Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Te cuento mi libro: Diccionario de separación, de Andrés Gallina y Matías Moscardi

Domingo 08 de enero de 2017
SEGUIR
LA NACION

Diccionario de separación. De amor a zombie (Eterna Cadencia) es un libro que empezó a gestarse en una conversación entre amigos, casi como un chiste. Mediante archivos Dropbox y audios de WhatsApp con intercambios de ideas, fue tomando forma este libro diverso en materiales -cita desde Alejandro Sanz hasta Hegel-, que parece seguir la lógica del herido de amor, que, ansioso, salta de una página a otra y se bebe este libro de antiayuda en pequeños sorbos.

El libro comenzó como un chiste que, con el correr del tiempo, nos empezamos a tomar muy en serio, porque sostuvimos el deseo de esa broma durante diez años de reformulaciones, diálogo y escritura. Al principio, en 2007, era como un manual scout de supervivencia, que indagaba el discurso amoroso y parodiaba la lógica de los libros de autoayuda. Después se transformó en un diccionario porque nos pareció que era un formato que se adecuaba mejor a la herida de amor: el diccionario tiene la motricidad de la desesperación, de la ansiedad, de la urgencia.

Desde el comienzo, siempre pensamos en un lector amplio. No nos interesaba exclusivamente el lector especializado, sino el lector común, que sería todo aquel que se acerque al libro por curiosidad, porque siempre, de algún modo, somos hablados por el discurso amoroso y desde él hablamos. Sin embargo, a la vez, es un libro con muchas referencias intertextuales y mucha bibliografía que puede resultar "específica" de ciertas áreas como las letras, las teorías del arte contemporáneo, la filosofía o el psicoanálisis.

En la selección de palabras, el criterio fue el de la diversidad, la heterogeneidad, el armado de series a partir de variaciones que tramen una ficción común, igualitaria, de la separación, a la vez que aristas sumamente singulares, diferenciales. Y también fueron quedando las palabras que nos llevaron a escribir sin forzar nada, incluso en casos bien drásticos como Jurassic Park o Indiana Jones, había algo orgánico en la relación de estas películas con la separación.

Escribir juntos es un proceso de aprendizaje que modifica no sólo la ecualización del texto sino también los modos de pensar, porque los conceptos o las imágenes críticas que aparecen diseminadas en el diccionario muchas veces surgían como producto de esa disposición dialógica. También, escribir de a dos genera un desapego de la propia escritura -y de la propiedad en la escritura-, porque el otro te puede traficar una frase en medio de un párrafo, borrar un pasaje o poner el acento en otro. En esa dirección, las intrusiones comienzan a ser aceptadas, bienvenidas, apropiadas. Y en este punto la escritura se vuelve máquina: porque adquiere vida propia y vuelve obsoleta, invisible, la distinción entre lo que escribió uno y otro. La experiencia compartida es la de la amistad que hace posible esa escritura.

Compartimos un archivo por Dropbox y nos mandamos muchos audios de WhatsApp. Una vez que encontramos el tono, el estilo, cada uno escribía una entrada. Después, venía el proceso de corrección: el archivo original debe tener alrededor de quinientos comentarios al margen y distintos colores en el cuerpo del texto, que usábamos para resaltar frases o palabras. También sucedía que, cuando uno de los dos estaba trabado con algo o bloqueado con alguna figura, comenzábamos a charlar por WhatsApp para buscarle la vuelta, como cuando un auto se queda sin corriente y el otro le pasa electricidad. El diálogo es el carburante del diccionario.

Cuando alcanzamos el tono del libro, teníamos muchos materiales acumulados. El tono fue lo que permitió un acercamiento a esos materiales de manera indistinta: quisimos tratar con el mismo rigor, con la misma profundización, todas las canciones, los libros y las teorías filosóficas. El tono y el estilo del libro -que recurre mucho a la literatura, a lo novelesco o a lo poético- nos permitieron cierta cohesión de esa diversidad: como si la escritura formara una red de contención y organización de esa heterogeneidad con la que trabajamos.

El libro es, más bien, un libro de antiayuda a la vez que un contradiccionario: nada queda estable, transparente, cristalizado; nada se define, no se fija el sentido de ninguna cosa. Lo que sucede es que la significación, como proceso, aparece puesta en marcha para desplazar cualquier estatismo del sentido. Diccionario de separación es un libro escurridizo. Es el lector y el modo de abordaje del libro el que determinará cómo será leído.

Te puede interesar

Debido a la veda electoral estas notas estarán cerradas a comentarios hasta el domingo a las 18hs. Muchas gracias.