mano con una edad en la que los jóvenes entran en la adolescencia y sus inquietudes pasan a ser otras, descubren cosas nuevas. "En estos 15 años vimos pasar a cientos de chicos que se hicieron amigos. Cada vez que se encuentran en partidos de juveniles o en un bar recuerdan la manera en que disfrutaron su paso por este evento. Queremos que sigan entendiendo el espíritu de este deporte: se juega entre amigos, en el mismo equipo. Y si los amigos están en el equipo rival, mucho mejor", añade Pociello.

Un nutrido grupo de entrenadores se pone manos a la obra. Los equipos se forman de una manera muy particular: todos los jugadores mezclados entre sí, aunque tratando de que las formaciones sean lo más parejas posible. "Es lindo, porque jugás con dos o tres compañeros tuyos de toda la vida, pero después no conocés a nadie. Y justamente la propuesta es salir de acá con nuevos amigos", relata Gastón Balzalini, de Regatas. "A lo largo de los encuentros fuimos mejorando. De entrada me hice amigo de un chico de Alumni", cuenta, sonriendo, Marcos Wilson, de Newman.

"Queremos que los chicos entiendan el espíritu de este deporte"
Francisco Pociello

El evento crece año tras año. El primer "Farewell", en 2002, incluyó a 250 chicos. En la actualidad superan los 400 jugadores. Uno de los cambios más notables, reconocen los organizadores, llegó con el avance -sin detenimiento- de la nuevas tecnologías. "Eso nos ayuda mucho. En los primeros años los chicos se anotaban sus teléfonos en la mano, como podían. En 2002, a esa edad, nadie tenía un celular. Hoy podemos asegurar que por poco no entran a jugar con un teléfono en la mano.", admite Pociello.

Actualmente, el encuentro no admite sumar más clubes porque se transformaría en algo multitudinario, complejo de manejar, fundamentalmente porque se perdería el objetivo: que los chicos establezcan lazos de amistad. "La mayor diferencia la noto en el crecimiento en cuanto a chicos. En 2002 tuvimos 262, hoy superamos los 400. Hubo un boom en 2007, después del tercer puesto de los Pumas en el Mundial de Francia. No podemos superar estas cifras porque sería inmanejable. Además, con el tiempo mejoramos mucho en la parte organizativa", argumenta Dayan.

Los chicos no paran de correr. Cada uno de los equipos tiene el nombre de un país diferente, generalmente de los que juegan en los Mundiales. Los "All Blacks" son capaces de ensayar un haka y Japón no duda en aparecer con vinchas con imágenes del sol naciente. Se divierten. Desde "Farewell" desean que la iniciativa se extienda y se fomente a otros lugares de la Argentina. "Hemos tenido contacto con gente del interior, que quieren replicarlo dado el buen resultado, pero nunca terminaron de armarlo. Sería muy interesante que se repitiera, por ejemplo, entre los clubes de La Plata; también en la zona Sur, con Pucará, San Albano y Lomas", agregan desde la organización. "Estamos dispuestos a ir a dónde nos llamen para explicar cómo lo hacemos, qué recomendamos".

Ya sobre el cierre de la jornada, cuando el sol comienza a bajar y cae el atardecer, el mix de rugbiers tiene otro condimento: vale jugar de cualquier cosa. Entre bromas, podrá verse a un hooker pateando a los palos o a un medio scrum haciendo de segunda línea, esa posición casi exclusiva reservada para los más altos. "Es una idea espectacular, nos divertimos mucho y salen partidos buenos. Te permite conocer nuevas personas y hacés amigos de otros lugares con los que posiblemente nos juntemos en el futuro", detalla Mateo Flores, de CUBA. "Creo que sirve para abrir la cabeza y salir de la rutina habitual del propio club. Al principio fue complicado porque nadie conocía la forma de jugar de sus compañeros. Pero ya en el segundo o tercer partido las jugadas fluían de otro modo y se hizo más sencillo", dice Rafael Sackmann, de Newman.

Por el Farewell han desfilado miles de jóvenes con diversos sueños y algunos de ellos se transformaron en jugadores de los Pumas: Tomás Cubelli, Julián Montoya, Santiago González Iglesias y Santiago Cordero, del plantel actual, valen como referencia. "A mi me permitió conocer a muchos chicos de distintos clubes y todavía hoy los sigo viendo, con varios entablé una amistad. Con otros, nos quedamos conversando cuando salgo o me los cruzo por la calle. Es un gran aporte de este evento", resaltó Cordero en un video que le mostraron a los chicos.

Entrada la noche, llega la hora del tradicional tercer tiempo. Aunque, en esta ocasión, será un tercer tiempo especial, diseñado especialmente, en el que se pensó hasta en el más mínimo detalle. Para cada uno habrá como obsequio un buzo conmemorativo. Los chicos comparten la mesa con los integrantes del equipo en el cual han jugado. Se habla de valores. Están ansiosos por verse en los videos que se grabaron especialmente a lo largo de toda la jornada, en cada uno de los partidos. Se ríen, se confunden, no se reconocen con otra camiseta y algunos intentan divisarse por el color de las medias. Vuela una última foto grupal hacia el Snapchat. Ha sido una jornada extensa pero reconfortante. Se van apagando las luces y llega la hora de volver a casa. Valió la pena.

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