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Todos deberíamos ser feministas

LA NACION
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Verónica Dema
Viernes 06 de enero de 2017 • 01:07

"Pinta tu aldea y pintarás el mundo", escribió Tolstoi.

En el par de semanas que estuve en mi pueblo ocurrieron dos episodios que en apariencia no tienen nada que ver entre sí. Mataron a una chica de 22 años; su novio, el padre de sus dos hijos, se entregó y dijo dónde estaba enterrado el cuerpo: frente al hipódromo, un espacio de jugadores y machos.

En esos días, también, se suicidó un allegado de mi familia, un productor agropecuario de 40 años, separado, padre de una hija. También en un campo, pocas horas después, otro hombre intentó quitarse la vida. Lo salvaron los bomberos, que no es la primera vez que frenan intentos similares.

La violencia hacia la mujer y el suicidio son cuestiones de género. Psicólogos especializados explican que la frustración del varón se traduce en violencia a otro o a sí mismo. En definitiva, el suicidio es una violencia autodirigida. En una entrevista con LA NACION, el psicólogo Enrique De Rosa comentaba: "Si a la mujer la afecta una crisis, tendrá una respuesta emocional. Los hombres, en cambio, tienden a la descarga motora, entonces, a veces se vuelven violentos con la mujer, le pegan o hasta la matan; también puede ocurrir que se maten ellos".

¿Qué mecanismos reproduciremos como sociedad para que el varón se sienta amenazado y hasta reaccione como un monstruo?

En el libro Todos deberíamos ser feministas (Random House), la intelectual africana Chimamanda Ngozi Adichie hace hincapié en el modo en que criamos a nuestros hijos. "Reprimimos la humanidad de los niños, definimos la masculinidad de una forma muy estrecha (...) Enseñamos a los niños a tener miedo al miedo, a la debilidad y a la vulnerabilidad. Les enseñamos a ocultar quiénes son realmente, porque tienen que ser hombres duros".

Y agrega que lo peor que les hacemos a los niños -a partir de hacerles sentir que tienen que ser duros- es dejarlos con egos muy frágiles. "Y luego les hacemos un flaco favor a las niñas al educarlas para que estén al servicio de esos egos masculinos", dice. "A las niñas les decimos que pueden tener ambición pero no demasiada. Tener éxito pero no demasiado porque entonces estarán amenazando al hombre. Si son el sostén del hogar, fingir que no lo son, sobre todo en público, para no castrarlo".

¿Por qué el éxito de una mujer debería ser una amenaza para el hombre? La actriz británica Emma Watson, en su discurso como Embajadora de buena voluntad de ONU Mujeres, reflexiona sobre esto: "Los hombres, aprisionados por estereotipos de género, vueltos frágiles e inseguros, tampoco se benefician con la desigualdad de género". Y arriesga una hipótesis: "Si los hombres no tuvieran que ser agresivos para ser aceptados, las mujeres no se sentirían obligadas a ser sumisas. Si el hombre no tuviera que controlar, las mujeres no tendrían que ser controladas".

Como sociedad, nos esforzamos en valorar al fuerte como si eso fuera un mérito, como si no hubiéramos evolucionado y estuviéramos en la época en que la fuerza física era el atributo más importante para gobernar el mundo. "Hoy vivimos en una época radicalmente distinta: la persona más cualificada para ser líder ya no es la persona con más fuerza física. Es la más inteligente, la que tiene más conocimiento, la más creativa o innovadora. Y para estos atributos no hay hormonas. Hemos evolucionado. En cambio, nuestras ideas sobre género no han evolucionado mucho", expone Chimamanda Ngozi Adichie en su libro, resultado de la transcripción de una conferencia TED.

El feminismo no es una forma de ver la vida marcada por la lente de la mujer, es un modo de comprender la historia y el presente desnaturalizando algo que aparecía como natural: la diferencia de género. Y esa tesis feminista es una tesis que debemos comprender todos: los hombres, pero también las mujeres, nuestras madres y tías y abuelas, que colaboran con la producción y reproducción de machos.

Un amigo me cuenta que su empleada doméstica le dijo que su nieto llega de la escuela con moretones. El nene de 10 años es visiblemente afeminado y el bullying homofóbico se las cobra. El odio es contra lo femenino, no es un valor ser algo distinto al macho. En una charla, su abuela, angustiada, impotente, le preguntó al chico: "Corazón, ¿por qué no te defendés? Y él: "No me gusta la violencia, abuela". Ella lo abrazó, sorprendida por la respuesta: "Está muy bien", le dijo.

Un modo de avanzar en esta dirección de compromiso de todos es no dejar pasar los gestos de desigualdad cotidianos y educar a las generaciones futuras de modo que los chicos dejen de sentirse presionados por ser varones fuertes, que sacan el pecho, que deben resolver conflictos a las piñas, que no pueden llorar. Procurar generaciones de varones libres para ser sensibles, vulnerables, humanos.

Define Ngozi Adichie: "Feminista es todo aquel hombre o mujer que dice: sí, hay un problema con la situación del género hoy en día y tenemos que solucionarlo entre todos, hombres y mujeres". Incluso en un pueblo, en donde todo queda en evidencia, o quizá sobre todo allí, "todos deberíamos ser feministas".

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